Lo que empezó como un hobby, hoy es una carrera deportiva con una gran proyección internacional. Mauro Muñoz tiene el objetivo de competir contra los mejores y emprendió un nuevo negocio para financiarse.
El talento y la inventiva argentina, sin dudas, se hacen notar en el mundo. Un claro ejemplo es el de Mauro Muñoz, atleta de parkour de Punta Alta, que sueña con viajar a España para competir contra los mejores del mundo en su disciplina. Ante los obstáculos económicos, tomó una decisión para cumplir este objetivo: hacer y vender sus propios alfajores para pagar el viaje.
El parkour es una actividad física basada en la capacidad motriz de las personas y tiene como objetivo trasladarse de un punto a otro del entorno de la manera más sencilla y eficiente posible, adaptándose a las exigencias y obstáculos en el camino solo con la ayuda del cuerpo. Mauro logró perfeccionarse al punto de llegar a la Selección argentina y hoy busca seguir creciendo en el plano internacional.
En diálogo con TN, Maurus, como se lo conoce en redes sociales, repasó sus inicios en el deporte, la idea que puso en práctica para financiarse y su ilusión de representar a la Argentina en el parkour internacional.

Mauro Muñoz y su flechazo con el parkour
Como muchos atletas de deportes urbanos, Mauro Muñoz descubrió su pasión en la infancia. “Mi entrada al parkour fue hace ya más o menos 14 años. Es un deporte que es bastante nuevo, en realidad. Lo conocí por internet, por un amigo. Lo vimos en la tele, después lo buscamos en una computadora y encontramos videos”, contó en diálogo con TN.
“Por ese tiempo no rondaban tantos videos de parkour y la verdad que nos fascinó la idea. Siempre nosotros ‘flashábamos’ ser medio ninjas, ja. Entonces, al encontrar este deporte que era urbano y tenías esta libertad de poder girar en el aire, saltar, moverte y usar el cuerpo, nos fascinó”, agregó.
Esta puerta de entrada, que comenzó como un hobby, poco a poco fue ganando más tiempo de su vida y el disfrute con amigos se volvió central: “Desde ese momento comenzamos a practicar por nuestros propios medios y con lo que podíamos, porque no había tutoriales tampoco. Empezamos a practicarlo en las placitas del barrio, en todos los lugares que podíamos”.
Para Mauro, la atracción por la disciplina fue mucho más allá de su talento para hacerlo: era disfrute puro, algo lúdico.
“Más que facilidad, creo que lo que noté en realidad era que me gustaba hacerlo. Al principio nunca fui el mejor, pero creo que con el tiempo, la disciplina, la persistencia y el hecho de que me encantaba hacerlo, ahí empecé a darme cuenta de que ese era más mi don que el de hacer las cosas fáciles”, aseguró.
Por supuesto, la cuota de movimiento y capacidad física tuvo su impacto, pero la persistencia fue la clave: “Tengo facilidad en ciertos aspectos de los movimientos, como todo atleta. Por ejemplo, un futbolista capaz que tiene mayor facilidad para hacer una gambeta, defender mejor. Esto es lo mismo. Yo creo que lo que tenía era la persistencia de hacerlo, de seguirle dando todos los días”.
Cómo es un entrenamiento en el parkour
Con el paso del tiempo, lo que comenzó siendo un juego se fue perfeccionando y la exigencia de hacerlo bien era más grande. “Un entrenamiento de antes era más por hobby, era más por decir: ‘Hoy hago esto y, si no, bueno, ya fue, lo dejo’. Era como un poquito más relajado”, contó.
Sin embargo, esta pasión lo llevó a tomarlo en serio y plantearse la posibilidad de que su vida cotidiana gire en torno al parkour. “Hace más o menos cinco años dije: ‘Se puede crear un futuro con esto. Me encanta hacer esto, ¿por qué no apostar?’ Básicamente, mi vida se centra más que nada en el entrenamiento“.
