En la Argentina de hoy, si te quedaste estancado pensando que un diputado debe presentar proyectos de ley, redactar artículos o, no sé, conocer la Constitución, lamento decirte que sos un “vintage”. Estamos en la era del engagement, y si no estás generando un clip viral con música de TikTok de fondo mientras ninguneás a la mitad del padrón electoral, ¿realmente estás representando al pueblo?
Hablemos de nuestra protagonista, la “Reina de la Naranja”. Una figura que parece haber confundido el Palacio del Congreso con la casa de Gran Hermano, pero con la ventaja de que a ella no la pueden votar para que se vaya el domingo (al menos no por ahora). Su última gran contribución al bienestar nacional no fue una baja de impuestos ni un plan de fomento regional, sino un tierno y empático: “Me daría pena ser ustedes”.

Es una frase poética, si lo pensamos bien. Es el equivalente político a ese “no sos vos, soy yo” pero versión “yo estoy acá con fueros y vos estás ahí pagando el aumento del bondi”. Hay que reconocerle el mérito: requiere una autoestima niveles estratosféricos burlarse de la gente que te paga el sueldo. Es como si el mozo de un restaurante te trajera la sopa fría y, cuando te quejás, se riera de tus zapatos. Un concepto disruptivo, casi vanguardista.
Mientras tanto, en su provincia deben estar chochos. Seguramente los problemas de infraestructura y economía se solucionan solos cada vez que la diputada sube una story peleándose con un NN en Twitter. “Che, no tenemos cloacas”, dirá un vecino. “Sí, pero ¿viste cómo domó la diputada a ese zurdo de 14 seguidores?”, responderá otro, mientras el algoritmo le devuelve una sonrisa digital.
El problema es que la política argentina se convirtió en un reality show de bajísimo presupuesto. Antes, los papelones legislativos incluían discursos eternos o algún insulto rimbombante. Ahora, el “debate parlamentario” se resume en ver quién tiene el comentario más desagradable para juntar likes. Es la meritocracia del hate.
Ver a alguien sentado en una banca —ese lugar sagrado donde se supone que reside la voluntad popular— usando su tiempo para tirar frases de adolescente despechada en una red social, da un poco de nostalgia. Nostalgia de cuando los políticos, aunque no hicieran nada, al menos tenían la decencia de fingir que no nos despreciaban en la cara.
Pero bueno, no seamos resentidos. Ella tiene razón: nos debería dar pena ser nosotros. Porque nosotros somos los que nos quedamos mirando el espectáculo, esperando soluciones, mientras ellos se preocupan más por el ángulo de la selfie que por el ángulo de la curva de inflación.
¡Un aplauso para la Reina! Que sigan los reels, que sigan las burlas y que sigan los canjes de naranjas, porque lo que es legislar… eso se lo dejamos a los que no tienen un feed tan estético. ¡Qué papelón, señores, pero qué buen alcance tiene el posteo!
DIARIO32














































