El proceso de descomposición del imperio español, desatado por la invasión napoleónica de la península ibérica tiene sin duda otras motivaciones más profundas que quedaron en evidencia desde 1808 frente al avance del francés. El fracaso de las reformas burocráticas durante el siglo XVIII, llamadas “borbónicas” por los reyes que las encararon con diverso resultado, sumado a la influencia de las ideas liberales impulsadas por las revoluciones estadounidense y francesa fueron fundamentales como justificaciones de las acciones de rebelión, con distinto grado de violencia según el escenario geográfico.
La divulgación de los escritos revolucionarios como El Federalista de James Madison, Alexander Hamilton y John Jay (los padres fundadores de los Estados Unidos), o El Contrato Social de Jean-Jacques Rosseau, fue imparable en todos los dominios de España, sobre todo luego de la prisión de los reyes Carlos IV y Fernando VII, que provocó un relajamiento en los controles censores de las autoridades hispánicas.
Sin duda, las restricciones del comercio por el sistema monopólico español, en el marco del cambio de paradigma económico producto de la primera revolución industrial y la sistematización de las doctrinas capitalistas, fueron una motivación importante a veces puesta de lado en la explicación de los acontecimientos por cierto prurito intelectual que desdeña la inspiración económica de los cambios políticos y sociales, para darle una pátina más romántica y con un gran contenido épico. Este año se cumplen 250 años de la publicación del libro de Adam Smith La riqueza de las Naciones y de la independencia estadounidense, coincidente con la creación del virreinato del Río de la Plata, el último fundado por España.
La simultaneidad del proceso revolucionario en toda la América española pone en evidencia la circulación fluida de las noticias, tanto generadas en Europa como en el propio continente americano. El camino iniciado en 1808, que relatamos el pasado fin de semana, va a cobrar una dinámica que trataremos de resumir hoy. Las sublevaciones, con distinto grado de violencia, son la demostración categórica del ciclo final que estos hechos supusieron para el poder español en el Nuevo Mundo.
Rebelión en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata
El 1° de enero de 1809, un grupo de españoles peninsulares, liderados de Martín de Álzaga, intentan deponer al virrey Santiago de Liniers, acusándolo de colaboracionista con los franceses. El apoyo al virrey por parte de los milicianos veteranos de las invasiones británicas de 1806 y 1807, encabezados por Cornelio de Saavedra, determinó el fracaso del movimiento y el encarcelamiento de sus cabecillas, que fueron remitidos a Carmen de Patagones. Este episodio es poco conocido por el relato histórico argentino y muestra ya la intención de formar un gobierno más autónomo, ya que Liniers, un personaje particularmente trágico de nuestra historia, era fiel hasta el extremo a las autoridades peninsulares, por entonces la Junta Central de Sevilla.

Revolución en Chuquisaca
La “Atenas de América”, sede del Arzobispado de Charcas y de la Universidad de San Francisco Javier, será el espacio de la primera revolución sangrienta del período que culminará con las independencias de los países que integraban el imperio español. El chuquisaqueño Jaime de Zudáñez fue detenido a la noche del 24 de mayo de 1809, y eso provocó una manifestación en la plaza mayor de Chuquisaca al día siguiente, destacándose a la cabeza de la protesta el tucumano Bernardo de Monteagudo. Se forzaron las puertas de las iglesias para llamar al pueblo en protesta y sobre la tarde fue tomado el palacio de la Real Audiencia, presidida por Ramón García de León y Pizarro, quien fue detenido.
Los sublevados formaron una “Audiencia Gobernadora”, nombrando al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales como comandante general y al decano de la Audiencia, José de la Iglesia como gobernador de Charcas. Este gobierno sobrevivió hasta la represión ordenada por el virrey del Perú José Fernando de Abascal con el apoyo del arzobispo Benito María Moxó y Francolí que, ejecutada por el general arequipeño José Manuel de Goyeneche, criollo de Arequipa, se consumó el 21 de diciembre, a través de fusilamientos, destierros y prisiones. Hay que destacar que, ante la falta de reacción del gobierno de Buenos Aires, Lima tomó cartas en el asunto y entró en un virreinato diferente al de su territorio.
Conspiración en La Paz
Una conspiración liderada por Pedro Murillo el 16 de julio de 1809 se hace del poder en La Paz, gobernación en el Alto Perú dependiente del Virreinato del Río de la Plata. A los pocos días forman una “Junta Tuitiva”, que proclama la libertad de la provincia, pero la feroz represión ordenada por el virrey Abascal, llevada a cabo por Goyeneche culmina en una masacre, luego de varias derrotas de los levantiscos, cuando son ahorcados, en la plaza mayor de La Paz, Murillo y sus compañeros el 29 de enero de 1810. Murillo, desde el patíbulo, gritó: “Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar, ¡Viva la libertad!”.
Toma del Palacio de Quito
El derrocamiento de Manuel Ruiz Urriés de Castilla y Pujadas, presidente de la Real Audiencia de Quito, luego de la toma del Palacio Real por parte de los conjurados encabezados por Juan Pío Montufar, que proclamaron una “Junta Soberana” el 10 de agosto de 1809. Las autoridades imperiales comenzaron inmediatamente a atacar a la Junta, logrando su derrota el 24 de octubre al reponer a Ruiz Urriéz. Éste no respetó las condiciones pactadas con los sublevados y los encarceló, para luego de un intento de fuga, pasarlos por las armas el 2 de agosto de 1810 luego de un juicio amañado denunciado por el obispo de Quito José de Cuero y Cayzedo. Una curiosidad de este movimiento es que todos sus protagonistas pertenecían a la nobleza colonial, algo que no existía en el Río de la Plata.

