Javier Aranda, médico veterinario y referente del Programa Provincial de Protección Animal del Ministerio de la Producción, explicó en Radio Libertad cómo trabajan los equipos en las zonas afectadas por la crecida del Paraná. Detalló los rescates de ganado y mascotas, la atención de animales debilitados y las enfermedades que pueden aparecer durante la emergencia.
La crecida del río Paraná no solo obligó a evacuar familias y dejó campos bajo el agua: también puso en riesgo a cientos de animales en las zonas rurales e insulares del Chaco. Frente a este escenario, equipos veterinarios del Ministerio de la Producción trabajan en distintos puntos de la provincia para rescatar ganado, asistir mascotas y atender las consecuencias sanitarias que deja la permanencia prolongada en áreas inundadas.
En diálogo con Radio Libertad, Javier Aranda , referente del Programa Provincial de Protección Animal, explicó que el operativo comenzó antes de que el agua avanzara sobre los campos, con tareas de sensibilización para que los productores y pobladores retiraran sus animales. Sin embargo, la rapidez de la crecida hizo que algunos quedaran atrapados y todavía deban ser rescatados. “Hay algunos animales que no se llega a tiempo y bueno, sucede lo que tiene que suceder, la naturaleza los supera”, describió.
Dos equipos veterinarios para atender a los animales
El operativo se organizó en dos equipos con tareas diferenciadas. Uno está destinado exclusivamente a perros y gatos , mientras que el otro se ocupa de los animales de producción, entre ellos vacas, caballos, ovejas, chivos, cerdos, gallinas y patos.

La detección de los animales que necesitan asistencia se realiza principalmente con la colaboración de los pobladores y productores de cada zona, que conocen el territorio y saben dónde quedaron los ejemplares aislados.
Aranda aclaró que los veterinarios no ingresan al agua para realizar los rescates. Esa tarea queda a cargo de personal preparado, como Prefectura, la Policía Fluvial y rescatistas, además de vecinos que cuentan con embarcaciones. Una vez que los animales llegan a tierra firme, los profesionales evalúan su estado sanitario y determinan qué atención necesitan.
En el caso de las mascotas, el traslado suele ser más sencillo porque pueden ubicarse en caniles dentro de las lanchas. La situación se vuelve mucho más compleja con los animales de gran tamaño, que requieren botes, balsas y maniobras especiales. Como ejemplo, Aranda mencionó el trabajo realizado en la zona de Colonia Tacuarí , donde distintas organizaciones y pobladores colaboran para sacar animales del agua. Allí, según relató, llegaron a rescatar un toro de aproximadamente 600 kilos utilizando una embarcación. “Es un trabajo titánico realmente”, señaló.
Animales debilitados y tratamientos de urgencia
Uno de los principales problemas aparece cuando los animales logran salir del agua. Después de permanecer durante días en zonas inundadas, muchos llegan a tierra firme con un estado de salud delicado.
La humedad prolongada provoca lesiones en la piel y las patas, mientras que la falta de alimento y el desgaste físico generan una debilidad extrema. Algunos ejemplares incluso tienen dificultades para sostener su propio peso una vez que dejan de estar parcialmente sostenidos por el agua.
En esos casos, los veterinarios deben intervenir con suero, medicamentos y asistencia para recuperar la alimentación . Algunos animales necesitan ser levantados con un trípode y permanecer bajo observación durante al menos 24 horas, con tratamientos por vía intravenosa y controles permanentes.
El seguimiento continúa durante los días posteriores, porque no todos logran recuperarse. Aranda explicó que algunos ejemplares no resisten el deterioro físico acumulado durante la inundación y el esfuerzo del traslado.
Los equipos trabajan en distintos sectores, entre ellos Isla del Cerrito, Antequeras, Barranqueras, Puerto Vilelas y Colonia Tacuarí , además de otros puntos afectados por el avance del agua.
El riesgo sanitario después de la inundación
La emergencia no termina cuando los animales son rescatados. El regreso a los campos dependerá de que el agua baje, el terreno se seque y vuelva a crecer el pasto. Ese proceso puede llevar tiempo y obliga a los productores a buscar lugares alternativos para mantener el ganado.
Mientras tanto, los animales deben adaptarse a nuevas condiciones, lo que puede generar estrés, enfermedades y problemas derivados del consumo de pasturas diferentes o de agua contaminada.
Aranda advirtió que existe un riesgo sanitario elevado , tanto para los animales como para las personas. Cuando distintas especies permanecen concentradas en espacios reducidos, sus desechos pueden contaminar el agua y favorecer la transmisión de enfermedades.
Entre los riesgos mencionó las zoonosis , es decir, enfermedades que pueden transmitirse de los animales a los seres humanos. También señaló la posibilidad de aparición de leptospirosis, asociada a la presencia de roedores y a ambientes contaminados. Por ese motivo, pidió prestar especial atención a la salud de los niños y de las personas mayores, además de mantener controles veterinarios y sanitarios en los lugares donde se concentran animales y familias.
Articulación para sostener los operativos
El referente del Programa Provincial de Protección Animal aseguró que, por el momento, cuentan con los medicamentos e insumos necesarios para sostener las tareas. De todos modos, el Ministerio de la Producción continúa reforzando el abastecimiento ante la posibilidad de que la emergencia se prolongue durante los próximos meses.
También destacó el trabajo conjunto con la Red Veterinaria en Catástrofes , de la que es vicepresidente, y con laboratorios que realizan donaciones de productos específicos para atender patologías frecuentes en zonas inundadas.
La articulación busca evitar intervenciones superpuestas. Aranda explicó que, cuando distintos equipos trabajan sobre un mismo animal sin compartir información, existe el riesgo de repetir tratamientos o administrar medicamentos que puedan provocar complicaciones.
Por eso, remarcó la importancia de coordinar las tareas y compartir los registros de atención entre los profesionales y las organizaciones que participan de los rescates.
Entre las afecciones que encontraron durante estos operativos mencionó la miasis, conocida popularmente como ura . Se trata de una infestación producida por larvas de moscas que depositan sus huevos en lesiones de la piel. Los veterinarios deben retirar los gusanos uno por uno y realizar las curaciones correspondientes, un procedimiento que puede demandar entre 15 y 20 minutos por animal.
El desgaste de quienes trabajan en el terreno
Además de las dificultades propias de los rescates, Aranda describió el desgaste físico que enfrentan veterinarios, rescatistas y pobladores. Las jornadas se extienden de lunes a lunes y las condiciones ambientales complican todavía más el trabajo.
El reflejo del sol sobre el agua puede provocar quemaduras incluso cuando quienes están en el terreno no advierten la exposición. A eso se suma el cansancio de las familias que deben permanecer durante todo el día cuidando sus animales en campos o caminos, muchas veces para evitar robos de ganado. “Cuando volvés a la noche estás totalmente quemado”, contó el veterinario, quien reconoció que tanto los equipos profesionales como los productores necesitan momentos de descanso para sostener las tareas.
Mientras continúa el operativo, la recuperación de los campos y de los animales dependerá de la evolución de la crecida y de las condiciones que queden una vez que el agua retroceda. La asistencia veterinaria, en tanto, seguirá siendo clave para atender las consecuencias de una emergencia que afecta no solo a las familias, sino también a los animales que forman parte de su vida y su sustento.













































