¡Ay, caramba! Parece que en la provincia de Leandro Zdero las cosas no andan precisamente sobre ruedas, ¿verdad? Nuestro querido gobernador, según me cuentan las cotorras, ¡anda más hundido en las encuestas que un submarino con agujeros! Al parecer, su imagen negativa está llegando a niveles estratosféricos, casi tocando fondo. ¡Pobre hombre! Uno pensaría que con semejante panorama, todos andarían con pies de plomo, midiendo cada palabra y cada acción. ¡Pero no!
Aquí es donde la historia se pone jugosa, ¡más jugosa que un buen chisme de lavadero! Resulta que, mientras el gobernador Zdero lucha por mantenerse a flote en el mar de la impopularidad, su jefe de prensa, ni corto ni perezoso, ¡decidió que era un excelente momento para irse de parranda! Y no una parrandita cualquiera, ¡no, señores! Una de esas que quedan para la posteridad, digna de ser contada a los nietos (si es que se acuerda de algo al día siguiente, claro).

Me cuentan, con lujo de detalles, que el señor Marcos Resico fue encontrado “nuevamente de curda”. ¡Nuevamente! Lo que implica que no es la primera vez que lo pillan con las manos en la masa, o mejor dicho, con el vaso en la mano. Y no estaba solo, ¡oh, no! Estaba muy bien acompañado por “chicas”, así, sin más detalles. Uno se imagina la escena: risas, música, brindis, y quizás, solo quizás, alguna que otra declaración comprometedora.
Y lo mejor de todo, ¡lo que le pone la cereza al pastel! Es que, al parecer, al señor Resico “nada le importa”. ¡Nada! Ni la crisis de imagen del gobernador, ni la situación económica de la provincia, ni el qué dirán. Él estaba allí, disfrutando de la vida como si fuera el último día. ¡Un verdadero adalid del “carpe diem”!

Uno no puede evitar preguntarse, ¿qué pensará el gobernador Zdero de todo esto? ¿Lo tomará con humor? ¿O le dará un ataque de nervios al ver que su jefe de prensa está más preocupado por la vida nocturna que por limpiar su imagen? ¡Las preguntas nos carcomen!
Pero bueno, al final del día, cada uno es dueño de sus actos. Y si el señor Resico quiere pasar sus noches de juerga, ¡pues que las pase! Eso sí, que después no se queje si las consecuencias de sus actos le salpican. Porque en política, como en la vida, todo se paga. Y a veces, la resaca moral es peor que la física.
Así que, mientras tanto, nosotros seguiremos aquí, con las palomitas en mano, observando cómo se desarrolla este culebrón. Porque si algo nos ha enseñado la política argentina, es que siempre hay un nuevo capítulo, una nueva sorpresa, un nuevo escándalo a la vuelta de la esquina. ¡Y nosotros no nos lo queremos perder por nada del mundo!
Por cierto, ¿alguien sabe qué trago estaba tomando el señor Resico? ¡Es para un amigo! 😉














































