La diputada provincial Katia Blanc, esposa del empresario y proveedor del Estado Diego Heker, dueño de Agro Chaco, decidió en la última sesión de Diputados sentarse en el recinto y votar a favor de la suspensión de las PASO, en contra del mandato del Partido Justicialista.
Un mandato que no es un dato menor: hacía muchísimo tiempo que el PJ no fijaba uno.
Y ahí empezaron las especulaciones sobre por qué Katia decidió votar a favor.
¿Conveniencia política? ¿Mandato nacional? ¿Una orden de Sergio Massa? Como dijo ella misma alguna vez: “Yo acato las órdenes de Sergio”.
¿O algo mucho más carnal, como un supuesto pago por su voto?
Probablemente nunca se sepa. Obviamente, en el rubro político no existen recibos, como dirían los viejos políticos.
Hace poco el diputado nacional Aldo Leiva lanzó una frase brutal: “Nadie aguanta una bomba de 50 mil dólares”.
En este caso, los conocedores de la política y los servicios hablan de otra cifra: “Nadie aguanta una bomba de 300 mil dólares”. Una versión que circula en ámbitos políticos y que, hasta ahora, no tiene pruebas públicas que permitan afirmarla como un hecho.

Ahora, lo realmente perturbador de la política es otra cosa.
Es preparar con anticipación una traición, visitar el Hospital Pediátrico y hasta practicar un par de lágrimas para las cámaras para después intentar justificar políticamente tu voto.
Más todavía cuando hasta hace poco Katia parecía pensar que era la resurrección de Eva Perón, abrazándose al PJ, al peronismo y a toda su liturgia.
Porque todos sabemos que la gente ya no se come tan fácilmente el uso político de los usuarios del pésimo sistema de salud chaqueño. Mucho menos cuando se utiliza a a niños enfermos, familiares y trabajadores para intentar tapar o justificar una negociación política.
Si Katia quería romper el mandato del PJ, podía hacerlo.
Si quería responder a Sergio Massa, podía hacerlo.
Si quería acordar con el Gobierno, también podía hacerlo.
Hay que tener ovarios para traicionar y bancarse las consecuencias políticas.
Pero muy garca tenés que ser para utilizar a esa pobre gente, que realmente necesita respuestas del Estado, para intentar reivindicar después tu arreglo .
Porque absolutamente todos, desde el gobernador hasta el último concejal, saben que no existe ninguna posibilidad de que esa plata termine en el Hospital Pediátrico.
Y de última, como tantas veces pasa con la plata de la política argentina, capaz termina más cerca del bolsillo del presidente de River que de la cama de un chico del Pediátrico
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