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Nelson y Winnie Mandela: el amor que sobrevivió a 27 años de prisión, pero no pudo con lo que vino después

Se conocieron en Johannesburgo cuando él ya era uno de los principales opositores al apartheid y ella trabajaba como asistente social. Mandela llegaría a ser el primer presidente negro elegido en Sudáfrica. Juntos construyeron una pareja atravesada por la clandestinidad, las persecuciones, las cárceles y las pérdidas.

El amor puede ser infinito, pero a veces no es suficiente. Cuando la vida se vuelve demasiado violenta o exigente, algo puede quebrarse incluso entre dos personas que se aman. La de Nelson y Winnie Mandela pertenece a una categoría todavía más compleja. Cuando se conocieron, él ya estaba entregado a una causa política que podía llevarlo a la cárcel. Ella era una joven trabajadora social que acababa de llegar a Johannesburgo y que, aunque todavía no lo sabía, estaba a punto de casarse con un hombre que pasaría más de un cuarto de siglo entre rejas.

Se casaron el 14 de junio de 1958, en Bizana, en el entonces Transkei. Tuvieron dos hijas, Zenani y Zindziswa. Menos de cuatro años después, Nelson se convertiría en prófugo. En 1964 recibiría una condena a cadena perpetua. Y durante 27 años Winnie viviría con un marido vivo pero ausente; un hombre al que podía escribirle, visitar ocasionalmente y amar, pero con quien no podía compartir una casa, una cena, una preocupación cotidiana ni el crecimiento de sus hijas.

Winnie no fue simplemente “la esposa de Mandela”. Mientras él estaba preso, ella también fue perseguida, detenida, vigilada, prohibida, confinada y encarcelada. Construyó su propia identidad política y se convirtió en una de las figuras más conocidas de la resistencia contra el apartheid.

Nelson y Winnie Mandela pasaron más de 27 años de su matrimonio separados. (Foto: AFP)
Nelson y Winnie Mandela pasaron más de 27 años de su matrimonio separados. (Foto: AFP)

Pero aquella misma lucha que los había unido terminaría colocando a cada uno en un lugar diferente. Y cuando finalmente volvieron a estar juntos, después de casi tres décadas, el mundo esperaba una escena de película. La realidad fue otra.

El hombre que ya había elegido una vida peligrosa

Nelson Rolihlahla Mandela había nacido el 18 de julio de 1918 en Mvezo, en el territorio de Transkei. Su nombre de nacimiento era Rolihlahla, y fue su maestra de la escuela primaria quien le dio el nombre inglés Nelson, siguiendo una costumbre de la época.

Para cuando conoció a Winnie, ya no era un joven desconocido. Había participado en la fundación de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANC) en 1944, había trabajado como abogado y, junto con Oliver Tambo, había abierto un estudio jurídico en Johannesburgo. También había sido detenido durante la Campaña de Desafío y era uno de los principales dirigentes de la oposición al sistema de apartheid.

Mandela había estado casado con Evelyn Mase desde 1944. Enfermera, madre de sus hijos y una mujer alejada de la militancia política, Evelyn había compartido con él los primeros años de su vida adulta. Pero a medida que Nelson se comprometía cada vez más con la lucha contra el apartheid, el matrimonio se fue deteriorando. La pareja se separó en 1955 y el divorcio se formalizó en marzo de 1958.

Nelson Mandela consolidó su carrera política desde la resistencia contra el régimen sudafricano. (Foto: AFP)
Nelson Mandela consolidó su carrera política desde la resistencia contra el régimen sudafricano. (Foto: AFP)

Fue durante aquella etapa de ruptura cuando apareció otra mujer en la vida del dirigente sudafricano. Nomzamo Winifred Zanyiwe Madikizela había nacido el 26 de septiembre de 1936 en Bizana, en el Transkei. Con el tiempo, el mundo la conocería como Winnie Mandela. Cuando conoció a Nelson, era una joven trabajadora social que había construido su propio camino profesional y todavía no imaginaba cuánto cambiaría su vida a partir de aquel encuentro.

