En la República Argentina, el peronismo no es solo un movimiento político; es un género cinematográfico que combina el drama shakesperiano, la comedia de enredos y, ocasionalmente, el “catch” de Titanes en el Ring. El reciente escándalo en la sede del Partido Justicialista (PJ) no fue la excepción. Lo que empezó como una reunión de “unidad y reflexión” terminó con dos compañeros intercambiando algo más que ideas: intercambiaron guantazos de derecha e izquierda (aunque, técnicamente, ambos juran ser de la columna vertebral del movimiento).
Todo comenzó cuando el aire se espesó más que un guiso de lentejas en una unidad básica sin ventilación. Las palabras “traidor” y “zorro” empezaron a volar por el salón, rebotando en los bustos de Perón y Evita, que seguramente desde el más allá ya se estaban tapando la cara con las manos.
—”¡Vos andás con el zorro traidor!”, gritó uno, señalando con un dedo acusador que parecía cargado de 220 voltios.
Para el espectador desprevenido, “el zorro traidor” podría sonar a un villano de Disney de bajo presupuesto o a un personaje secundario de una fábula de Esopo. Pero en el PJ, esa frase es el equivalente a tirar un fósforo en un depósito de pirotecnia. Ser llamado “zorro” implica astucia malintencionada, y ser “traidor”… bueno, ese es el deporte nacional dentro del partido desde 1945.
Lo que siguió fue una coreografía de la pasión militante. No fue una pelea de profesionales tipo Las Vegas; fue esa clase de riña donde se revolean carpetas, se vuelcan cafés fríos y alguien, siempre alguien, termina con la corbata de costado gritando: “¡Sujétenme que lo mato!”, mientras reza para que efectivamente lo sujeten fuerte.
El “zorro traidor”, el tercero en discordia que ni siquiera estaba presente para defender su honor (o su falta de él), se convirtió en el fantasma que recorre la sede. ¿Quién es el zorro? En el peronismo, el zorro siempre es el que cerró un acuerdo con el bando contrario diez minutos antes que vos. Es una categoría existencial.
La escena terminó como terminan todas estas grandes tragedias griegas del conurbano: con un comunicado oficial hablando de “acalorado debate de ideas” y “matices dentro de la diversidad del movimiento”. Porque, como todos sabemos, en el peronismo no se están peleando, se están reproduciendo… aunque a veces el método de reproducción incluya un ojo morado y una amenaza de irse con “los otros” (para volver tres meses después como si nada hubiera pasado).
Al final del día, los dos contendientes se habrán ido a su casa pensando en la próxima jugada. Porque en el maravilloso mundo del PJ, hoy sos el “zorro traidor”, mañana sos el “compañero imprescindible” y pasado mañana… bueno, pasado mañana mejor llevá casco, por si las dudas.
















































