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A 25 años de la boda de Menem y Cecilia Bolocco: los detalles desconocidos de la fiesta más extravagante

Hubo 3000 invitados, una torta de 400 kilos, locro popular y un beso incómodo que quedó grabado para siempre. Cómo fue el casamiento riojano que mezcló política, fama, glamour y espectáculo en pleno auge mediático de la pareja.

Era septiembre de 1999. Carlos Menem estaba en los momentos finales de su presidencia después de 10 años en el poder. En su residencia de Anillaco recibió, como tantas veces, a un equipo de televisión para una entrevista. Esa vez estaba más interesado que de costumbre en el encuentro. No era por una cuestión política: ya estaba de salida, el intento de la re-reelección había fracasado, pero la argucia de mantener el tema en la discusión pública le había servido para que el poder no se le diluyera en esos años finales. Era por la entrevistadora. Le habían dicho que unos años antes la chilena Cecilia Bolocco había sido elegida Miss Universo. Eso bastó para que el encuentro obtuviera prioridad en la agenda presidencial.

Tal vez Menem la citó allí porque sabía que Anillaco era un lugar mejor, sin distracciones, para desplegar sus estrategias de seducción. El lugar en el que era más local que en cualquier otro.

Respecto a la capacidad de seducción de Menem además de la nómina de sus conquistas, conocidas y supuestas, que integran vedettes locales, millonarias y funcionarias, siempre es oportuno recordar lo que escribió Madonna en su diario cuando vino al país para filmar Evita“El presidente es un hombre muy agradable. Me sorprendió lo bien que le caía. Es bajito, desafiante, de tez morena. Junto a él había un grupo de hombres de aspecto sospechoso y una preciosa mujer mayor que hizo de intérprete. Sus ojos recorrieron palmo a palmo mi cuerpo, atravesándome. Un hombre muy seductor. Me di cuenta que sus pies eran pequeños y que tenía el pelo teñido de negro. Me dijo que tenía el mismo aspecto que Evita, a la que él conoció de joven. No me quitaba los ojos de encima. Nos trajeron champagne y caviar. (…) El presidente tomó mi cara entre sus manos, me besó en la mejilla y me deseó buena suerte. Volvimos a la ciudad y me sentí flotar en el interior de la cabina. Sin duda, me había embrujado. Tan sólo esperaba haber hecho lo mismo con él”.

Cecilia Bolocco y Carlos Menem en una celebración previa al casamiento. (Foto: AFP)
Cecilia Bolocco y Carlos Menem en una celebración previa al casamiento. (Foto: AFP)

Cecilia Bolocco tenía 34 años y estaba preparando un gran show para la televisión chilena en el que andaría en bicicleta con Fujimori, cantaría y se besaría con Miguel Bosé, y almorzaría con Menem.

Dicen que el acuerdo entre ambos fue inmediato. Se reconocieron como iguales: dos personas ambiciosas, con más vida pública que privada. Acaso los dos hayan calculado los beneficios mutuos que podían obtener si la relación prosperaba.

Se pusieron de novios a las pocas semanas aunque la relación no fue difundida hasta un tiempo después de que él dejara de ser presidente argentino. En un viaje a Santo Domingo, él le regaló un corazón de oro y diamantes mientras pasaban unos días en un exclusivísimo resort.

Todavía había revistas del corazón, todavía había paparazzis. Y se hicieron un festín. Fotos robadas, apócrifamente robadas, posadas, en estudio. Muchas tapas en los kioscos con la imagen de la pareja. A ellos se los veía cómodos con la exposición.

Por primera vez en la historia las revistas de actualidad y los programas de mayor rating de la Argentina y Chile hablaban de lo mismo. El romance (tal vez sería más preciso hablar de la relación) entre Menem y Bolocco generaba un interés constante y masivo.

Ella atravesaba su pico de popularidad. Acostumbrada a la exposición, disfrutaba de ser el centro de atención mediática.