Era nueve años menor que él. Había crecido en una familia de docentes y en 1953 se había trasladado a Johannesburgo para estudiar trabajo social en la Jan Hofmeyr School of Social Work. Se graduó en 1955 y fue contratada como asistente social médica en el hospital Baragwanath, donde fue la primera mujer negra en ocupar ese puesto.

Era joven, tenía una profesión y podía haberse ido a Estados Unidos: había recibido una propuesta de beca para continuar sus estudios allí. Eligió quedarse en Sudáfrica. Y fue en Johannesburgo donde apareció Nelson Mandela.

Winnie rechazó una beca en Estados Unidos y permaneció en Sudáfrica. (Foto: AFP)
Winnie rechazó una beca en Estados Unidos y permaneció en Sudáfrica. (Foto: AFP)

Winnie no podía saber entonces que aquel hombre, del que se había enamorado en medio de un proceso judicial y una lucha política cada vez más peligrosa, pasaría buena parte de su vida adulta en prisión. Ni que su propia existencia quedaría ligada para siempre a una de las figuras más trascendentes del siglo XX.

Una propuesta de matrimonio en medio de un juicio político

Nelson y Winnie comenzaron a acercarse en una época en la que él estaba sometido a restricciones y enfrentaba el llamado Juicio por Traición.

Desde el comienzo, la relación no tuvo demasiado espacio para la tranquilidad . Se encontraron en Johannesburgo en 1957. Él tenía 38 años, era abogado, militante del Congreso Nacional Africano y uno de los principales acusados en el Juicio por Traición, que había empezado el año anterior. Ella tenía 21 y trabajaba en el hospital Baragwanath.

Según los relatos sobre aquel primer encuentro, Nelson quedó cautivado por la joven y consiguió una cita para almorzar con ella la semana siguiente.

El romance comenzó cuando Nelson todavía estaba casado legalmente con Evelyn, aunque ambos ya se habían separado. El 10 de marzo de 1957, Nelson le propuso matrimonio a Winnie. El compromiso se celebró el 25 de mayo de 1958 y la boda tuvo lugar el 14 de junio de ese año, en Bizana. La ceremonia despertó el interés de la prensa sudafricana.

Nelson y Winnie Mandela durante su boda, en 1958. (Foto: AFP)
Nelson y Winnie Mandela durante su boda, en 1958. (Foto: AFP)

Aunque el casamiento fue noticia, la vida matrimonial distaba mucho de parecerse a la de una pareja joven que empieza una familia. Nelson tenía reuniones políticas, causas judiciales, actividades clandestinas y vigilancia policial. Winnie descubrió que estar casada con él significaba compartir también los riesgos de su militancia. Y no tardó en pagar sus propias consecuencias.

Durante esos primeros años, Winnie empezó a ser vigilada por las autoridades y también sufrió las consecuencias de la represión política. En 1960, después de la masacre de Sharpeville, el gobierno declaró el estado de emergencia y el 8 de abril prohibió el ANC. El 30 de marzo, Nelson había sido detenido junto con miles de personas. Aunque recuperó la libertad meses después, la persecución continuó. En 1961 pasó a la clandestinidad y, el 5 de agosto de 1962, fue arrestado nuevamente. Para Winnie, aquella sucesión de detenciones y amenazas era apenas el comienzo de una larga separación.

Dos hijas que crecieron con un padre ausente

Zenani nació en 1959. Zindziswa, conocida como Zindzi, nació en 1960. Cuando todavía eran pequeñas, Nelson tuvo que pasar a la clandestinidad. En 1961 se convirtió en fugitivo y ayudó a crear Umkhonto weSizwe, el brazo armado del ANC. En enero de 1962 abandonó Sudáfrica para buscar apoyo internacional y recibir entrenamiento militar. Regresó meses después y fue detenido el 5 de agosto.

