Deserciones y cierres de programas de conservación podrían multiplicarse si persisten los obstáculos económicos y el agotamiento del personal de campo
En las playas de arena blanca de Gabón, las tortugas marinas enfrentan amenazas crecientes que comprometen su supervivencia y la de uno de los ecosistemas más valiosos de África. Este país, considerado un santuario para estos reptiles, busca mantener la protección de cuatro especies ante presiones humanas, pérdidas de hábitat y falta de recursos.
Según informa AFP, Gabón afronta retos considerables en la protección de las tortugas marinas, debiendo responder tanto a la erosión costera y depredadores naturales como a la pesca industrial, la contaminación plástica y los recortes en el financiamiento internacional.
La vigilancia de los nidos y la supervivencia de las crías se ven comprometidas por la falta de recursos y retrasos en el pago de los guardaparques, lo que pone en riesgo el éxito de la temporada de anidación, que transcurre desde octubre hasta abril.

Con 900 kilómetros de costa, Gabón ofrece refugio a la tortuga laúd, la tortuga verde, la olivácea y la carey. El país alberga la mayor densidad de anidación de la tortuga laúd a nivel mundial, reconocida como amenazada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El Parque Nacional de Pongara, cercano a Libreville, destaca por sus playas de mar abierto y pendientes suaves, condiciones idóneas para la llegada de las hembras.
“La tasa de supervivencia de las tortugas es de una entre 1.000“, afirmó Francois Boussamba, director de la ONG Aventuras Sin Fronteras, a AFP. Ese bajo índice refleja el grave riesgo al que se enfrentan los recién nacidos en los primeros metros de arena. “Si hay tortugas, significa que nuestro ecosistema está sano y en buen estado”, destaca.

Estrategias de conservación y desafíos en la anidación
Organizaciones como Project Turtles Tahiti Gabon y la Agencia Nacional de Parques Nacionales (ANPN) impulsan patrullajes diarios en las playas para proteger los nidos. Los huevos más expuestos se trasladan a incubadoras cercanas al mar, espacios protegidos donde permanecen hasta el momento de la eclosión.
Una vez que las crías emergen del cascarón, no se conducen directamente al agua. “Necesitan fortalecer sus músculos para poder nadar en el océano”, explica Clemence, voluntaria de la asociación, a AFP. Este proceso incrementa las posibilidades de supervivencia, aunque solo una fracción de las crías logra llegar hasta la madurez en la naturaleza.

Amenazas naturales y humanas a las tortugas marinas
La erosión costera, intensificada por el cambio climático y el alza del nivel del mar, destruye zonas esenciales de anidación. Depredadores como cangrejos y aves también causan pérdidas de huevos durante el período de incubación de 60 días.
A estas amenazas naturales se suma la acción humana. La contaminación por plásticos, la pesca industrial y la caza furtiva ejercen una presión constante sobre las poblaciones de tortugas marinas en Gabón. Esta situación dificulta la recuperación de las especies y afecta la sostenibilidad del ecosistema.
Edouard Moussavou, subdirector del parque de Pongara, resalta el papel de los guardaparques en la protección: al vigilar los huevos al señalar a AFP que “ayudan a garantizar la supervivencia de esta especie”.

Dificultades en la financiación y el trabajo de los guardaparques
Desde 2013, los esfuerzos de conservación en Gabón contaron con financiación proveniente de Estados Unidos, a través de su Servicio de Pesca y Vida Silvestre. Sin embargo, la suspensión de estas ayudas provocó que “las actividades de monitoreo de tortugas se hayan detenido o ralentizado drásticamente”, advirtió Moussavou, quien añadió: “Habrá menos personal, menos datos, y eso realmente nos crea dificultades”.
El problema se agrava con los retrasos en los pagos a unos 580 guardabosques ecológicos de la ANPN, responsables de los 13 parques nacionales. Sosthene Ndong Engonga, secretario general de la Unión Nacional de Ecoguardas Gaboneses, denuncia que el personal a menudo debe trabajar sin salario y enfrenta constantes obstáculos burocráticos para cobrar.

“Tenemos gastos que ya no podemos cubrir”, declaró Engonga a AFP, lo que sitúa a muchos guardabosques ante la posibilidad de abandonar sus labores. En la playa de Pongara, Alain Banguiya, guardaparques desde 2015, lleva dos meses sin sueldo, pero asegura que renunciar está descartado en su caso y continúa comprometido con la protección de las tortugas a pesar de las adversidades.
A pesar del cansancio y la escasez de recursos, quienes custodian los nidos en Pongara y otras playas gabonesas mantienen su determinación por preservar estas especies. Para ellos, la conservación es una labor prioritaria, más allá de los obstáculos diarios, como destaca AFP.



















































