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CONSEJO MUNICIPAL

El intendente de Resistencia Roy Nikisch gasto 42 millones de pesos para contruir un kiosko de 3×3

¿Un kiosco o la Baticueva? El misterio de los 42 millones en Resistencia

¡Hola, vecinos de Resistencia! Bienvenidos a una nueva edición de su sección favorita: “¿En qué se gastaron mis impuestos hoy?”. Si pensaban que ya lo habían visto todo con los baches que tienen código postal propio, agárrense fuerte del asiento (o de lo que quede de la vereda), porque el intendente Roy Nikisch acaba de elevar la vara a niveles astronómicos.

Resulta que, según las malas (y muy bien informadas) lenguas, se destinaron 42 millones de pesos para construir un kiosco de 3×3. Sí, leyeron bien. Tres metros por tres metros. El tamaño de un baño estándar, pero con el presupuesto de un departamento en Puerto Madero.

¿Qué tiene ese kiosco? Mis teorías:

Como ciudadano curioso, me puse a pensar: ¿Qué justifica que un cuadrado de ladrillos cueste lo mismo que una flota de naves espaciales? Aquí mis humildes hipótesis:

  1. Blindaje anti-meteoritos: Quizás Roy sabe algo que nosotros no y el kiosquito está diseñado para resistir el fin del mundo. Si cae un asteroide en la Plaza 25 de Mayo, solo quedarán las cucarachas y el vendedor de alfajores.
  2. Tecnología de la NASA: Capaz que el dispenser de agua caliente para el mate funciona con fusión fría o tiene un sistema de teletransportación para que las pitusas lleguen directamente desde la fábrica.
  3. Grifería de Vibranium: Es la única explicación lógica. Las canillas no son de acero inoxidable, son del metal del escudo del Capitán América.

Si no es un robo, es un saqueo premium

Seamos realistas, chicos. Con 42 palos, uno espera que el kiosco tenga, mínimo, aire acondicionado central, un mayordomo que te abra la puerta y un sistema de inteligencia artificial que te diga: “Buen día, ciudadano, aquí tiene sus chicles, hoy se lo ve un 15% menos devaluado que ayer”.

Pero no. Es un 3×3. Si das dos vueltas carnero ahí adentro, terminás en la vereda de enfrente.

A este paso, para cuando quieran arreglar una plaza, van a tener que pedirle un préstamo al Fondo Monetario Internacional y entregar el Chaco como garantía. Porque si un cubículo cuesta 42 millones, ¡no me quiero imaginar lo que sale cambiar una lamparita del alumbrado público! Seguramente licitan el foco por el precio de una estrella de la Vía Láctea.

En fin…

Como dice el dicho: “Si no es un robo, es un saqueo… pero con ticket factura”. Solo nos queda reír para no llorar, o pasar por el flamante kiosco a ver si, de mínima, nos regalan un caramelo de vuelto por cada millón invertido.

¿Ustedes qué opinan? ¿Es un monumento al sobreprecio o Nikisch compró los ladrillos en una subasta de antigüedades del Imperio Romano? ¡Los leo en los comentarios!

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