No ingerir la cantidad suficiente de agua puede disparar el cortisol. Si esa situación se mantiene en el tiempo, podría haber daños en el riñón.
Llevar una botella de agua a todas partes es probablemente uno de los hábitos saludables que más se instauró entre la población.
Tenerla siempre a la vista nos recuerda que debemos beber más agua a lo largo del día. Beber y consumir de forma regular alimentos ricos en agua, como frutas y verduras, es fundamental para mantenernos hidratados y que el organismo funcione óptimamente.
Así se desprendió de un recientemente estudio realizado por investigadores de la Universidad John Moores de Liverpool, publicado en el Journal of Applied Physiology, trabajo que asegura que el organismo de todos aquellos que beben menos de un litro y medio al día despierta una exagerada actividad del cortisol, la hormona del estrés.
Ante la incógnita acerca de si estamos en riesgo aquellos que nos olvidamos la botella en casa, el presidente de la Sociedad Española de Nefrología, el doctor Emilio Sánchez, señala: “El cuerpo humano es muy sabio. Cuando detecta que una persona no está bien hidratada, es capaz de desencadenar mecanismos para no perder tanto líquido, por ejemplo, a través de la orina”.

El experto añade: “Hay osmorreceptores en el cerebro que son capaces de detectar si la sangre está espesa por falta de líquido” y, si es así, se activa la secreción de una hormona llamada vasopresina, que hace que el riñón reabsorba agua y se orine menos volumen. Por eso, esa orina será más concentrada”. En el mismo punto del hipotálamo donde se activa la vasopresina también se activa la señal para producir cortisol. Al activarse esta hormona, por cercanía, también se activa el cortisol, por eso también acabamos teniendo mayores niveles.
Vivir con estrés no es sinónimo de piedras en el riñón
El doctor Emilio Sánchez asegura que “el cortisol tiene efectos sistémicos: puede producir aumento de la tensión arterial, más estrés y ansiedad. Con el tiempo, puede favorecer fenómenos cardíacos, ictus y problemas cardiovasculares y renales”. En definitiva, el riñón necesita líquido para eliminar toxinas; si no hay agua, puede haber una lesión renal aguda.
Pero hay que tener prudencia al interpretar estos resultados y no se puede afirmar que sufrir estrés está asociado al desarrollo de cálculos renales. “Si uno está estresado, pero lleva una buena dieta e hidratación, el estrés no condicionará las piedras. Al revés, alguien muy tranquilo, pero que no bebe agua va a tener mayor riesgo de sufrirlas”, dijo. Por eso, el nefrólogo advierte que las conclusiones de muchos estudios científicos, aunque tengan sentido fisiopatológico, no se pueden aplicar al 100% de la población.
Cuánto es beber poco
Desde la Academia Española de Nutrición y Dietética insisten en que no hay una cantidad exacta que todos debamos beber al día. Depende de las temperaturas exteriores, de la actividad física, la edad, el peso y la dieta. El nefrólogo no está de acuerdo con generalizar y que una población sana debería asegurar por lo menos 1 litro de líquido total (agua, infusiones, café, fruta, puré, sopa, yogur), pero depende de cada caso: una señora de 50 kg y 78 años tiene suficiente con 1 litro, mientras que un chico deportista de 90 kg necesita más.
La recomendación es usar siempre el sentido común y beber según la sed, teniendo precaución con bebés y ancianos, que pierden la sensación de sed o no tienen libre acceso al agua si están encamados.

También hay que recordar que la comida cuenta muchísimo a la hora de alcanzar las cantidades óptimas:
- Frutas y verduras: sobre todo calabaza, sandía, melón y tomate.
- Los purés, las sopas y el gazpacho son fuentes directas de líquido.
- Lácteos: el yogur, a pesar de tener una consistencia más sólida, también debe ser considerado como agua (lo es entre un 80 y un 90% de su composición).
En resumen, como sostiene el doctor Sánchez, “para alcanzar un nivel razonable de hidratación (que se sitúa en torno a un litro de líquido total para una persona sana promedio) se debe contabilizar tanto el agua y las infusiones como todos estos alimentos vegetales y preparados líquidos que forman parte de la dieta diaria”. La botella es tendencia, pero no obligación. Y si se te disparan los niveles de cortisol es muy probable que sea por otros hábitos.


















