En una ocasión hizo una sesión de fotos, semidesnuda, cubierta con una estola de piel de conejo, con los colores de la bandera argentina y el pelo recogido. La imagen fue tapa de Para Ti y provocó un gran revuelo por ese intento poco disimulado de asociar su figura a la de Evita. A eso le sumó alguna declaración altisonante y algunas acciones sociales a las que le dio mucha prensa. También se sentó en el living de Susana Giménez para hablar del expresidente con picos muy altos de rating. Frente a la diva dijo que Menem no era alto y que si uno lo veía en una multitud no llamaba la atención, pero que lo que lo hacía único eran “sus ojos, su energía: es un hombre con un ángel peculiar”.

Faltaba poco para que cayera el gobierno de la Alianza. El clima social era espeso y muchos de los gestos de la nueva pareja no caían bien. Parecían ostentosos y muchos señalaban a la modelo chilena de aprovecharse de la situación y estar en campaña para convertirse en primera dama.

Carlos Menem dando un discurso el 27 de abril de 2003 junto a su exesposa Cecilia Bolocco. (Foto: AFP)
Carlos Menem dando un discurso el 27 de abril de 2003 junto a su exesposa Cecilia Bolocco. (Foto: AFP)

Esa acusación difusa se convirtió en una posibilidad cierta en 2003 cuando acompañó a Menem en su campaña presidencial, aquella que lideró en primera vuelta pero de la que se bajó del ballotage porque sabía que un triunfo era imposible.

En los inicios de la relación arreciaban los rumores sobre mudanzas al exterior, sobre una posible boda y, el que más fuerza tomaba, era el del enojo furibundo de Zulemita Menem, que no quería saber nada con que su padre tuviera una nueva pareja y menos con una mujer a la que doblaba en edad y que tenía su propia agenda, su propio proyecto mediático. Muchos suponían, también, que Zulemita cuidaba su futuro, las arcas familiares.

También se dijo que en enero de 2001, se habían casado en secreto en Las Vegas. Muchos de los que especularon con esa posibilidad y que repitieron la versión no tuvieron en cuenta el afán de figuración de ambos y que, en la lógica de la pareja, no tenía sentido que la celebración fuera un hecho privado, íntimo.

El casamiento, finalmente, se anunció para el 26 de mayo de 2001, 25 años atrás. Como no podía ser de otra manera tendría lugar en La Rioja. Pero Menem tenía reservada una sorpresa. No fue en Anillaco, lo que provocó dolor a los residentes de su pueblo natal (y considerables pérdidas económicas ya que pensaban recaudar mucho con los invitados y la prensa). Fue en la ciudad capital de la provincia. Antes del festejo, en la ceremonia civil hubo un momento incómodo, de esos que generan vergüenza ajena cuando los novios después de ser declarados marido y mujer y de ponerse las alianzas debieron darse un beso. Fue un simulacro de beso. Menem dio vuelta la cara hacia ella con los labios tensos y poco salidos. Ella, a último momento, giró la boca y el beso se depositó en la parte de la mejilla más cercana a la comisura de los labios. Un pico frustrado. Algún porteño lo llamaría un Beso Barracas: pegado a la boca.

La fiesta estuvo dividida en dos, una boda desdoblada. El gobernador Mazza puso la residencia oficial para la celebración: un lugar que Menem conocía porque había vivido allí en los dos periodos en que fue gobernador. Una gran carpa, 200 invitados vip, un menú sofisticado. Luego se enfrentaron a los fotógrafos que, con desesperación, pedían un pico que no llegó.

Carlos Menem y Cecilia Bolocco recién casados bailando el vals. (Foto: AFP)
Carlos Menem y Cecilia Bolocco recién casados bailando el vals. (Foto: AFP)

La última parada fue en el Polideportivo de la capital provincial. 2.000 invitados. O algo así: la entrada era libre y muchas familias riojanas colmaron las gradas. En la superficie de la cancha de básquet, un centenar de mesas que ocuparon los 1.000 invitados especiales. Cuando estaban todos ubicados, los recién casados entraron. Se produjo una ovación más digna de un partido de fútbol que de una boda.

El menú, por la cercanía de la fecha patria, fue locro. No sólo comieron los de las mesas. El público de las tribunas recibió su bandejitas descartables. Dicen que, a pesar de estar a finales de mayo, el sol sobre el techo del tinglado y la aglomeración de las 3.000 personas hicieron que la temperatura fuera muy alta y que la comida elegida no pareciera la más apropiada.

