La vida de Junilson Mascarenhas cambió de golpe cuando un patrullero policial apareció en la puerta de su casa. El motivo: una denuncia de un vecino por el ruido de la batería.
Lejos de bajar los brazos, este joven de 27 años, diagnosticado con autismo y TDAH, tomó una decisión insólita: se llevó su instrumento al monte para poder seguir ensayando sin molestar a nadie.
La historia de Junilson se volvió viral en las redes sociales y conmovió a miles. “La batería para mí es una terapia, me ayuda a calmar la ansiedad. Es lo que más amo hacer”, contó al medio g1 el músico, conocido como Jay Batera en sus cuentas.
De los baldes a la batería profesional: una pasión que nació en la infancia
El vínculo de Junilson con la música arrancó cuando tenía apenas 12 años, en una iglesia presbiteriana de Palmas.
Sin recursos para comprar un instrumento, aprendió de manera autodidacta mirando a otros músicos y armando una batería casera con baldes, bachas, latas de pintura y cucharas de madera de su mamá.
“Rompía muchos baldes y bachas. Mi mamá a veces se enojaba, pero igual me apoyaba”, recordó entre risas. Recién en 2019, después de trabajar duro en un supermercado, pudo comprarse su primera batería profesional.

Un refugio en el monte tras el conflicto con los vecinos
La vida de Junilson dio un giro cuando se casó y se mudó a la localidad de Porto Nacional. Allí, la convivencia con los vecinos se complicó. En 2025, uno de ellos decidió hacer una denuncia formal por el ruido, sin siquiera intentar hablar antes con él.
“La policía llegó a casa a las cinco de la tarde. Nadie vino antes a golpear la puerta para pedir que bajara el volumen o que tocara en otro horario. Fue una sorpresa total”, recordó el baterista.
Para evitar más problemas legales, Junilson optó por buscar un lugar donde nadie pudiera quejarse: el monte. Allí, rodeado de vegetación y acompañado por su esposa, encontró la libertad para tocar, grabar videos y soñar con un futuro mejor.
La batería como salvavidas: música, terapia y esperanza
Junilson no solo ve la música como un trabajo, aunque reconoce que es una fuente de ingresos inestable. Actualmente, está desempleado y sobrevive haciendo “changas” en bares y restaurantes. Pero la batería es mucho más que eso: es su principal herramienta para controlar las crisis de ansiedad.
“La única forma de calmarme y frenar las crisis es tocando la batería. Es mi terapia”, explicó. El apoyo de su esposa es clave en este proceso, y juntos enfrentan las dificultades con esperanza.
En el silencio del monte, Junilson sigue apostando a su arte y a la posibilidad de que, algún día, su música le abra nuevas puertas.



















































