La vocera del organismo celebró la baja del riesgo país, la compra de reservas y el superávit comercial pero dejó claro que quiere un esquema de metas de inflación mientras el Gobierno defiende el target monetario.
El FMI volvió a hablar de Argentina en su conferencia quincenal y dejó una escena bastante clara: elogió casi todo, pero no respondió lo más incómodo. El organismo celebró la baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos, la compra de reservas, el superávit comercial y la entrada de capitales. Pero evitó decir si eso alcanza para que el Gobierno vuelva al mercado o si Luis Caputo deberá seguir buscando financiamiento alternativo, como repos, para enfrentar los pagos de deuda de comienzos de julio.
Las preguntas fueron al hueso. La primera apuntó a la reforma impositiva pedida por el Fondo. Las cámaras de comercio argentinas la rechazaron, sobre todo por Ganancias y el monotributo, porque advierten que puede ser regresiva para un consumo que viene golpeado desde los primeros meses del año. La segunda fue sobre el mercado: con el riesgo país debajo de 500 puntos, ¿Argentina ya puede volver a emitir deuda o necesitará otras fuentes, como operaciones de repo, ante los vencimientos por 4.300 millones de dólares previstos para comienzos de julio? También apareció la frase de Caputo, que dijo que Argentina podría comprar muchos más dólares que los acordados y llegar hasta 24.000 millones.
La vocera del FMI contestó lo que quiso y desplegó el libreto optimista. “Quiero reconocer el progreso significativo que se hizo para estabilizar la economía argentina durante los últimos dos años y medio. La inflación anual cayó de alrededor del 200% a fines de 2023 al 30% actual. El déficit fiscal se redujo en alrededor de cinco puntos del PBI. Argentina registró superávits fiscales primarios consecutivos por primera vez en casi dos décadas”.
La trampa del dólar estable consolida una economía dual
La vocera agregó: “Se implementaron reformas importantes en política fiscal, comercio y mercado laboral, algunas con apoyo del Congreso argentino. El objetivo de estas reformas es crear una economía más abierta y basada en el mercado. Y quiero enfatizar un punto: todo este progreso llevó a una reducción muy significativa de la pobreza, que cayó de más del 50% a menos del 30% más recientemente”.
El segundo punto fue el frente externo. “En Argentina están en marcha esfuerzos importantes para fortalecer la estabilidad externa y la resiliencia. Desde el comienzo de este año, el Banco Central ya compró 10.000 millones de dólares en divisas en términos de reservas. Eso significa que la posición de reservas internacionales netas del país aumentó en más de 7.000 millones de dólares, y que ya está cerca de alcanzar la meta de fin de año”.
Quiero reconocer el progreso significativo que se hizo para estabilizar la economía argentina durante los últimos dos años y medio. La inflación anual cayó de alrededor del 200% a fines de 2023 al 30% actual. El déficit fiscal se redujo en alrededor de cinco puntos del PBI. Argentina registró superávits fiscales primarios consecutivos por primera vez en casi dos décadas.
“El desempeño, mucho mejor de lo previsto, refleja una balanza comercial más fuerte y entradas de capitales. La balanza comercial se explica en parte por una mejora de la confianza y por mejoras estructurales en los sectores de minería, energía y agro. Argentina, como exportador neto de energía, está obteniendo algún beneficio en el sector externo por el aumento de los precios de la energía”, siguió.
Y completó: “Como resultado de esta mejora y fortalecimiento de la posición externa, los spreads de Argentina se redujeron por debajo de los 500 puntos básicos. Además, recientemente el país fue mejorado por una de las agencias calificadoras de riesgo. La dirección sigue siendo muy alentadora”.
Pero la frase clave llegó después. “El foco en el corto plazo estará puesto en seguir construyendo resiliencia y colchones externos para Argentina. Eso le permitirá manejar mejor los shocks que puedan aparecer y, con el tiempo, ayudar a que Argentina asegure un acceso estable tanto a los mercados locales de capital como a los mercados internacionales”.
El Fondo no dijo “repos”, pero dejó una puerta entreabierta. Entre líneas, todavía quiere ver más reservas, más dólares propios y más espalda antes de abordar el capítulo del financiamiento de emergencia. El informe del staff incluso asume una estrategia de financiamiento con bonos en dólares bajo ley local por unos 5.000 millones en 2026 y préstamos comerciales respaldados por organismos por 4.000 millones como puente hacia el mercado internacional. También proyecta emisiones bajo ley extranjera por unos 11.000 millones anuales entre 2027 y 2031. La escalera está dibujada.
El segundo punto de tensión y el más delicado se ubicó en la política monetaria. El staff del Fondo empujó hacia un régimen de metas de inflación. El Gobierno argentino logró dejar asentado que todavía no lo considera viable y que por ahora prefiere seguir con un esquema de agregados monetarios. La diferencia parece técnica, pero ordena todo el programa.
Pero la vocera del FMI insistió con la idea en la conferencia de prensa: “El marco monetario debería evolucionar para permitir una mayor flexibilidad cambiaria y una mayor dependencia de la tasa de interés como herramienta clave de política, donde las metas de inflación eventualmente reemplazarían a los agregados monetarios como ancla nominal” subrayó.
Las metas de inflación funcionan con una lógica más convencional. El Banco Central anuncia un objetivo de inflación y usa la tasa de interés como instrumento principal para ordenar expectativas. Si los precios se recalientan, sube la tasa. Si la inflación baja y la economía se enfría, puede bajarla. Es el manual clásico de los bancos centrales. Pero requiere credibilidad, mercado de crédito profundo, una moneda que la gente use para ahorrar y una tasa que realmente mueva decisiones.
El agregado monetario es otra cosa. En vez de prometer una inflación futura y manejar la tasa, el Banco Central controla la cantidad de pesos. Mira agregados monetarios. Limita la expansión de la base. Administra liquidez. Para el Gobierno, ese esquema sirvió para bajar rápido la inflación después de esquivar la hiperinflación. También le permite moverse en una economía donde la dolarización sigue pesando y donde la tasa de interés todavía no funciona como volante fino.
El FMI dice que lo normal sería ir hacia metas de inflación. Caputo y el BCRA responden que todavía no, porque con esta economía dolarizada y con un canal de tasas débil eso desataría la corrida. El propio informe recoge la posición argentina. El staff “enfatiza los méritos” de las metas de inflación frente al agregado monetario, pero reconoce que las autoridades “no consideran factible” ese régimen en el corto o mediano plazo.
















































