El brote de hantavirus detectado en un crucero que navegaba entre la Argentina y Cabo Verde encendió una alarma internacional y volvió a poner en primer plano a una enfermedad que, aunque no es nueva, sigue generando preocupación por su alta mortalidad y por la agresividad de una de sus variantes.
Según se informó, tres personas murieron y otras permanecen internadas o bajo observación tras haberse detectado a bordo la cepa andina del hantavirus, una variedad poco común que tiene una característica excepcional: puede transmitirse entre humanos en casos de contacto muy estrecho y prolongado.
El hantavirus es un virus transmitido por roedores. La forma más habitual de contagio en humanos es la inhalación de partículas virales presentes en la orina, la saliva o los excrementos secos de esos animales. En general, el riesgo aparece en ambientes cerrados o poco ventilados donde hubo presencia de roedores. Pero en el caso del virus Andes, que circula principalmente en la Argentina y Chile, existe además la posibilidad de transmisión interhumana, algo que no ocurre con la mayoría de las otras variantes.
“Es el único de toda la familia de hantavirus que tiene documentada desde hace muchos años transmisión interhumana”, explicó Roberto Debbag (MN: 60.253), vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología.
Qué síntomas puede provocar
El cuadro más temido es el síndrome pulmonar por hantavirus, que suele comenzar con síntomas bastante inespecíficos: fiebre, fatiga, dolores musculares, dolor de cabeza, mareos, escalofríos y molestias abdominales. El problema es que, cuando avanza, puede comprometer de forma severa el sistema respiratorio. Según los CDC citados en la información difundida sobre el brote, si aparecen síntomas respiratorios la tasa de mortalidad ronda el 38 %.
También existe otra forma más asociada a Europa y Asia, la fiebre hemorrágica con síndrome renal, que afecta principalmente a los riñones. Pero en la Argentina, la mayor preocupación está puesta en el virus Andes y en su potencial para causar cuadros graves en poco tiempo.
Ricardo Teijeiro (M.N.58065), miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, fue contundente al describirlo: “No solo la posibilidad de contagio, es una cepa sumamente agresiva. Estamos hablando de un 30 % de mortalidad. Todo lo que es hantavirus tiene un alto porcentaje, pero el virus Andes se diferencia por ser un poco más agresivo”.
Por qué esta cepa preocupa más
Lo que vuelve particularmente inquietante a esta variante no es solo su gravedad. También influye su comportamiento biológico. “La característica biológica (del virus Andes) es que se adapta a la célula humana, por eso se puede transmitir”, señaló Teijeiro, aunque aclaró que el contagio “no es tan fácil” como en las enfermedades respiratorias más comunes.
La información conocida hasta ahora indica que la transmisión entre personas sigue siendo poco frecuente y requiere contacto muy estrecho. Aun así, esa posibilidad alcanza para volver mucho más delicado cualquier brote, sobre todo en espacios cerrados o con convivencia prolongada, como puede ocurrir en un barco.

Debbag también remarcó que el contexto sanitario puede cambiar el desenlace. “La mortalidad baja si se cuenta con una buena terapia intensiva. Si estoy en un crucero y no tengo buena atención, en un brote generalmente los primeros (infectados) se mueren, porque no están alertas de lo que pueden tener, y no tienen las condiciones de tratamiento”, advirtió.
Dónde circula el hantavirus Andes y cómo prevenirlo
En la Argentina, el virus Andes tiene presencia sobre todo en el sur del país y en zonas patagónicas como Neuquén, Río Negro y Chubut. Su reservorio principal es un roedor silvestre, el ratón colilargo, que elimina el virus a través de orina y heces.
“Donde esté el hábitat para que se desarrolle el ratón, el virus se presenta de forma crónica”, explicó Teijeiro.
Las medidas de prevención más recomendadas apuntan justamente a reducir el contacto con roedores y con lugares contaminados por sus excretas. Entre las principales están:
- ventilar ambientes cerrados antes de ingresar;
- evitar barrer en seco zonas con posible presencia de heces de roedores;
- usar protección adecuada al limpiar;
- sellar ingresos por donde puedan entrar ratones;
- consultar rápido ante fiebre, dolores musculares y antecedentes de exposición.
Debbag puso un ejemplo muy concreto: “Es más claro cuando uno va a una cabaña en el sur (de Argentina), que ha estado cerrada por mucho tiempo. Si es un lugar de hábitat de hantavirus, ese cierre puede estar muy contaminado de heces y orina (de ratones), con una gran carga viral”.
Hoy no existe una vacuna ni un tratamiento antiviral específico de eficacia comprobada para el hantavirus. Por eso, tanto Teijeiro como Debbag coinciden en que la clave sigue siendo la sospecha precoz y el acceso rápido a atención médica. En una enfermedad que puede empeorar de forma abrupta, el tiempo cuenta mucho.














