Sonó el vals y Menem, con un traje color aceituna y una camisa amarilla -una extraña combinación-, algo encorvado a sus 72, sacó a bailar a Bolocco. Uno imaginaba al expresidente con más gracia para la danza. Después hubo grupos folclóricos y coreografías de niñas y jóvenes. Bolocco tiró el ramo hacia una de las tribunas.

La torta era enorme, exuberante. Tanto como para asegurar una porción para cada uno de los que transpiraban bajo el tinglado. Siete pisos y 400 kilos de bizcochuelo, crema y dulce de leche.

Cecilia se declaraba muy enamorada, Menem miraba con gesto de ganador y sonreía cada vez que ella contaba que en la intimidad lo llamaba Dulcito.

La pareja no se fue de luna de miel. O sí, según cómo quieran mirase los hechos. Diez días después, Menem fue detenido tras declarar en una de las causas que había en su contra. Pasó 167 días en la quinta de Don Torcuato que pertenecía a su amigo Armando Gostanián. Bolocco estuvo junto a él.

Menem y Bolocco juntos en uno de los festejos de su casamiento. (Foto: AFP)
Menem y Bolocco juntos en uno de los festejos de su casamiento. (Foto: AFP)

En la campaña presidencial de 2003, ella lo acompañó en caravanas, entrevistas y actos proselitistas. Algo que ya había hecho Zulema Yoma catorce años antes cuando, a pesar de estar separados de hecho, fungió en la esposa ideal con fines electorales. Esta vez no alcanzó.

Al poco tiempo una nueva noticia: tras algunos intentos, Bolocco había quedado embarazada gracias a un tratamiento de inseminación artificial.

Máximo Saúl Menem Bolocco nació el 19 de noviembre de 2003 en una clínica de Las Condes, en Santiago de Chile. La foto del bebé en brazos de la pareja recorrió el mundo. Menem se quedó en Santiago varios meses. En medio del nacimiento surgieron nuevos problemas judiciales en la Argentina y temía quedar detenido a su regreso.

Después vinieron años de menos exposición y de rumores de alejamiento. Ella instalada en Chile y él en la Argentina. Personas cercanas a Bolocco dejaron deslizar críticas sobre el escaso trato del padre con su nuevo hijo. Ella se quejó en alguna entrevista: “Lo amo, lo respeto muchísimo, pero en definitiva su vida es la política y con suerte yo vengo después, en segundo lugar, con suerte. Y ahí también Máximo, con suerte, en segundo lugar”.

Hasta que una bomba explotó en las redacciones. El fotógrafo Ángel Mora había conseguido fotos impactantes que probaban la infidelidad de Bolocco.

La ex Miss Universo estaba junto al empresario italiano Luciano Morracchino de 54 años. En las imágenes se los ve en una amplia terraza de Miami abrazándose, besándose, tomando sol. Cecilia sólo lleva la tanga del bikini y está en topless. En alguna imagen, el hombre acaricia uno de sus pechos. En otras, ella se saca la tanga.

Cecilia Bolocco, ex Miss Universo, en una entrevista de televisión en 2003 mientras estaba embarazada. (Foto: AFP)
Cecilia Bolocco, ex Miss Universo, en una entrevista de televisión en 2003 mientras estaba embarazada. (Foto: AFP)

La revista chilena SPQ fue la primera en publicarlas. Los títulos de tapa y de las páginas interiores fueron lo suficientemente explícitos: “Era cierto: Chechi Bolocco se comió al tallarín gordo”, “Cachamos a la ex Miss Universo Cecilia Bolocco totalmente desnuda y en compañía de un hombre ¡que no es su esposo!”.

Un gran escándalo que ocupó los medios durante varias semanas. El divorcio fue inevitable.

Después, Menem vio muy pocas veces a Máximo. El joven reconoció que fue visitado por su padre no más de ocho veces. “Mi madre fue padre y madre a la vez. Hizo todo sola”, dijo.

Cuando era adolescente, fue operado de un tumor cerebral. Su padre viajó a Chile en esa ocasión.

En los días finales de Carlos Menem, cuando ya estaba en coma, Cecilia Bolocco acompañó a su hijo hasta la Argentina para que se despidiera de su padre.

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