En Estados Unidos, Thomas Randolph fue declarado culpable por el crimen de su pareja y por el homicidio del hombre que había contratado para matarla. Según la fiscalía, el plan tenía como objetivo cobrar un seguro de vida.
La noche del 8 de mayo de 2008, Thomas Randolph, de 53 años, llamó al 911 para denunciar que un hombre se había metido a su casa y asesinado a su esposa, y que él le había disparado para defenderse.
Cuando la Policía llegó a la propiedad de Las Vegas, en Estados Unidos, encontró dos cuerpos: el de Sharon Causse, su mujer, y el de Michael Miller, el hombre al que Randolph aseguraba haber matado durante el enfrentamiento.
Según el relato de Thomas, había encontrado a Sharon muerta dentro de la casa y, poco después, se había encontrado cara a cara con un enmascarado al que disparó varias veces. Sin embargo, la escena despertó sospechas entre los investigadores y el avance de la causa permitió conocer que Miller no era un desconocido para Randolph y que detrás de esa relación se escondía un plan macabro.
Un doble crimen y un historial rodeado de muertes sospechosas
La primera hipótesis de la Policía, según el testimonio de Thomas Randolph, fue que un hombre había entrado a robar a su casa, había asesinado a Sharon y que él había respondido con un disparo mortal. Para los investigadores, sin embargo, había elementos que no cuadraban con ese relato.
Tras el resultado de las pericias en la escena del crimen y las tareas de los investigadores, la teoría del caso dio un giro.
De esta manera, la fiscalía sostuvo que Randolph había contratado a Miller para matar a su esposa y simular un robo. El objetivo, según la acusación, era cobrar el dinero de las pólizas de seguro de vida de Sharon, que sumaban alrededor de 300 mil dólares.
Después, Randolph habría asesinado a Miller para eliminar al único testigo que podía vincularlo con el plan y presentar el hecho como un acto de defensa propia.
La causa también reveló que Thomas y Michael habían mantenido contacto frecuente durante los meses previos al crimen: los agentes determinaron que se habían llamado más de 300 veces.
Randolph negó haber organizado el homicidio y mantuvo que había disparado contra Miller porque creía que era el responsable de la muerte de Sharon.

En ese punto, la lupa de los investigadores se posó sobre otro aspecto de su vida: sus matrimonios anteriores. Thomas Randolph se había casado seis veces y cuatro de sus esposas murieron. Aunque solo fue condenado por los homicidios de Sharon y Miller, el historial despertó sospechas sobre su pasado.
Una de las muertes que volvió a cobrar relevancia mientras se investigaba el caso fue la de Becky Gault, su segunda esposa, quien murió de un disparo en la cabeza en 1986, en Utah. En un primer momento, el caso fue considerado un suicidio. Sin embargo, años después, un amigo de Randolph declaró que el acusado había hablado con él sobre la posibilidad de matarla para cobrar el dinero de un seguro de vida.
Randolph fue imputado por esa muerte y juzgado en 1989, pero terminó absuelto. Durante aquella investigación, además, intentó contratar a un sicario para matar al testigo que podía declarar en su contra. El supuesto mercenario era un agente encubierto y Randolph terminó declarándose culpable de un delito vinculado con la intimidación de testigos.
Las sospechas sobre sus otras relaciones también aparecieron en el expediente. Francis Randolph, su quinta esposa, murió en 2004 después de una operación de corazón. Si bien la intervención había resultado con éxito, la mujer murió horas después en circunstancias que nunca terminaron de esclarecerse. Thomas fue la última persona que la vio con vida.
Por otra parte, su tercera esposa, identificada como Leona Stapleton, murió de cáncer, aunque este caso no fue considerado cuestionable.
En el primer juicio por los asesinatos de Sharon y Miller, la fiscalía también presentó testimonios sobre episodios de violencia y situaciones sospechosas en relaciones anteriores. Una de sus exesposas, Gayna Allmon, declaró que había temido por su vida después de un incidente con un arma.
La sucesión de matrimonios, las muertes y las sospechas sobre los seguros de vida hicieron que la prensa estadounidense lo apodara Black Widower (viudo negro, traducido del inglés).
El primer juicio y la condena a muerte
El primer juicio por las muertes de Sharon Causse y Michael Miller comenzó en 2017. La fiscalía presentó su teoría sobre el asesinato organizado y utilizó pruebas relacionadas con el pasado de Randolph para sostener que el crimen había sido planificado.
El 28 de junio de ese año, el jurado lo declaró culpable de conspiración para cometer asesinato y de los dos homicidios en primer grado. Una semana después, fue condenado a muerte.
Sin embargo, la defensa apeló la sentencia y cuestionó, entre otros puntos, la incorporación de pruebas sobre la muerte de Becky Gault. El argumento era que esos antecedentes podían predisponer al jurado en contra de Randolph, aunque no fueran suficientes para demostrar su responsabilidad en el caso de Sharon.
El 10 de diciembre de 2020, la Corte Suprema de Nevada anuló las condenas y ordenó realizar un nuevo juicio. El tribunal consideró que se habían admitido indebidamente pruebas relacionadas con la muerte de Gault.
La decisión no significó que Randolph hubiera sido declarado inocente de los asesinatos de Sharon y Miller. El proceso debía repetirse, esta vez con restricciones sobre las pruebas que podían presentarse ante el jurado.
El segundo juicio y una nueva condena
El segundo juicio comenzó en agosto de 2023, 15 años después del crimen, y la fiscalía volvió a sostener la misma hipótesis. La defensa insistió en que no había pruebas suficientes para demostrar que Randolph había organizado el crimen y mantuvo que había actuado en defensa propia.
A diferencia del primer proceso, los fiscales tuvieron limitaciones para presentar pruebas sobre las muertes de sus esposas anteriores. El foco estuvo puesto en las circunstancias de los dos homicidios de 2008.
El 24 de agosto de 2023, el jurado volvió a declararlo culpable de conspiración para cometer asesinato y de los dos homicidios en primer grado con uso de un arma mortal.
Casi un año después, Randolph recibió una condena de 60 años a cadena perpetua. Esta vez, la fiscalía no solicitó la pena de muerte.
El acusado continuó sosteniendo su inocencia y apeló la sentencia. Entre sus argumentos, cuestionó las demoras del proceso y la utilización de declaraciones que había hecho durante una reconstrucción filmada de la escena del crimen.
El 31 de agosto de este año, la Corte Suprema de Nevada confirmó la condena y rechazó los planteos de la defensa. De esta manera, la sentencia quedó firme en esa instancia judicial.
Randolph está preso en una cárcel de Nevada, donde cumple una pena que lo mantendrá en prisión durante el resto de su vida.



















































