La comunicación política en la era digital ha transitado de la plaza pública a las plataformas de redes sociales, transformando el debate ciudadano en un campo de batalla algorítmico. Sin embargo, cuando esta transición se aleja del debate de ideas para adentrarse en la manipulación sistemática, surgen interrogantes éticos y legales de gravedad institucional. En el centro de esta controversia se sitúa hoy una dirección específica en la ciudad de Resistencia: Juan B. Justo 184.
En las antiguas oficinas de Aerolíneas Argentinas, según diversas denuncias y reportes, se habría gestado un engranaje de “militancia digital” que excede la labor comunicacional estándar. El concepto de *trollcenter* —estructuras dedicadas a la creación de perfiles falsos, la difusión de noticias sesgadas y el hostigamiento a voces disidentes— se presenta aquí no como una teoría conspirativa, sino como una estructura operativa presuntamente vinculada al kirchnerismo chaqueño.
El uso de cuentas apócrifas y perfiles inventados tiene un objetivo claro: distorsionar la percepción de la opinión pública. Al simular un apoyo masivo u orgánico hacia ciertas políticas o figuras, se busca generar un efecto de “espiral del silencio” sobre quienes piensan distinto. Esta táctica de “militancia paga” degrada la calidad democrática, ya que no se basa en la convicción ciudadana, sino en la repetición coordinada de consignas prediseñadas bajo una identidad inexistente.
Sin embargo, el punto más crítico de esta situación no reside únicamente en la táctica comunicacional, sino en la transparencia de su financiamiento. La pregunta es tan directa como ineludible: ¿quién aporta los fondos para sostener esta infraestructura?
Si los recursos provienen de las arcas públicas, estaríamos ante una malversación de fondos del Estado chaqueño para fines partidarios. El uso de impuestos de los contribuyentes para financiar ataques digitales o para construir una realidad paralela en redes sociales representaría una afrenta directa a la ética pública y un desvío de recursos que deberían estar destinados a necesidades urgentes de la provincia, como salud, educación o infraestructura.
Por otro lado, si el financiamiento proviene de fondos privados no declarados, se abre la puerta a sospechas sobre el origen de dichos capitales y la falta de transparencia en los aportes de campaña o de sostenimiento partidario. En cualquier caso, el anonimato de los “trolls” parece estar respaldado por la opacidad de sus fuentes de ingreso.
La ubicación en Juan B. Justo 184 se convierte así en un símbolo de la necesidad de una rendición de cuentas. La ciudadanía chaqueña merece saber si la maquinaria que busca influir en sus decisiones y opiniones se alimenta del erario público. La libertad de expresión es un pilar democrático, pero la manipulación orquestada desde las sombras y financiada con fondos de dudosa procedencia es, sencillamente, una estafa a la confianza social.
En conclusión, el esclarecimiento sobre el funcionamiento de estos centros de operaciones digitales no es solo una cuestión de disputa política, sino un imperativo moral y legal. La transparencia es el único antídoto contra la desinformación; sin ella, la política se reduce a un juego de sombras donde la verdad es la primera víctima.
RADIO CLAN FM















































