Después de siete tempestuosos años y de la mano de Donald Trump, la revolución chavista reactiva su vínculo con el organismo, abriendo un camino para recibir dinero y ajustar sus maltrechas cuentas
Ya se ha hecho costumbre escuchar a Delcy Rodríguez darle las gracias a Donald Trump. “Saludo y agradezco al presidente Donald Trump, al secretario Marco Rubio y a todos los equipos que estuvieron involucrados en este proceso de buscar la normalización de la representación de Venezuela en el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, declaró la noche del jueves 16 de abril la presidenta encargada.
Con estas palabras, Rodríguez celebraba el anuncio hecho por el FMI horas antes sobre la reanudación de sus relaciones con Caracas, suspendidas desde 2019 precisamente porque en ese año esta institución, así como Estados Unidos y la comunidad democrática internacional dejaron de reconocer la legitimidad del gobierno encabezado por Nicolás Maduro.
“Estamos dando normalización a todos los procesos que implican derechos y responsabilidades de Venezuela en el organismo. Es un paso muy importante para la economía venezolana y lo que significa Venezuela para nuestra región”, abundó la mandataria interina.
Saliendo a flote
Al margen de los discursos políticos, ¿cuál es el impacto real de este hecho? “La reactivación del vínculo con el FMI podría desbloquear financiamiento externo en meses, abonar el camino de recuperar la credibilidad y anclar expectativas vía supervisión, clave para reducir riesgo y atraer capital”, evalúa el economista Jesús Palacios Chacín, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.
El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Metropolitana, Luis Oliveros, subraya que la reconciliación del FMI con Venezuela es “una enorme noticia”.
“El país podría tener acceso a los derechos especiales de giro (DEG) -alrededor de 5 mil millones de dólares- que están congelados en el fondo desde la pandemia. Igualmente, podría recibir préstamos del organismo, tener acceso a activos bloqueados, restablecer relaciones con otros entes multilaterales y facilitaría una renegociación y/o restructuración de la deuda externa”, enumera Oliveros.
El profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), José Manuel Puente, también resalta la “buena noticia” al considerar que esto “permitiría a Venezuela reincorporarse a los multilaterales para tener asistencia técnica y financiera con el fin de atacar sus múltiples desequilibrios macroeconómicos”.
Sin excusas
El restablecimiento de los lazos con el FMI cierra una semana muy positiva para Delcy Rodríguez, luego de que la administración de Donald Trump emitiera licencias que suavizan las restricciones que pesaban sobre el Banco Central de Venezuela (BCV) y que la norteamericana Chevron firmara acuerdos para ampliar sus operaciones en el país.

En el plano político, el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, compareció ante el Congreso y dio por culminada la fase de “estabilización”, paso inicial del plan diseñado por la Casa Blanca para abordar la situación en Venezuela.
“Se flexibilizaron sanciones al petróleo, minería, BCV y banca pública, se controla el flujo y se redujo la opacidad en el manejo de los ingresos, se aprobaron leyes clave y el FMI y Banco Mundial entran al ruedo. Se entiende el porqué los norteamericanos dicen que terminó la fase de estabilización”, razona el economista y consultor Asdrúbal Oliveros.
Oliveros sostiene que con el viento a favor gracias al respaldo de Washington, llegó la hora de que el gobierno de Delcy Rodríguez brinde resultados concretos en la nueva etapa de recuperación económica. “No hay excusas”, afirma.


















