Gesto revolucionario de Nelson Mandela en el día que fue condenado a cadena perpetua. (Foto: AFP)
Gesto revolucionario de Nelson Mandela en el día que fue condenado a cadena perpetua. (Foto: AFP)

En 1963 comenzó el Juicio de Rivonia. Y el 12 de junio de 1964 llegó la sentencia: cadena perpetua. En aquel proceso, Mandela pronunció una de las frases que quedarían asociadas para siempre con su figura: “I have fought against white domination, and I have fought against black domination” (He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra). Y terminó su discurso con una declaración que se convertiría en una de las más célebres de su vida: “It is an ideal for which I am prepared to die” (Es un ideal por el cual estoy preparado para morir).

Mandela fue enviado a Robben Island. Tenía 46 años. Winnie tenía 27. Sus hijas eran niñas. La distancia que comenzó allí no se mediría en kilómetros, sino en cumpleaños. En cartas. En visitas. En funerales a los que Nelson no pudo asistir. En conversaciones que nunca tuvieron. En hijas que crecían mientras su padre permanecía detrás de los muros de una prisión.

Winnie dejó de ser solo “la mujer de Mandela”

La historia de Winnie suele quedar reducida a una imagen: la mujer que esperó al hombre encarcelado. Pero esa descripción es insuficiente. A medida que pasaron los años, Winnie construyó una actividad política propia. Desde 1961 estuvo sometida a distintas órdenes de restricción. En 1962 fue confinada a Orlando, Soweto, y las autoridades limitaron sus movimientos y sus posibilidades de reunirse con otras personas. En 1970 fue puesta bajo arresto domiciliario después de desafiar las restricciones.

Winnie fue objeto de persecusión y amenazas durante toda la condena de su marido. (Foto: AFP)
Winnie fue objeto de persecusión y amenazas durante toda la condena de su marido. (Foto: AFP)

La persecución alcanzó una dimensión todavía más brutal en 1969. Winnie fue detenida y permaneció 17 meses en régimen de aislamiento bajo la legislación antiterrorista. Años después describiría esa experiencia en su libro 491 Days: Prisoner Number 1323/69.

Mientras tanto, sus hijas crecían. Y Mandela seguía en prisión. Winnie había entrado en una guerra política que ya no era la de su marido. Era la suya.

En mayo de 1977, el gobierno decidió desterrarla de Soweto. La enviaron a Brandfort, una pequeña localidad rural del entonces Orange Free State. La medida fue tomada después del levantamiento de Soweto de 1976, cuando miles de estudiantes protestaron contra la imposición del afrikáans como lengua de enseñanza.

Winnie fue trasladada allí junto con su hija Zindzi. La casa que le asignaron tenía tres habitaciones y no tenía electricidad ni saneamiento adecuados. Debía permanecer en Brandfort, lejos de la comunidad política de Soweto.

Winnie construyó una presencia política activa durante su exilio en Brandfort. (Foto: AFP)
Winnie construyó una presencia política activa durante su exilio en Brandfort. (Foto: AFP)

La intención era aislarla. No funcionó como las autoridades esperaban. Winnie comenzó a participar de la vida de la comunidad. Organizó una alimentación para niños, creó una guardería para hijos de madres trabajadoras, instaló una pequeña clínica en el patio de su casa y promovió huertas familiares. Durante ocho años vivió bajo restricciones. Pero siguió siendo una figura política.

En 1985 regresó a Soweto desafiando la orden que la mantenía en Brandfort. La situación en los townships era cada vez más violenta y Winnie se convirtió en una figura combativa dentro de la resistencia.

El hombre que estaba preso en Robben Island seguía siendo el símbolo internacional de la lucha. La mujer que estaba afuera empezaba a representar otra cara de esa misma resistencia.

Una carta podía tardar semanas en llegar

Nelson y Winnie continuaron escribiéndose. Sus cartas muestran algo que a veces se pierde cuando se cuenta la historia desde los grandes acontecimientos políticos: detrás de los nombres que aparecen en los libros había dos personas intentando sostener un matrimonio desde lugares distintos.

