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Milei enfrenta el dilema de Massa en 2023: cómo ser gobierno y candidato cuando la economía no responde

El riesgo país no para de subir, marcando que los mercados no confían en el plan económico y dudan de las chances electorales del libertario. La “malvinización” no alcanzó para sacar a la economía de la agenda pública, y el “estilo Milei” no triunfa en las encuestas.

“Voy a morir con las botas puestas”, dijo Javier Milei el pasado miércoles en Madrid, cuando los periodistas españoles le preguntaron sobre sus insultos al jefe de Gobierno Pedro Sánchez: el Presidente es así y no va a cambiar. Así lo entendían también los mercados; porque, entre insulto e insulto, el riesgo país volvía a cruzar la peligrosa barrera de los 700 puntos básicos. Subió diez veces más que el promedio de los países de la región que mide el índice que elabora el banco J. P. Morgan.

Hoy el riesgo de default argentino solo es superado por Bolivia y Venezuela. Y no solo se trata de la cotización de los bonos y su riesgo de default: la inversión extranjera directa —esa que realmente “entierra” dólares para producir y que no se puede ir de un día para el otro especulativamente— es la mitad que el promedio regional.

Milei, cuando dijo en España que morirá con las botas puestas, no se refería directamente a la economía, sino a su estilo agraviante, que ya había llevado al Gobierno español en 2024 a retirar a su embajador en Buenos Aires.

Pero los mercados están entendiendo el mensaje. Milei prefiere “morir con las botas puestas” antes que cambiar su plan económico. El propio presidente argentino ya está admitiendo que “los indicadores no estarían evolucionando tan positivamente”, pero —obviamente— no sería por culpa de su plan económico, sino por la guerra de Medio Oriente, como dijo esta semana.

Pero la suba del riesgo país argentino a un año de las elecciones presidenciales está diciendo que los mercados y muchos potenciales inversores están viendo algo que no les gusta en el plan económico del libertario: están viendo que Milei está intoxicándose con su propio relato, como se intoxicaron otros líderes políticos argentinos antes que él.

El mejor ejemplo que Milei tiene a mano es el de Sergio Massa. Su rival en el balotaje de noviembre de 2023 fracasó intentando venderse como candidato cuando él era —nada menos— que el ministro de Economía de una economía con inflación de más de 100 por ciento anual, desabastecimiento y un nivel de pobreza que iba en aumento.

Milei enfrenta el dilema de Massa en 2023: cómo ser gobierno y candidato cuando la economía no responde

Por algo le ganó Milei: Massa se vendía como “la Patria” contra todos los demás, mientras seguía siendo ministro de Economía y —virtualmente— la única cara visible del Gobierno, porque el presidente Alberto Fernández decidió correrse de la escena y dejársela toda a su ministro y candidato. Massa, a su modo, eligió morir con las botas puestas.

El gurú catalán Antoni Gutiérrez Rubí le había propuesto a Massa una campaña electoral anodina para evitar hablar de propuestas económicas. Le propuso hacer de cuenta que el ministro de la cartera más importante del Gobierno no formaba parte del Gobierno, mientras se mostraba todos los días en actos de Gobierno como un jefe de Estado: Massa pretendía ser oposición y Gobierno en la misma persona.

Mientras tanto, el cepo hacía que el dólar “blue” cotizara al triple que el oficial —que solo conseguían los importadores “amigos”—, cundía el desabastecimiento, volaba la inflación y avanzaba la pobreza.

A Milei hoy le pasa algo comparable: despotrica contra políticos, medios y periodistas como si fuera un opositor que está por largarse a una campaña electoral contra el Gobierno, pero olvida que es presidente desde hace 35 meses y que está entrando en la etapa en la que ya debe empezar a rendir cuentas sobre sus promesas electorales: inflación de un dígito en 18 meses y crecimiento económico como “pedo de buzo”.

En ese sentido, los mercados actúan como el famoso dicho político del peronismo: son leales y siempre acompañan a los candidatos “muertos” hasta la puerta del cementerio, pero no tanto como para enterrarse con ellos. Los mercados son menos fieles todavía: cuando ya ven que su candidato toma rumbo al cementerio, agarran para otro lado.

