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Bienestar

Advierten que algunos productos plásticos para conservar alimentos pueden interferir en el sistema hormonal

La clave no es vivir con miedo, sino bajar la exposición con decisiones simples y sostenibles.

Cada vez se habla más de comer sano, elegir productos frescos y evitar los ultraprocesados. Pero hay un factor menos visible que también puede influir en la salud: los disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal.

Las hormonas regulan funciones clave del cuerpo, como:

  • el metabolismo,
  • el crecimiento,
  • el apetito,
  • la fertilidad,
  • la tiroides
  • y el equilibrio energético.

Por eso, cuando ciertas sustancias alteran esos mensajes, el impacto puede notarse de distintas maneras.

Los especialistas explican que los disruptores endocrinos no actúan como un tóxico clásico. Pueden imitar una hormona, bloquear su acción o modificar su producción y transporte. “El sistema hormonal funciona mediante un mecanismo de llave y cerradura”, señaló Alberto Fernández, médico español y secretario de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

En esa misma línea, Nicolás Olea, médico español y coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la SEEN, explicó: “Al interferir el sistema de transmisión del mensaje que suponen las hormonas, pueden tener múltiples efectos sobre el equilibrio hormonal en el adulto y sobre el desarrollo y crecimiento en el embrión, feto y el niño”.

Dónde pueden aparecer en la cocina

La cocina es uno de los lugares donde la exposición puede ocurrir todos los días, no solo por lo que se come, sino también por cómo se conserva, se calienta y se prepara la comida.

Uno de los focos más estudiados son los envases plásticos y algunos recubrimientos internos de latas. Sustancias como el bisfenol A, conocido como BPA, y otros bisfenoles pueden migrar al alimento, sobre todo cuando hay calor, grasa o largos períodos de almacenamiento.

También pueden aparecer en utensilios deteriorados, sartenes antiadherentes dañadas, espátulas de plástico de baja calidad o recipientes de un solo uso que se reutilizan muchas veces. A altas temperaturas, algunos materiales pueden liberar compuestos no deseados.

Usar vidrio, cerámica o acero ayuda a reducir la exposición cotidiana. (Imagen ilustrativa IA Gemini)
Usar vidrio, cerámica o acero ayuda a reducir la exposición cotidiana. (Imagen ilustrativa IA Gemini)

Además, ciertos residuos de pesticidas presentes en frutas y verduras, así como algunos aditivos, también forman parte del debate científico sobre la exposición cotidiana.

Según Olea, “se han asociado con actividad hormonal cerca de 2000 productos, que interfieren con la síntesis, transporte, acción y metabolismo de las hormonas, conocidas como disruptores endocrinos”.

Cómo reducir la exposición sin alarmarse

No se trata de eliminar todos los riesgos, algo prácticamente imposible, sino de reducir la carga diaria con gestos realistas.

En la cocina, conviene evitar calentar comida en recipientes de plástico, especialmente en el microondas. También es mejor no colocar envases plásticos en el lavavajillas, porque el calor puede deteriorarlos. Cuando sea posible, se recomienda usar vidrio, cerámica o acero inoxidable para guardar y calentar alimentos.

Otra medida simple es reemplazar utensilios plásticos por madera, acero inoxidable o silicona apta para uso alimentario. Las sartenes antiadherentes con el recubrimiento rayado o levantado deberían dejar de usarse.

En la alimentación, la recomendación es volver a lo básico: más productos frescos, de estación y poco procesados. Lavar bien frutas y verduras, pelarlas cuando sea necesario y variar la dieta ayuda a disminuir la exposición repetida a una misma sustancia.

Fernández también advirtió contra las soluciones mágicas: no existen “dietas milagro” para limpiar las hormonas en pocos días. El cuerpo realiza sus propios procesos de eliminación a través del hígado y los riñones, y la mejor estrategia es evitar exposiciones innecesarias.

El mensaje final es simple: no hace falta vivir con miedo a cada envase o utensilio. Pero sí vale la pena revisar pequeños hábitos. Menos plástico, más cocina casera y más alimentos frescos pueden ser una forma concreta de cuidar la salud hormonal desde la mesa de todos los días.

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