Cuando era chiquita Gabriela Benac iba de la mano de Guillermo, su papá, mirando góndolas repletas de quesos. El hombre de Olavarría era bastante visionario: fue el primero en esa zona en tener un tambo de doble ordeñe y poner su fábrica.
En ese entonces Gabriela tenía 9 años, y fue allí donde empezó a gestar su propio sueño. Desde esa ciudad bonaerense se proyectó estando al frente de una marca que sea reconocida a nivel nacional, y lo logró.
A los 55 años trabaja junto a sus cuatro hijos, y asegura que “todavía hay para hacer mucho más” en el sector.
“Tuve garra, ganas de hacer grande la firma”
“Estudié tecnología de los alimentos, no me recibí porque me casé de muy jovencita y de Buenos Aires me fui a vivir a Necochea. Ahí arranqué con el modelo de venta al público, llegué a tener unos 10 locales de la empresa familiar”, le contó a TN.
Cuando murió su papá tuvo que empezar prácticamente de cero. Por diferencias con los hermanos respecto del rumbo de la empresa, a los 42 años la llamaron de otro lado y no dudó.

“Esta fábrica estaba detonada, totalmente destruida, yo tenía mucho conocimiento de la industria, y decido alquilarla con opción a compra. Vine con una mano atrás y otra adelante, pero con muchas ganas”, recordó.
Gabriela avanzaba con una meta clara, y “siempre pensando en el valor agregado: que el fabricante no le tenga que vender a un distribuidor, sino directamente al consumidor final”.

“Mi idea era achicar la cadena, sacar intermediarios, y que se beneficien las dos puntas de esa cadena. Tuve garra, ganas de hacer grande la firma y arranqué con el modelo de franquicias, que es un modo de crecer muy rápido con capital y estructura de los inversionistas”, explicó Gabriela.
De levantar la compañía que la había contratado, pasó de diez locales propios a 70 y lograr tener presencia en casi todo el país.
“Tenemos variedad de productos y un modelo de negocio que funciona. No alcanza solo con fabricar; fabricar es un poquito de la cadena, lo más importante es saber comercializar”, reflexionó.

“Uno es artífice de su propio destino”
La empresaria también consideró que junto “al posicionamiento de marca, contar una historia es clave”.
“Detrás del mercado tiene que haber una persona y creo que estamos donde estamos porque salí a contar quién soy. Además de la calidad de los productos, y el valor agregado, acá hay un mensaje de que los sueños se pueden cumplir, con garra, con entusiasmo, armando equipo”, aseguró.
Después de superar muchas dificultades, y empezar casi de cero a los 42, para Gabriela “todo es posible si uno tiene claro el objetivo, y hacia dónde uno quiere llegar”.
“Uno es artífice de su propio destino, uno se proyecta. Y yo lo soñé, lo proyecté, lo puse en positivo y aquí estoy, trabajando con mis hijos. A los 55 te puedo decir que he logrado los objetivos que me he puesto, y creo que esto recién arranca, que todavía hay para mucho más. Opté por el camino más difícil, pero como empresaria soy una gran tomadora de decisiones”, concluyó.

















