Hoy en día, Mauro diseña su día mezclando su trabajo formal y su pasión: “Tengo mi trabajo normal. Yo me dedico a la pintura y también a la reparación de techos, impermeabilizo y demás. Cuando salgo de trabajar, como algo y ya tengo programado lo que voy a entrenar durante el día. Tengo el objetivo semanal preparado, que es algo que tengo anotado para, en lo posible, poder llegar”.
Además de las acrobacias, el parkour es un deporte que requiere de mucho esfuerzo físico, constancia y compromiso. Incluso, se nutre de otras disciplinas y Mauro lo explota al máximo: “Como hago parkour, hago otras disciplinas para la competición. Por ejemplo, hago break dance, calistenia, gimnasio… Cuando ya se me hace de noche, a dormir y empezar de nuevo, ja”.
Dentro de la preparación, la inventiva y la creatividad son fundamentales para crear trucos y acrobacias atractivas para el público y superarse: “Ahora está todo mucho más planificado. Me tomo más en serio el entrenamiento físico para fortalecerme, para rendir mejor y también tengo una preparación mental. Soy mucho de que, si no sale algo, lo tomo y digo: ‘Bueno, mañana será’. Cargo energía, entreno, voy gestionando todo esto de una forma un poquito más profesional que antes”.
Y agregó: “La verdad es que me considero bastante creativo. Creo que eso también se ha desarrollado por el tema de que yo me crié en tiempos donde básicamente no había tutoriales y tenías que inventar la forma en la que funcione la acrobacia”.
La llegada a la Selección argentina de parkour
Por esta facilidad, creatividad y persistencia, Mauro Muñoz decidió competir de manera oficial. Luego de muchos entrenamientos, consiguió un logro impresionante: llegar a la Selección argentina de parkour.
“Ingresé el año pasado. Competí en Olavarría y, para ingresar a estas competencias, te tiene que federar un gimnasio de algún lugar. Fui a competir y quedé en el grupo B de la Selección argentina de parkour”, contó.
“Fue la segunda competencia en toda mi carrera. La primera la tuve en Necochea, salí segundo y en esta de Olavarría ya quedé en la Selección”, reveló.
La ilusión de viajar a España y competir con los mejores del mundo
Con estos logros a la vista, el camino de Muñoz dentro del parkour tomó una mirada mucho más profesional y la ilusión de llegar a lo más alto comenzó a crecer dentro de su propia competitividad.
Desde su Punta Alta natal, Mauro tuvo un pensamiento que lo cambió todo para seguir creciendo dentro del deporte: “Yo hace tiempo vengo mirando muchos videos de Instagram de los atletas de otros lados y siempre me pregunté cómo hacen, cómo es que progresan tan rápido. Tenemos todos el mismo tiempo, probablemente comamos lo mismo… Entonces, ¿cómo es que estas personas están progresando tan rápido? Y yo, que estoy acá entrenando, le estoy dando duro, pero los progresos parecen ser un poco más lentos“.

En medio de esta mirada sobre su futuro, hizo un viaje que le hizo darse cuenta de una revelación que tuvo un fuerte impacto: “El año pasado viajé por la Ruta 40 en una moto 110. Recorrí 8500 km, la mitad de la Ruta 40; fui de Bariloche a La Quiaca. Me di cuenta, al salir de la ciudad, de que los viajes te hacen crecer, ver otras cosas, salir de tu pueblo”.
“Entonces me dije: ‘Cuando vuelva de este viaje voy a hacer lo mismo, pero con el parkour’, porque nunca había apostado tan duro con el parkour. Siempre lo tuve como un hobby”.
Tras esta investigación, surgió su idea de viajar para nutrirse y competir contra los mejores del mundo. “Estuve viendo que había una linda movida allá en España porque es un punto donde van atletas de todo el mundo; van ahí a entrenar, se juntan todos. Es como ir a entrenar con Messi, con los mejores. Eso automáticamente te hace aumentar tu nivel de habilidad. Así nació la idea. Ya que estoy en la Selección, quiero representar mejorm hacerme cargo de este lugar”.
El obstáculo que surgió y una idea revolucionaria para alcanzar el objetivo: vender alfajores
Con esta idea en la cabeza, Mauro comenzó a armar toda la logística para poder emprender viaje y dar inicio a su sueño. Sin embargo, se encontró con un problema que afecta a muchísimos deportistas amateur: los costos.
