El volante es el hombre con más presencias en el seleccionado suizo y el referente máximo de un combinado que logró un hito en el Mundial 2026.
Granit Xhaka es el máximo referente futbolístico de Suiza en el Mundial 2026. Capitán de la selección y quien acumula más partidos disputados (más de 150 presencias), tiene además la medalla de haber convertido goles en tres Copas del Mundo diferentes. Sin embargo, su exitosa trayectoria está marcada por momentos polémicos.
El mediocampista nació el 27 de septiembre de 1992 en Basilea, pero sus padres son albanokosovares que emigraron a Suiza. De hecho, su papá Ragip había sido una persona comprometida políticamente en su país natal y estuvo un tiempo encarcelado por hacer campaña a favor de la independencia de Kosovo.
Por aquel entonces, cuando aún existía la antigua Yugoslavia, Ragip Xhaka sufrió golpizas y agresión física. El volante, durante una entrevista con el medio británico The Guardian, amplió los detalles: “Mi padre era manifestante comunista y protestaba contra el gobierno central en Belgrado, siendo un estudiante universitario de 22 años. Es algo que me toca profundamente, está en mi corazón”.

“A veces le pido ‘contámelo otra vez’, pero aún así no creo que me lo haya dicho todo. Hubo momentos de silencio en los que creo que se ha tragado todo, quizás quiso ahorrarles a sus hijos el sufrimiento”, sostuvo el jugador, que comenzó jugando al fútbol en el Concordia y a los 10 años ingresó a las inferiores del Basilea, donde completó su formación.
A sus 18 años, Xhaka debutó con el primer equipo en 2010, durante una fase previa de la Champions League. Después de grandes participaciones a lo largo de dos temporadas y tres títulos locales, se sumó al Borussia Mönchengladbach alemán en 2012 a cambio de 8,5 millones de euros. Sus primeros meses estuvieron marcados por expulsiones y críticas por su temperamento, pero rápidamente se ganó el corazón de los hinchas.
El incidente con una azafata y la resurrección de la mano de Arteta
En 2015 y bajo su liderazgo el Gladbach logró clasificar a competiciones internacionales en dos temporadas consecutivas. En mayo de 2016, el Arsenal inglés pagó alrededor de 30 millones de libras por su pase, pero le costó mucho la adaptación por errores puntuales en las canchas y hasta tuvo un cruce con una azafata que le valió una denuncia por “abuso racial”.
El jugador fue interrogado por la Policía del aeropuerto de Londres después de una discusión con una tripulante de cabina de British Airways, a la que supuestamente le habría dicho “jodida zorra blanca” y su propio club le abrió un expediente. Luego, en octubre de 2019, en un partido ante el Crystal Palace insultó a parte de la hinchada y se quitó la camiseta mientras salía del campo.
Con la llegada de Mikel Arteta como DT del Arsenal recuperó confianza y protagonismo En el conjunto londinense ganó dos FA Cup antes de despedirse como uno de los líderes del vestuario. En 2024 se convirtió en el cerebro del mediocampo del Bayer Leverkusen que conquistó su primera liga en más de 100 años. Su siguiente paso fue el Sunderland, el año pasado, equipo que lideró a otra clasificación a copas europeas.
El polémico festejo ante Serbia, con un fuerte trasfondo político
Con la selección suiza, su impacto fue inmediato: tras haberse coronado en el Mundial Sub-17 de 2009, debutó con la mayor en 2011 y no paró más. Disputó los Mundiales de 2014, 2018 y 2022, aunque fue en Rusia 2018 donde protagonizó uno de sus festejos más polémicos. En un duelo clave ante Serbia, por la fase de grupos, tanto él como Xherdan Shaquiri realizaron una celebración que les valió tanto críticas como halagos.
Xhaka remató desde casi 30 metros para estampar el empate, salió corriendo con euforia y juntó los pulgares, cruzando sus manos, con la intención de formar un pájaro: es el gesto del águila albanesa, que identificaba a los opositores del gobierno de Slobodan Milosevic en la entonces Yugoslavia y las reivindicaciones de los pueblos oprimidos ante la etnia serbia. Al fin y al cabo, la memoria de su padre volvió a estar en el foco.
La previa de aquel partido había estado repleta de escándalos. Aleksandar Mitrovic, jugador rival que anotó el primer tanto de aquel pleito que ganaron los helvéticos por 2-1, había disparado: “Si aman tanto a Kosovo, ¿por qué se negaron a jugar con su selección?“. El mediocampista respondió en cancha y con una iniciativa que no pasó desapercibida.
Granit Xhaka, de errar el penal ante Colombia al duelo con la Selección Argentina
En Brasil 2014 el volante le anotó a Honduras y en Qatar 2022 no pudo convertir, pero volvió a festejar en en este Mundial 2026: durante la fase de grupos, se sumó a la cuenta en el 4-1 ante Bosnia. Con su selección llegó a 16avos luego de dos triunfos y un empate, allí batieron a Argelia; y luego barrieron a Colombia por penales en octavos, pese a que Xhaka erró el suyo.
Ahora, en cuartos de final, instancia a la que llegan por primera vez desde 1954, aparece la Selección argentina. Y Xhaka, con admiración y expectativa por partes iguales, ya palpita el pleito: “No sé si podremos detener a Lionel Messi en 90 minutos, menos en 120. Para los que jugamos en su era es un privilegio, pero también queremos mostrar nuestra personalidad y hacer que las cosas sean extremadamente difíciles para él”.

















































