En 1993, la viñeta publicada en la revista “New Yorker” generó risas y pronto se convirtió en un ícono del mundo online.
El 5 de julio de 1993, una viñeta de humor publicada en la revista New Yorker se convirtió en una de las mejores formas para explicar el anonimato que caracteriza a la escena online. El chiste es conocido por el diálogo entre los canes: “En Internet nadie sabe que sos un perro”.
33 años más tarde, la broma del dibujante Peter Steiner mantiene su vigencia, aunque ha perdido parte de su gracia. Hay que poner en contexto: apareció a pocos años del nacimiento de la Web, que dio sus primeros en agosto de 1991. A modo de paréntesis, no deberíamos confundirla con aquello que es Internet —la gran red que engloba a los servicios web—, que nació formalmente en 1983 y cuyos antepasados circularon hacia fines de los 60’s en laboratorios estadounidenses.
En el albor noventoso, y con estas tecnologías en pañales, no todos sabían de qué se trataba aquello de Internet. Sentado frente a una computadora, el perrito revelaba a su compañero una verdad que interpelaba a los primeros usuarios de la Web y que de algún modo lo sigue haciendo.

Resumidamente, la sentencia “nadie sabe que sos un perro” indicó a que, en el mundo online, las pantallas son como máscaras: esconden identidades. Y que en ese carnaval conviene estar atentos porque ni todo lo que reluce es oro, ni todo barro es precisamente fangoso.
Ahora tampoco sabemos si somos perros: la viñeta, bajo la lupa del 2026
Según Robert Mankoff, célebre caricaturista y editor de New Yorker durante casi dos décadas, el chiste de Steiner fue el más reproducido en la historia de la revista. Esa fama fue reconfirmada hace apenas tres años, cuando Heritage Auctions subastó el chiste —el original, en papel— por 175.000 dólares.
“Su importancia cultural es incalculable. Desde su publicación en 1993 hasta la actualidad, la viñeta continúa usándose y compartiéndose en línea, y su pie de foto se ha convertido en un meme muy conocido”, señalaron desde la casa de subastas en ocasión de la puja.

“Como imagen emblemática de la cultura de Internet, se han escrito artículos destacados sobre ella tanto en The New York Times como en The Washington Post, e incluso el propio Bill Gates la incluyó en 1995 en su libro The Road Ahead. Se trata, sin duda, de un referente cultural sin precedentes en el mundo de las caricaturas y los cómics”, añadieron.
La llave que destraba la gracia del chiste es su ironía. Revela una dualidad: si yo puedo simular ser otro sin dejar mucho rastro, mis interlocutores podrían hacer eso mismo.
En el aniversario 33 de este ícono del humor gráfico, los paralelismos son tentadores. En tiempos en los que proliferan las campañas de suplantación de identidad que roban datos y dinero; mientras en las redes sociales se escurren los rostros reales por entre los filtros de belleza; y especialmente en la era en la que los sistemas de inteligencia artificial diluyen las fronteras entre lo real y lo sintético; los perritos de la viñeta siguen hablándonos.
Ahora que conocemos algunas de las consecuencias del anonimato en Internet, el chiste ya no tiene tanta gracia, aunque no ha dejado de contar una vedad.
















































