Una investigación con tintes detectivescos reveló que el gigante tecnológica compra, escanea y elimina volúmenes impresos, algunos con valor histórico.
Diversos participantes del ámbito literario expresaron abiertamente su malestar por algunas de las prácticas en el negocio de la inteligencia artificial, por lo general relacionadas con violaciones a los derechos de autor. El eje del pleito es el siguiente: los modelos que operan detrás de los chatbots precisan grandes volúmenes de datos para su entrenamiento y en muchos casos han utilizado obras protegidas por copyright sin consentimiento ni compensaciones.
Esta semana, una investigación dejó al descubierto otra maniobra en el mundillo de la inteligencia artificial que provoca escozor a los amantes de la literatura. Según reveló 404 Media en un informe con tintes detectivescos, Amazon compra libros para entrenar a sus sistemas de IA y los destruye en el camino.
Por culpa de la inteligencia artificial: libros tajeados, escaneados y destruidos
Rastreamos un envío de libros raros: terminaron en un centro de entrenamiento de IA de Amazon. Este es el título que la mencionada publicación utilizó para un informe que detalla el procedimiento que se realiza en un almacén de la compañía en Las Vegas, en Estados Unidos.
¿Cómo descubrieron estas maniobras? 404 Media asegura que colocó un AirTag —un dispositivo de rastreo que comercializa Apple— en un lote de volúmenes raros o descatalogados que se venden en la plataforma Biblio, especializada en ese tipo de textos impresos.

Gracias a esa baliza que muestra datos geolocalizados, la publicación descubrió el procedimiento en Amazon. Según se reveló, la empresa compra miles de libros y los operarios cortan las páginas para facilitar el escaneo. El objetivo final de la tecnológica es emplearlos para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.
La técnica no es precisamente novedosa. Tal como contamos anteriormente en TN Tecno, diversas empresas del sector, entre ellas Anthropic, los creadores del chatbot Claude, siguen esta práctica. Se supo, incluso, que las compras se canalizan a través de intermediarios para evitar que los vendedores conozcan la identidad del comprador final.
En este caso, el problema es que algunos los libros que Amazon usa y luego destruye tienen valor histórico. El informe detalla que la compañía estadounidense se enfoca en la adquisición de textos impresos antes del año 2022, que están libres de contenido generado con inteligencia artificial.
¿Por qué los gigantes de la IA necesitan leer libros?
Lo dicho: el entrenamiento es un paso insoslayable para que los modelos de inteligencia artificial generativa hagan su trabajo. Por ejemplo, para que un chatbot escriba un cuento con el estilo de Julio Cortázar, es necesario que previamente haya leído la obra del autor de Rayuela. Igualmente, para responder preguntas rastrea su amplísima base de datos. El material disponible en Internet ha sido, hasta ahora, su fuente predilecta.

En la investigación de 404 Media se indica que siendo que el contenido online se habría agotado —o que no sería suficiente para calmar la sed de los modelos de lenguaje—, Amazon habría centrado el entrenamiento en editoriales específicas y libros descatalogados. Al respecto, la fuente menciona que durante el último año vendedores del sector notaron un extraño repunte en la venta de textos antiguos, con compras habitualmente realizadas en grandes lotes.
La clave de esta estrategia es evitar que la IA se contamine a sí misma. Tal como indicamos más arriba, la firma adquiere libros publicados antes de 2022, año en el que despegaron los chatbots. De este modo, se asegura que los textos no hayan sido creados con modelos automatizados. ¿Por qué? Si usara material en el que intervino algún sistema como ChatGPT, Gemini o Claude, provocaría un fenómeno que se conoce como “colapso del modelo”, en el que el saber de la IA se degrada progresivamente.
En el caso de Amazon emerge una evidente ironía. Antes de convertirse en un gigante del comercio electrónico, la compañía fundada por Jeff Bezos se especializó en la venta de libros físicos.



















































