50 mil pesos por quincena.
Esa es la triste realidad que viven muchos empleados municipales de Villa Ángela mientras la inflación destruye salarios, los precios aumentan todos los días y cada vez cuesta más poner un plato de comida sobre la mesa.

Con esos sueldos no se vive.
Se sobrevive.
Trabajadores que cumplen horarios, sostienen servicios esenciales y ponen el cuerpo todos los días terminan cobrando cifras que no alcanzan ni para cubrir necesidades básicas.
Y la pregunta que empieza a hacerse mucha gente en Villa Ángela es inevitable:
¿qué hace el intendente con la plata del municipio?
Porque mientras los empleados municipales cobran salarios de miseria, la ciudad sigue teniendo problemas estructurales, falta de obras, servicios deficientes y un deterioro que los vecinos ven todos los días.
No puede naturalizarse que un trabajador municipal cobre apenas 50 mil pesos por quincena mientras los funcionarios hablan de administración, equilibrio y gestión.

La realidad golpea más fuerte que cualquier discurso oficial.
Detrás de cada recibo de sueldo hay familias enteras haciendo malabares para comer, pagar alquiler, medicamentos, transporte y servicios básicos.
Y lo más indignante es que siempre el ajuste cae sobre los mismos:
los trabajadores.
Nunca sobre la política.
Nunca sobre los privilegios.
Nunca sobre los funcionarios.
Villa Ángela no necesita relatos ni excusas.
Necesita salarios dignos, transparencia en el manejo de los recursos y un gobierno municipal que priorice a quienes sostienen la ciudad todos los días con su trabajo.

















