Nelson Mandela permaneción aprisionado en Robben Island. (Foto: AFP)
Nelson Mandela permaneción aprisionado en Robben Island. (Foto: AFP)

Nelson recordó en una carta relacionada con su aniversario de bodas: “I remember 14 June nostalgically” (Recuerdo el 14 de junio con nostalgia). Y agregó que pensaba mucho en ella en esa fecha. En abril de 1992, después de décadas de especulaciones periodísticas sobre la pareja, Mandela publicó una declaración sobre su relación. Allí escribió: “Despite these pressures our love for each other and our devotion to our marriage grew and intensified” (A pesar de estas presiones, nuestro amor mutuo y nuestra dedicación al matrimonio crecieron y se intensificaron).

También explicó que cuando había decidido pasar a la clandestinidad, en 1961, ambos sabían que aquello significaba el fin de la vida familiar durante un período imprevisible. Es una frase importante porque permite entender una contradicción central de esta historia. No fue que Nelson eligió la política y Winnie se quedó esperando. Ambos sabían que la lucha iba a tener un costo. Lo que ninguno podía saber era cuánto.

27 años sin una vida matrimonial normal

Mandela estuvo encarcelado desde 1962 hasta 1990. Pasó por Pretoria, Robben Island, Pollsmoor y Victor Verster. Durante esos años sufrió pérdidas familiares que no pudo acompañar de cerca. Su madre murió en 1968 y su hijo mayor, Thembekile, murió en un accidente automovilístico en 1969. Las autoridades no le permitieron asistir a ninguno de los dos funerales.

Winnie regresó a Soweto en 1985, pese a las restricciones en su contra. (Foto: AFP)
Winnie regresó a Soweto en 1985, pese a las restricciones en su contra. (Foto: AFP)

Winnie, mientras tanto, llevaba adelante su propia vida bajo vigilancia. Era madre. Era militante. Era esposa de un hombre convertido en símbolo mundial. Y también era una mujer que estaba atravesando la violencia política de su país desde afuera de la prisión.

La pareja continuaba unida legalmente. Pero la vida cotidiana que define a un matrimonio había desaparecido hacía mucho tiempo. No había desayunos compartidos. No había reconciliaciones después de una pelea. No había siquiera la posibilidad de conocer de verdad cómo había cambiado el otro. Cuando dos se aman durante 27 años sin poder convivir, el tiempo no se detiene. Hace algo mucho más extraño: los transforma por separado.

El día que Mandela salió de prisión

El 11 de febrero de 1990, después de 27 años de encarcelamiento, Nelson Mandela salió de la prisión de Victor Verster caminando junto a Winnie. La imagen recorrió el mundo. Él llevaba el puño levantado. Ella caminaba a su lado. Por un instante, parecía que la historia les estaba devolviendo todo lo que les había quitado.

Nelson y Winnie Mandela saludan a la multitud tras la liberación de él en 1990. (Foto: AFP)
Nelson y Winnie Mandela saludan a la multitud tras la liberación de él en 1990. (Foto: AFP)

El hombre que había sido encarcelado en 1962 salía convertido en el líder más famoso de la lucha contra el apartheid. Y la mujer que había permanecido durante décadas bajo persecución estaba allí para recibirlo.

Pero el reencuentro también tenía algo imposible. Nelson ya no era el hombre que Winnie había despedido. Y Winnie ya no era la joven de 20 años que había quedado sola en Johannesburgo. Habían envejecido por separado; construido carreras políticas diferentes; soportado experiencias que el otro no había vivido. Y ahora debían aprender a convivir también con la dimensión pública que había adquirido cada uno.

La grieta que empezó a hacerse visible

Después de la liberación de Mandela, la relación comenzó a deteriorarse. En 1990, Winnie fue acusada y luego condenada por delitos vinculados al secuestro de cuatro jóvenes y por ser cómplice después del hecho. Uno de los jóvenes era Stompie Seipei, de 14 años, cuyo cuerpo apareció muerto después de haber sido golpeado.

