Tomás Makintach, hermano de la exfuncionaria, fue víctima de una entradera en la madrugada del domingo. En una de las paredes de su propiedad, la organización criminal se adjudicó el crimen.
Mientras continúa la investigación por el robo en la casa del hermano de la exjueza Julieta Makintach, TN pudo conocer que “La banda del millón” se adjudicó el crimen con una prueba contundente.
En una foto a la que tuvo acceso este medio, se lee el mensaje escrito por uno de los ladrones en la pared de una habitación: “Nano. ‘La banda del millón’”.
Tomás Makintach, de 47 años, hermano de la exjueza Julieta Makintach, fue víctima de una entraderadurante la madrugada del domingo en un barrio cerrado de Beccar, partido de San Isidro.
Tres delincuentes ingresaron a su casa, se llevaron US$1000 en efectivo, un teléfono Samsung S26 Plus negro, un reloj Garmin, una consola PlayStation 3 e hicieron una transferencia de $800.000 desde la cuenta de Mercado Pago de la víctima.Además,sustrajeron las dos llaves de un automóvil Honda que estaba estacionado en la calle.
Después del robo, obligaron a Makintach a subir a su camioneta Ford Kuga gris y abandonaron el barrio cerrado. De acuerdo con el reporte policial, el personal de seguridad privada les abrió la salida del predio.

Los asaltantes circularon por las calles Tomás Guido, Ernesto de las Carreras y Padre Acevedo. Al llegar a Murature, la víctima consiguió salir de la camioneta. Los delincuentes abandonaron el vehículo y escaparon a pie en dirección al barrio San Cayetano. El hombre no sufrió lesiones físicas durante el episodio.
El robo ocurrió alrededor de las 3:34 en una casa del barrio cerrado Las Ovejitas I, ubicado sobre la calle Tomás Guido al 2500, en las inmediaciones de La Cava.

Según la información policial, los asaltantes ingresaron por la parte trasera de la propiedad y permanecieron en el interior entre 30 y 45 minutos. Durante ese tiempo, intimidaron verbalmente al propietario, aunque no lo golpearon ni lo ataron.
La causa está a cargo de la fiscal Carolina Asprella con la colaboración de detectives de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
La alerta antes del robo
Según pudo conocer TN, una vecina alertó a la Policía sobre ruidos en los techos de las casas alrededor de las 2:30. Minutos después, llegaron un Comando de Patrullas de la Policía Bonaerense y una patrulla municipal de la zona. Los agentes inspeccionaron las casas de la manzana y encontraron un bolso con herramientas, entre ellas, un criquet.
La Policía le pidió al personal de Seguridad del country que los dejaran pasar a revisar el resto de las casas, pero los trabajadores no lo permitieron. A las 3:34 de la madrugada, se registró el llamado del hermano de la exjueza.
Una organización criminal que organiza entraderas desde la cárcel
“La banda del millón” es una organización criminal que opera con libertad en las cárceles de la provincia de Buenos Aires. De acuerdo con la investigación realizada por la Justicia en febrero de este año, Hugo David Castillo (47) padre de Hugo Isaías Castillo San Martín (21) y Elián Castillo San Martín (22).

Ambos jóvenes fueron identificados como dos de los líderes de la organización. Asimismo, se encuentran detenidos en cárceles bonaerenses y están acusados de los homicidios del empresario Jorge Ernesto de Marco (65) en 2024 y María Susana Rodríguez Iturriaga (81) en octubre de 2025. Las dos víctimas fueron asesinadas a golpes durante las entraderas.
Según revelaron las autoridades en febrero de este año, Hugo y Elián continúan organizando golpes desde la cárcel mediante teléfonos celulares. En varios procedimientos, la Policía secuestró dispositivos que resultaron clave para reconstruir el modus operandi.
En uno de esos teléfonos, atribuido a Hugo Isaías Castillo San Martín, los investigadores encontraron imágenes de 167 frentes de casas de la Zona Norte, ya marcadas para futuros robos. El material incluía fotos y referencias que evidenciaban tareas de inteligencia previa: direcciones, características de las casas y posibles rutinas de sus ocupantes.
La banda combinaba planificación remota y ejecución en territorio. La inteligencia se realizaba en buena medida desde la cárcel, mientras que en la calle actuaban integrantes jóvenes y menores de edad que simulaban ser repartidores para relevar horarios, movimientos y hábitos de las víctimas.


















