Levantamiento de Lima, capital del Virreinato del Perú
La ciudad de los Reyes, tal como era conocida Lima en los tiempos coloniales, se mantuvo fiel al imperio hasta la llegada del libertador José de San Martín en 1821. El peso de la nobleza, la aristocracia y las órdenes religiosas fue fundamental para esa lealtad al trono español. Sin embargo, hubo una oportunidad para organizar un levantamiento contra el virrey del Perú José Fernando de Abascal encabezado por Juan Sánchez Silva y Antonio María Pardo, con la intención de reemplazarlo con una Junta. La gran eficacia de los servicios de espionaje que el virrey mantenía en la ciudad más importante de España en América, lograron desbaratarlo, cuando en la noche anterior al pronunciamiento, todos sus cabecillas fueron tomados prisioneros en sus casas y permanecieron encarcelados por un largo tiempo. Esto ocurrió el 26 y 27 de noviembre de 1809.
Proclamación de la Junta de Caracas, capital de la Capitanía General de Venezuela
La llegada desde España del mariscal Vicente Emparan como Capitán General estuvo dominada por la discusión sobre la validez de su nombramiento, que se zanjó cuando el Cabildo de Caracas lo desconoce y se proclama a sí mismo como “Junta Suprema de Venezuela”, con el liderazgo de Martín Tovar Ponte el 19 de abril de 1810. Este movimiento fue replicado el 27 de abril en Cumaná y en Barcelona (Venezuela), el 1° de mayo en Angostura, el 4 en La Asunción y el 5 en Barinas, aceptando la autoridad de la Junta caraqueña. Más adelante, el 16 de setiembre se suma Mérida y el 9 de octubre Trujillo. Guayana decide reconocer la autoridad del Consejo de Regencia que se forma en España para reemplazar a la Junta Central desaparecida a principio de 1810, inicio de la independencia de ese país.
Destitución de Cartagena de Indias
Uno de los principales puertos comerciales y militares del imperio español, ubicado sobre el mar Caribe, protagonizó el primer levantamiento en el actual territorio colombiano. El 22 de mayo de 1810 se formó una Junta que destituyó a las autoridades imperiales y tomó el control de la ciudad. Presidida por José María García de Toledo el 13 de agosto se convierte en la “Junta Suprema Provincial Gubernamental de Cartagena de Indias”, que se somete a la autoridad de la Junta de Santa Fe de Bogotá el 11 de noviembre de 1811, declarando su independencia de España como Estado Libre, aunque no podrá sostenerlo en el tiempo, siendo sometida por las tropas españolas durante el asedio de Cartagena de 1815. Este episodio se da el mismo día del Cabildo Abierto de Buenos Aires, que destituyó al virrey del Río de la Plata Baltasar Hidalgo de Cisneros.

La sola enumeración de estos movimientos habla del estado de conmoción de todos los dominios de España en América. Los procesos revolucionarios suelen tener claro contra que se lucha, pero pocas veces saben hacia donde lleva ese proceso. Una curiosidad es que la Capitanía General de Filipinas, cabeza de los dominios orientales de España dependiente del virreinato de México, no tuvo ningún proceso autónomo en estos tiempos convulsos. La determinación de las intenciones de los sublevados americanos de 1808 a 1810 en todo el continente español americano es una investigación y una discusión que jamás podrá resolverse, ya que la historia debe referirse a los hechos y no a la suposición del pensamiento íntimo de sus protagonistas.
Hemos dejado de lado con toda intención la Revolución del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires. Si Dios quiere, la próxima semana recorreremos los hechos fundamentales de la única revolución americana que nunca jamás volvió a caer bajo la autoridad del imperio español, un auténtico motivo de orgullo histórico para los argentinos.

















































