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Las 3 tendencias del cibercrimen que se consolidaron en 2026 y ponen en peligro la seguridad informática en 2027

La IA ofensiva, la evolución del ransomware y la aplicación de nuevas regulaciones definirán las estrategias de defensa durante los próximos meses.

Durante 2026, el avance de la inteligencia artificial y la automatización transformaron el ecosistema digital.

Pero este proceso, que impulsó nuevas herramientas y servicios, también permitió a los ciberdelincuentes acelerar sus operaciones, ampliar la cantidad de objetivos y ejecutar campañas sofisticadas con menos conocimientos técnicos.

En este contexto se consolidaron tres tendencias que ya aparecen entre los principales riesgos para la seguridad informática en 2027: la IA ofensiva, la evolución del ransomware y la aplicación de nuevas regulaciones definirán las estrategias de defensa durante los próximos meses.

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La IA reduce las barreras de entrada al ciberdelito

Los modelos generativos dejaron de ser herramientas reservadas para tareas de productividad. “La inteligencia artificial pasó a convertirse en un vector crítico dentro del universo delictivo”, explicó Mario Micucci, especialista de ciberseguridad en ESET. “La disponibilidad masiva de modelos generativos, frameworks de agentes autónomos y entornos que permiten automatizar tareas complejas contribuyó al perfeccionamiento de las capacidades ofensivas”, agregó.

Gracias a varias aplicaciones de IA, los atacantes ya pueden preparar campañas de phishing adaptadas a cada víctima, crear contenido sintético convincente y automatizar distintas fases de una intrusión.

A esta capacidad se suman los agentes autónomos, programas capaces de encadenar acciones y completar tareas con escasa intervención humana. Aplicados a una operación delictiva, pueden colaborar en el reconocimiento de un objetivo, la búsqueda de vulnerabilidades, la explotación de sistemas y la evasión de herramientas defensivas.

Una campaña que antes requería especialistas y varias horas de trabajo puede organizarse con instrucciones sencillas. La IA también facilita la generación de mensajes fraudulentos con menos errores, profundiza el realismo de los deepfakes y permite distribuir desinformación a gran escala.

El cambio más relevante está en la capacidad de multiplicar los ataques con una inversión reducida. Los delincuentes pueden alcanzar a más personas, probar distintas variantes de un engaño y modificar sus técnicas a medida que encuentran obstáculos.

La adopción de estas herramientas dentro de las empresas también presenta riesgos. Una implementación carente de controles puede derivar en problemas legales, daños reputacionales y decisiones estratégicas apoyadas en información poco confiable.

El ransomware incorpora nuevas formas de extorsión

El ransomware conservará protagonismo durante el resto de 2026 y 2027. La actividad sostenida de los grupos que trabajan bajo el modelo Ransomware-as-a-Service, conocido como RaaS, confirma que este negocio criminal mantiene su rentabilidad y capacidad de adaptación, especialmente en América Latina, aseguraron desde ESET.

Algunas bandas experimentan con IA generativa para producir código y variantes de malware con mayor nivel de ofuscación. Su impacto más profundo aparece en la coordinación de los ataques, la ingeniería social y el desplazamiento dentro de las redes comprometidas.

La automatización también puede intervenir durante la extorsión. Los delincuentes tienen la posibilidad de segmentar la publicación de archivos robados, dirigir amenazas contra clientes de la víctima y generar contenido falso para incrementar la presión reputacional. Incluso las negociaciones por el rescate podrían apoyarse en sistemas capaces de analizar las respuestas y ajustar los mensajes enviados.

Este esquema favorece la aparición de grupos pequeños con capacidad para ejecutar operaciones de mayor escala. El resultado proyectado es un ecosistema criminal más fragmentado, con ataques veloces y mayores dificultades para determinar quién estuvo detrás de cada incidente.

“El ransomware no desaparecerá: seguirá reinventándose”, afirmó Micucci.

Las regulaciones pasan de los principios a los controles

La discusión sobre las reglas aplicables a la inteligencia artificial ingresará en una etapa práctica. El AI Act de la Unión Europea funciona como referencia para políticas que buscan establecer responsabilidades sobre el desarrollo, la distribución y el uso de estos sistemas.

Entre las principales medidas aparecen la trazabilidad del contenido sintético, el etiquetado de materiales generados con IA y las restricciones para aplicaciones consideradas de alto riesgo. Dentro de ese grupo se encuentran ciertos usos de la biometría, la manipulación emocional y las herramientas aplicadas a infraestructura crítica.

Los modelos de propósito general también quedarán bajo mayor fiscalización. Las organizaciones deberán documentar sus procesos, evaluar el funcionamiento de los proveedores y prepararse para posibles reclamos o litigios vinculados con decisiones automatizadas.

Las empresas latinoamericanas enfrentarán exigencias cada vez más grandes para garantizar la integridad de la información procesada por IA. Las auditorías de proveedores, la supervisión humana y los protocolos de respuesta ante incidentes relacionados con estos sistemas ocuparán un lugar central.

“La convergencia entre IA, automatización, ransomware y nuevas regulaciones define un escenario donde la complejidad aumenta, pero también las oportunidades para fortalecer la resiliencia. Además de la adopción de herramientas, la defensa debe apoyarse en estrategias, entendimiento del riesgo y toma de decisiones informadas”, advirtió Micucci.

Frente a una IA cada vez más integrada en todos los ámbitos, desde el delito hasta la gobernanza, la clave será encontrar un equilibrio entre innovación y protección. “La velocidad del cambio tecnológico implica que la seguridad no es un destino, sino un proceso continuo de adaptación. El 2026 nos obliga a mirar más allá de la tecnología y entender que los desafíos del futuro serán, ante todo, desafíos humanos”, concluyó el especialista.

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