La tensión política en el Chaco escaló fuerte después de las declaraciones de Leandro Zdero, quien aseguró que el peronismo tiene “un gen golpista”. La respuesta de Jorge Capitanich no tardó en llegar y fue demoledora.
En diálogo con ARGENTINOS DE MAL por Radio Independencia, el ex gobernador chaqueño salió con los tapones de punta contra el actual mandatario provincial y lo acusó de desconocer completamente la historia política argentina y de intentar esconder su crisis de gestión atacando al peronismo.
“Zdero tiene una ignorancia supina, no solo de gestión sino también de la historia”, disparó Capitanich, visiblemente molesto por los dichos del gobernador.
Pero no se quedó ahí.
Capitanich sostuvo que las declaraciones de Zdero no solamente son irresponsables, sino también peligrosas para la convivencia democrática, porque buscan instalar discursos de odio y estigmatización política en lugar de debatir seriamente los problemas reales que atraviesa la provincia.

“En vez de cuestionar el ajuste brutal del gobierno nacional, la caída del consumo, la destrucción del empleo y el deterioro social que vive el Chaco, Zdero elige atacar al peronismo para distraer la atención sobre su propia incapacidad de gestión”, remarcaron desde el entorno del ex mandatario.
Además, el ex gobernador apuntó contra distintos escándalos que comenzaron a rodear a la actual gestión provincial y que, según sectores opositores, muestran graves irregularidades administrativas y posibles hechos de corrupción dentro del gobierno chaqueño.
Entre ellos mencionan el escándalo de la “médica trucha”, donde expedientes, sumarios reactivados y contradicciones oficiales dejaron expuestas fallas graves de control dentro del sistema sanitario provincial. También cuestionan la falta de transparencia en contrataciones, denuncias por manejo discrecional de recursos públicos y el creciente malestar por presuntas designaciones políticas sin controles adecuados.
A esto se suman las polémicas por la utilización de la Policía del Chaco en procedimientos cuestionados, como la detención del periodista Fernando Ojeda en Margarita Belén, donde incluso se investiga si se intentó inventar una causa para justificar el operativo. Para sectores opositores, estos hechos reflejan un gobierno más preocupado por disciplinar voces críticas que por resolver los problemas estructurales de la provincia.
La respuesta tiene un fuerte trasfondo político y ocurre en un contexto donde el gobierno provincial atraviesa crecientes cuestionamientos por inseguridad, conflictos salariales, problemas sanitarios, denuncias de persecución a periodistas, desorden administrativo y una fuerte caída de imagen pública.
Capitanich también hizo referencia a las denuncias sobre posibles irregularidades en compras y contrataciones dentro del Estado provincial, señalando que “mientras hablan de transparencia, aparecen expedientes contradictorios, funcionarios que se desmienten entre sí y áreas enteras funcionando sin controles claros”.
Para el ex gobernador, las palabras de Zdero reflejan “desesperación política” y una estrategia de confrontación permanente para intentar sostener una narrativa que ya no logra ocultar el malestar social creciente en toda la provincia.
Además, Capitanich recordó que el peronismo fue históricamente perseguido, proscripto y víctima de golpes de Estado reales en la Argentina, por lo que consideró “una barbaridad” intentar asociar al movimiento con prácticas golpistas.
“Hablar livianamente de ‘genes golpistas’ demuestra un desconocimiento absoluto de la historia democrática argentina”, insistió.
Desde distintos sectores políticos también comenzaron a cuestionar los dichos de Zdero, señalando que un gobernador no debería alimentar discursos de división ni acusaciones extremas contra espacios políticos que representan a millones de argentinos.
Mientras tanto, la polémica sigue creciendo y vuelve a poner en el centro del debate el clima político chaqueño, cada vez más tensionado y marcado por cruces cada vez más duros entre oficialismo y oposición.
Porque cuando un gobierno empieza a reemplazar gestión por provocaciones políticas, mientras acumula denuncias, contradicciones y sospechas de corrupción, el riesgo es claro:
menos respuestas para la gente y más confrontación para esconder los problemas reales.



















































