Los dispositivos ingresaron en edificios derrumbados de La Guaira y enviaron imágenes desde espacios inaccesibles para los equipos de rescate. La misión expuso el potencial de la robótica ante una catástrofe y los límites que todavía debe superar fuera del laboratorio.
Robots serpiente desarrollados para entrar en espacios donde no cabe una persona fueron desplegados en La Guaira después de los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio.
Equipadas con una cámara frontal, estas máquinas alargadas buscaron sobrevivientes a través de huecos entre los escombros y transmitieron imágenes para orientar a los rescatistas.
Un equipo de la Universidad Carnegie Mellon trabajó durante tres días luego de la tragedia, junto con integrantes de las cruces rojas de Venezuela y Colombia, los Topos de México, voluntarios y grupos internacionales de búsqueda. La intervención se concentró en varios edificios colapsados de una de las zonas más afectadas por el desastre.

La inspección de cavidades permitió descartar sectores, reducir la incertidumbre y ayudar a los responsables del operativo a decidir dónde concentrar la búsqueda.
Cómo funcionan los robots serpiente entre los escombros
Estos robots están formados por una sucesión de módulos articulados que imitan el movimiento de una serpiente. Esa estructura les permite doblarse, trepar sobre superficies irregulares y avanzar por aberturas estrechas entre losas, vigas y paredes.
Una cámara instalada en la parte delantera muestra lo que ocurre dentro de huecos y espacios en los que no pueden llegar los rescatistas. El operador dirige el desplazamiento desde el exterior, mientras el sistema coordina los movimientos de las articulaciones para que el cuerpo avance por un recorrido lleno de obstáculos.
Su función principal es explorar. Los robots no levantan grandes bloques ni extraen personas. Su aporte consiste en extender la visión de los equipos humanos, detectar posibles rutas de acceso y reunir información antes de que los rescatistas ingresen en una estructura inestable.
El diseño resulta especialmente útil cuando una cámara colocada en una vara no alcanza el punto que necesita revisarse. El cuerpo articulado puede superar curvas, desniveles y cambios de dirección dentro del derrumbe, una capacidad que ya había sido probada por el mismo laboratorio después del terremoto de Ciudad de México de 2017.
En aquella misión, el robot obtuvo imágenes de dos cavidades inaccesibles para los sistemas convencionales y permitió confirmar que estaban vacías.
Cómo fue la misión de rescate en Venezuela
La llegada de los robots ocurrió después de que Beatriz Gonzalez, una venezolana radicada en Atlanta, buscara tecnologías capaces de internarse en edificios derrumbados. Su investigación la llevó hasta el antecedente de México y al Biorobotics Lab de Carnegie Mellon.
El contacto activó una preparación acelerada. El equipo y los dispositivos llegaron a Miami dentro de las 24 horas siguientes, a la espera de un vuelo hacia Venezuela.
En La Guaira, los investigadores debieron adaptar el trabajo a condiciones cambiantes, fallas de equipos, dificultades de transporte y barreras de idioma. También necesitaron resolver el suministro eléctrico, las comunicaciones y las reparaciones necesarias para mantener los robots en funcionamiento.
Uno de los despliegues se realizó en un edificio donde distintos grupos de rescate tenían indicios contradictorios. Un equipo con perros no había detectado sobrevivientes y cámaras infrarrojas habían señalado una posible presencia.
El robot avanzó entre 4,5 y 6 metros dentro de una abertura y descartó que allí hubiera una persona viva o muerta. Así, la exploración permitió revisar un sector al que los rescatistas no podían acceder de forma segura.
Una tecnología prometedora que todavía necesita mejoras
El operativo venezolano funcionó como una prueba en condiciones reales. La experiencia mostró que la movilidad del robot representa solo una parte de la misión. La energía disponible, el transporte, la comunicación entre equipos, la velocidad de reparación y la facilidad de uso también determinan si la tecnología puede aportar información a tiempo.
Carnegie Mellon reconoció que el despliegue reveló problemas técnicos y operativos que deberán resolverse para mejorar la confiabilidad, la portabilidad y la preparación de estos sistemas. La diferencia entre un ensayo controlado y un edificio derrumbado quedó expuesta en cada etapa del operativo.
Es importante aclarar que los robots serpiente no sustituyen a los rescatistas, los perros entrenados ni los sensores utilizados después de un terremoto. Se suman como una herramienta capaz de mirar dentro de lugares inaccesibles y aportar datos antes de una intervención humana.
Los dos terremotos dejaron más de 5000 muertos, alrededor de 16.800 heridos y unas 18.000 personas sin hogar, de acuerdo con los reportes citados por Carnegie Mellon. Cerca de 6500 personas habían sido rescatadas tras la catástrofe.



















































