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Opinión

Leandro Zdero atraviesa uno de los momentos más cuestionados desde que asumió como gobernador del Chaco

Entre la desesperación por la desaparición de un joven, los escándalos por el accionar descontrolado de sectores de la Policía y funcionarios que parecen incapaces de dar respuestas concretas, crece la sensación de que la provincia está completamente a la deriva.

El malestar social ya no se limita solamente a la oposición política.
Empieza a sentirse en las calles, en los barrios y hasta entre personas que esperaban otra cosa de esta gestión.

Porque mientras las familias viven con angustia situaciones gravísimas, el gobierno parece reaccionar tarde, mal o directamente con silencio.

La desaparición de un chico genera conmoción y miedo en toda la sociedad.
Y en momentos así, lo que la gente espera es presencia del Estado, coordinación, empatía y acción inmediata.

Pero lo que muchos sienten es exactamente lo contrario:
desorden, improvisación y funcionarios desconectados de la realidad.

A eso se suma una Policía chaqueña cada vez más cuestionada por procedimientos polémicos, denuncias de abuso, persecución a periodistas y episodios que dañan gravemente la confianza pública.

El caso del periodista detenido en Margarita Belén dejó una imagen preocupante:
una fuerza que, en lugar de brindar seguridad, aparece involucrada en situaciones que generan temor, sospechas y rechazo social.

Mientras tanto, desde el poder político las respuestas parecen limitarse a comunicados, operaciones mediáticas y discursos que muchas veces chocan de frente con lo que vive la gente todos los días.

Y el problema se vuelve todavía más grave cuando alrededor del gobernador aparecen funcionarios que no logran gestionar, explicar ni resolver los conflictos que explotan permanentemente en distintas áreas del Estado.

Salud en crisis.
Conflictos salariales.
Demoras en medicamentos.
Escándalos administrativos.
Problemas de seguridad.
Hospitales cuestionados.
Desorden institucional.
Y una sensación creciente de falta de rumbo político.

Muchos chaqueños empiezan a preguntarse quién gobierna realmente la provincia y si existe un plan concreto más allá de la propaganda y las peleas políticas.

Porque gobernar no es solamente dar discursos o buscar culpables.
Gobernar es resolver problemas.
Y hoy gran parte de la sociedad siente que el Chaco está cada vez más solo frente a sus propios dramas.

La preocupación ya no pasa únicamente por un mal momento de gestión.
Empieza a aparecer algo más profundo:
la sensación de un gobierno desbordado, sin conducción clara y cada vez más alejado de las necesidades reales de la gente.

Y cuando un pueblo pierde la confianza en quienes deben conducirlo, el riesgo de entrar en una crisis todavía mayor se vuelve mucho más peligroso.

 

RADIO CLAN FM

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