Fiel a su estilo, lejos de dar por terminado el objetivo o frustrarse, le buscó la vuelta para poder cumplirlo. “La idea del viaje ya estaba y, normalmente, lo que hacen los atletas, que yo también lo he hecho cuando fui a Olavarría, es pedir donaciones; algunos hacen rifas o hacen pizzas y cosas así. Y yo quería hacer algo creativo, hacer contenido, porque quiero documentar todo el proceso de esto que estoy haciendo para motivar a la gente que me esté mirando: que desde cualquier parte del mundo, cualquier lugar, esto se puede hacer”, aseguró con entusiasmo.
En ese momento, llegó la idea que lo cambió todo: “Pensé: ‘¿Qué se me puede ocurrir? ¿Qué sé hacer yo que me salga bien, que le guste a la gente y que pueda repetir si quiere?’. Entonces me acordé de que hacía alfajores de maicena de chico y, bueno, salí a vender los alfajores de maicena, a ver qué pasa”.
En este emprendimiento, Muñoz le puso su propio sello y un atractivo para todas las edades: “Después le metí el tema de vestirme de Spider-Man como detallito de la marca, ya que es el héroe que se identifica con el parkour, básicamente. Y así nacieron los alfajores de maicena”.
Esta tarea requiere de mucho compromiso y es de mano de obra propia, incluso cuenta con el apoyo de su novia: “La masa la hago toda casera desde cero y normalmente lo hago solo, pero también me ayuda mi novia, Sabri; ella siempre me da una mano con los videos también”.
Luego de vender por contactos o redes sociales, llegó un momento de estancamiento que puso en jaque la tarea y decidió dar un paso más: vender por las calles.
“Por ahora estamos en un 35% del objetivo, por así decirlo. La idea la arranqué hace un mes y medio, más o menos. Primero hacía pedidos por encargo, me escribían por Instagram, pero eso sube por la difusión, después baja totalmente y hay que seguir moviéndose. Tiene que ser más que nada constante para que suceda rápido lo que estamos buscando. Entonces me reinventé y me hice vendedor ambulante, para probar. Nunca lo había hecho. Me fui a Bahía Blanca y lo intenté. Ahí me di cuenta de que es un poco más rápida la venta, hablando con la gente, el cara a cara”, afirmó.
Además, en este ida y vuelta con la gente, tuvo un gancho que no pasó desapercibido en sintonía con su marca y el Hombre Araña: “A veces me dicen que me ponga la máscara o que haga una mortal, así que yo siempre la llevo y, si quieren una foto, si quieren una mortal, también la tiro. Total, no me cuesta, ja”.
El objetivo claro: representar a la Argentina en el mundo con el parkour
Con la mirada fija en su sueño, Mauro sabe que no será un trayecto fácil y se puso objetivos claros para poder alcanzarlo. “Mi objetivo principal al llegar a España es aumentar el nivel”, aseguró.
Yendo más allá, ya piensa en pasos más grandes y se anima a plantearse metas más grandes: “Si hablamos de un objetivo más a largo plazo, mi sueño es llegar a una competencia que se llama King of the Concrete, que es una competencia internacional que se hace por todo el mundo. A mí me encanta y me fascina porque no solo valoran los trucos en sí, la complejidad, sino también la creatividad y la esencia de cada atleta”.
“Eso es algo que representa mucho el parkour, que cada atleta, una vez que tiene su desarrollo atlético, tiene su propio estilo, y en esa competencia lo valoran mucho. Ese es mi sueño”, afirmó.
La ambición deportiva y la ilusión son dos de los motores de Mauro y lo dejó en claro: “Quiero participar en esa competencia con la bandera argentina en el King of the Concrete. Sería una total locura si Dios me lo permite, con mucho esfuerzo y dedicación, estar ahí y, por qué no, ganarla”.
















