Cuando Milei dice que insulta a Pedro Sánchez porque quiere morir con las botas puestas, los mercados miran las encuestas y ven que la reelección de Milei está lejos de estar asegurada y que el Presidente prefiere “morir con las botas puestas” antes que admitir que el plan económico tiene errores y cambiarlo a tiempo.

Un ejemplo que alimenta las dudas en los mercados es la pregunta que hizo la encuestadora QSocial a nivel nacional, planteando a los encuestados “opciones de hierro”. Cuando preguntó si prefieren que Milei sea reelecto, el 55 por ciento dijo que no, contra el 33 por ciento, que sí.

Milei enfrenta el dilema de Massa en 2023: cómo ser gobierno y candidato cuando la economía no responde

A suerte y verdad, la encuestadora que dirige técnicamente el ex-Poliarquía, Lucas Klobovs, preguntó también si prefiere que el peronismo vuelva al poder, y solo el 44 por ciento quiere que sí, contra el 46 por ciento, que prefiere que no vuelva.

Finalmente, QSocial puso a los encuestados entre la espada y la pared con la repregunta de qué sería mejor para el país ante esas dos opciones —que gane el peronismo o Milei—, y Milei se impone por apenas 47 a 44 por ciento: un margen demasiado estrecho como para apostar por bonos argentinos, y ni hablar de inversiones de riesgo a largo plazo que mejoren la tasa de inversión extranjera directa.

Milei entendió la dificultad electoral en la que está; de lo contrario, no hubiera lanzado el plan de “malvinización” de la opinión pública: fue un reconocimiento involuntario de que necesita “cambiar de tema” mientras no pueda hablar de economía.

Pero la malvinización de la agenda pública terminó silenciada por pedido del Gobierno de Donald Trump: el proyecto de ley para sancionar a proveedores de las empresas que están explorando petróleo en la zona marítima de Malvinas afectaba a compañías estadounidenses. Es notable que no le hubiesen hecho antes, ni en el Ministerio de Economía ni en Cancillería, un “mapa” de inversores y proveedores y riesgos geopolíticos que iban a afectar el proyecto de ley para sancionar a las empresas participantes directa o indirectamente del proyecto de exploración Sea Lion.

En la historia argentina, la “malvinización” siempre vino de la mano de un Gobierno en dificultades económicas con necesidad de cambiar la agenda mediática y la conversación pública. Esta nueva “malvinización” probablemente no termine en ninguna tragedia, como en los 80, sino más bien en el olvido y —previsiblemente— el tema no llegará hasta las elecciones presidenciales para evitar que se hable de economía.

Otra encuesta que enciende luces rojas sobre la Argentina en los tableros de control de los inversores es la de la Universidad de San Andrés, que muestra que Milei hoy está en el mismo nivel de aprobación de gestión que Mauricio Macri al mes 34 de su Gobierno, con 36 por ciento.

Milei enfrenta el dilema de Massa en 2023: cómo ser gobierno y candidato cuando la economía no responde

Macri lo intentó y no pudo reelegir. Casualmente, ese es el mismo nivel de aprobación en el que está hoy Donald Trump, que en diez días pondrá a prueba su nivel de popularidad en las elecciones de medio término en Estados Unidos.

El republicano —mal asesorado y engañado por su propio ego— eligió ponerse en el centro de una campaña electoral en la que él no estará en la boleta: convirtió 50 elecciones locales en un referéndum sobre su figura.

Y si los republicanos pierden la mayoría que hoy tienen en ambas cámaras del Congreso, no solo se confirmará que ese nivel de aprobación es inadecuado para conseguir éxito electoral y gobernabilidad en cualquier parte del mundo, sino que Milei, a ocho mil kilómetros de Washington, podría perder la posibilidad de conseguir otro rescate financiero, como la ayuda que le dio el Tesoro norteamericano antes de las legislativas argentinas de medio término de octubre de 2025, perdería su último “seguro” ante traspiés electorales y pasaría a depender exclusivamente de sí mismo.

¿Elegirá “morir con las botas puestas” o apostará por un cambio a tiempo antes de la carrera electoral? Los mercados monitorean el nivel de riesgo país argentino, y el miércoles 4 de noviembre, el día posterior a la elección de Trump, será un indicador clave para entender cómo ven el futuro de la Argentina.

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