Le dieron 24 horas de vida al nacer. Hoy se ríe, reconoce voces y pelea cada día contra un diagnóstico que la ciencia consideraba terminal. Catalina convirtió cada pronóstico en punto de partida.
Catalina tiene 9 años —el 15 de junio cumple 10— y desde antes de nacer la ciencia ya había subestimado lo que era capaz de hacer. En la semana 24 de embarazo, los estudios mostraron que los ventrículos de su cerebro crecían más de lo esperado. La placenta se deterioraba. Todo indicaba un parto prematuro de alto riesgo. Cuando nació, pasada la semana 33, los médicos estimaron que no sobreviviría más de 24 horas. Si lo hacía, quizás una semana.
“Ella desafió a la ciencia desde el primer momento”, señaló Gabriela Albarenque, su madre.
Una enfermedad tan vieja como la humanidad
Lo que estaba detrás de todo era el Toxoplasma gondii, un parásito que existe desde hace milenios y que infecta de forma silenciosa a entre el 30 y el 50 por ciento de la población mundial, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). En la mayoría de los casos, el sistema inmune lo neutraliza sin que la persona lo note.
El problema ocurre cuando la infección se produce durante el embarazo y el parásito atraviesa la barrera placentaria. La toxoplasmosis congénita puede provocar daño neurológico severo: microcefalia, hidrocefalia, parálisis cerebral, epilepsia, alteraciones visuales. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Catalina, que nació con todas esas condiciones simultáneamente, además de una coriorretinitis —inflamación de la retina y la coroides— en ambos ojos.

Su madre pasó cuatro horas en el quirófano durante el parto, perdió el útero e hizo una hemorragia masiva. Recién pudo ver a su hija 36 horas después, cuando salió de terapia intensiva.
Nueve años de desafiar cada pronóstico
En sus primeras semanas de vida, Catalina atravesó múltiples cirugías: primero para tratar la hidrocefalia y luego por una meningitis. Con el tiempo, aprendió a sentarse, pararse, comer por la boca, reconocer voces y reír.
Pero el 20 de marzo de 2020, con el inicio del aislamiento por la pandemia, tuvo una convulsión de seis minutos que borró buena parte de ese progreso. “Palabra de los médicos, no se le quemó el cerebro de milagro. Estuvimos un mes internadas”, relató Gabriela.

Dejó de comer y de sentarse. Sus huesos se debilitaron hasta que, dos años más tarde, una fractura reveló osteoporosis. A los 7 años, debió ser operada de ambas caderas, y con eso la posibilidad de volver a ponerse de pie parecía definitivamente descartada. Ocho meses después ya lo hacía con la ayuda de un bipedestador.
“Una vez más, se reía de los libros de medicina”, dijo su madre.
Lo que la tecnología está explorando
En 2022, Gabriela leyó sobre el Cytotron, una tecnología desarrollada por el científico indio Rajah Vijay Kumar que emplea resonancia magnética nuclear cuántica rotatoria con el objetivo de estimular la regeneración celular. El dispositivo, conocido fuera de los circuitos médicos convencionales por la película de Netflix Los dos hemisferios de Lucca —basada en la experiencia de la periodista Bárbara Anderson con su hijo—, se aplica en centros de India y México para pacientes con parálisis cerebral.
Se trata de un tratamiento experimental: no cuenta aún con validación en ensayos clínicos controlados a gran escala, y los propios centros que lo ofrecen lo presentan como una alternativa en investigación, no como una cura establecida. El desarrollador original no acepta actualmente casos neurológicos como el de Catalina, pero un centro en Monterrey, México, sí la aceptó.
En julio de 2025, Catalina viajó a México por la primera etapa del tratamiento. Su familia recuerda haberla visto esforzarse al máximo, mostrar avances que —aunque pequeños para un ojo externo— representaron mucho para quienes la conocen. La segunda etapa está prevista para julio de 2026, y reunir los fondos necesarios es hoy el desafío central.
El 15 de junio no es solo el cumpleaños de Cata: es también la fecha límite para completar el pago del tratamiento. Todavía faltan 36 millones de pesos. La familia agotó rifas y eventos; lo que resta, dicen, depende de que personas con posibilidad de hacerlo aporten el equivalente a un regalo de cumpleaños para llegar a la meta. Quienes quieran colaborar pueden transferir al alias AGARRATECATALINA.25 (Banco Nación, titular Gabriela Albarenque).


















































