Un equipo de la Universidad de Florida modificó el fruto más consumido del planeta con un gen del morrón rojo. Bastarían entre 50 y 100 gramos diarios para cubrir un déficit nutricional muy extendido.
Un tomate que, en lugar de rojo, se viste de naranja intenso dejó de ser una rareza de laboratorio.
Investigadores de la Universidad de Florida, en Estados Unidos, lograron un fruto cargado de betacaroteno —el compuesto que el organismo transforma en vitamina A— y lo presentaron como una herramienta concreta frente a una de las carencias alimentarias más extendidas del planeta. El trabajo se publicó en la revista científica Plant Physiology.
La apuesta no es menor. Según los datos que acompañan la investigación, la deficiencia de vitamina A alcanza a 345 millones de personas en 79 países, con especial peso en zonas de Asia y África. El cuadro golpea sobre todo a chicos muy pequeños y a embarazadas, y arrastra consecuencias serias:
- frena el crecimiento,
- debilita las defensas,
- complica la producción de glóbulos rojos
- y daña la vista.
De hecho, es la principal causa de ceguera evitable en la infancia. A ese panorama, se suma un círculo vicioso: las infecciones frecuentes, sobre todo la diarrea, reducen todavía más la absorción del nutriente.
Un gen del morrón, la clave del cambio
El secreto de este “supertomate” está prestado. El equipo, encabezado por el investigador Jingwei Fu bajo la dirección del profesor Bala Rathinasabapathi, tomó un gen del pimiento rojo —el llamado CCS, vinculado a la síntesis de dos pigmentos conocidos como capsantina y capsorrubina— y lo trasladó al tomate. El resultado fueron plantas que dan frutos anaranjados en vez de colorados, con una carga de betacaroteno bastante más alta que la habitual.

“Los pigmentos son buenos para las personas porque son excelentes antioxidantes, como el color que se ve en las batatas o las zanahorias”, explicó Bala Rathinasabapathi, profesor de Ciencias Hortícolas de la Universidad de Florida, en Estados Unidos.
Después llegó el segundo paso: cruzar esa variedad naranja con otros tomates para obtener híbridos. Esos nuevos ejemplares no solo sumaron más betacaroteno, sino que también mejoraron en rinde, tamaño y sabor frente a los frutos sin modificar. Un combo poco común, porque lo habitual es que al forzar una virtud se resienta otra.
Una porción mínima para un problema enorme
Lo llamativo es la cuenta final. Con apenas 50 a 100 gramos diarios de estos tomates —poco más de un bocado— alcanzaría para cubrir las necesidades de vitamina A de una persona. Los autores eligieron justamente esta hortaliza por una razón bien práctica: es una de las más consumidas del mundo, con una producción anual que ronda los 180 millones de toneladas.

“Los niveles de betacaroteno que se encuentran en los tomates mejorados son superiores a los que se encuentran en los tomates comerciales y en muchos alimentos ricos en betacaroteno, como la col rizada y las batatas”, señaló Rathinasabapathi. Según la investigación, el fruto modificado supera los 1.000 microgramos de vitamina A, alrededor de un 300 % más que un tomate común.
Qué aporta la vitamina A y dónde encontrarla
Más allá del laboratorio, conviene recordar que la mayoría de la población cubre este nutriente con la comida de todos los días. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) indica que el queso, los huevos y el pescado azul son buenas fuentes de vitamina A, mientras que el betacaroteno abunda en vegetales de hoja verde, en zanahorias, batatas y morrones, y en frutas como el mango, la papaya y los damascos.
El problema, en el fondo, no es la falta de alimentos en general, sino el acceso desigual a una dieta variada. Ahí es donde los científicos ven una oportunidad.
“En la actualidad, la deficiencia de vitamina A es un problema grave que afecta a millones de personas, en particular a niños muy pequeños que no reciben la nutrición suficiente en algunas zonas de Asia y África”, afirmó Rathinasabapathi, de la Universidad de Florida (Estados Unidos). Y cerró con una idea que resume el espíritu del proyecto: “Si podemos complementar la dieta de las personas que no consumen suficiente vitamina A con vegetales enriquecidos con betacaroteno, eso resolverá un importante problema mundial”.
El camino del laboratorio a la mesa todavía tiene etapas por delante. Pero la idea de fondo entusiasma: convertir un clásico de la huerta en una respuesta sencilla y barata a un problema que, durante décadas, resultó difícil de torcer.


















