Winnie enfrentó múltiples cargos judiciales tras la liberación de Nelson. (Foto: AFP)
Winnie enfrentó múltiples cargos judiciales tras la liberación de Nelson. (Foto: AFP)

El episodio se convirtió en una de las páginas más oscuras de su trayectoria. Winnie negó haber participado en el asesinato de Stompie Seipei. En 1991 fue condenada a seis años de prisión por secuestro y complicidad en agresiones. Dos años después, el tribunal de apelación anuló las condenas por complicidad en las agresiones y redujo la pena a una multa y dos años de prisión en suspenso. La decisión no puso fin a la controversia sobre su responsabilidad en aquellos hechos.

En los años que siguieron, su figura quedó en medio de fuertes controversias. En 1986 había pronunciado un discurso en el que utilizó la imagen de las “matchboxes” y los “necklaces”, expresiones relacionadas con la violencia que atravesaba los townships. La frase quedó asociada a la práctica conocida como “necklacing”, un método de ejecución que consistía en colocar un neumático alrededor del cuello o el cuerpo de una persona y prenderle fuego.

Winnie se convirtió en una figura clave en la fuerza revolucionaria sudafricana. (Foto: AFP)
Winnie se convirtió en una figura clave en la fuerza revolucionaria sudafricana. (Foto: AFP)

No es posible contar la historia de Winnie Mandela sin mencionar esa etapa. Pero tampoco sería correcto reducir toda su vida a ese momento. Porque antes y después de esos episodios existió una mujer que había sido encarcelada, desterrada, vigilada durante años y que había construido redes comunitarias y políticas propias. Su figura terminó siendo una de las más complejas de la lucha contra el apartheid.

Nelson Mandela también tuvo que tomar distancia

La tensión entre los dos llegó a un punto definitivo. El 13 de abril de 1992, Mandela anunció públicamente que él y Winnie se habían separado. En aquella declaración escribió que las circunstancias políticas habían hecho imposible una vida familiar normal y que, pese a todo, el amor y la dedicación al matrimonio habían crecido durante los años de separación. Pero después de su liberación, la convivencia con Winnie ya no pudo reconstruirse.

Nelson tenía delante una nueva vida política. En 1991 había sido elegido presidente del ANC. En 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz junto con Frederik Willem de Klerk. El 27 de abril de 1994 votó por primera vez en su vida y el 10 de mayo de ese año se convirtió en el primer presidente democráticamente elegido de Sudáfrica.

Mientras tanto, el matrimonio seguía legalmente vigente. Hasta 1996. Ese año, después de 38 años de matrimonio, Nelson y Winnie Mandela se divorciaron. Él tenía 77 años. Ella, 59.

Declaración pública de Winnie tras su divorcio con Nelson. (Foto: AFP)
Declaración pública de Winnie tras su divorcio con Nelson. (Foto: AFP)

El divorcio no borró las décadas anteriores. Tampoco convirtió a uno en víctima y al otro en culpable. Su relación había comenzado en 1958, cuando ambos eran jóvenes y el futuro de Sudáfrica estaba dominado por un sistema racial que parecía destinado a durar.

Habían tenido dos hijas; atravesado detenciones, prohibiciones, prisión, persecuciones y pérdidas. Habían vivido separados durante casi tres décadas; y vuelto a caminar juntos frente a millones. Y habían descubierto que el tiempo que habían pasado esperando el reencuentro también los había convertido en otras personas.

La paradoja es enorme. El matrimonio había sobrevivido a la cárcel, al apartheid, a miles de kilómetros, a cartas censuradas, a visitas controladas y a años en los que una familia completa tuvo que aprender a existir sin uno de sus integrantes. Pero no sobrevivió al momento en que pudieron volver a vivir sus propias vidas en paz.

Winnie después de Mandela

El divorcio no significó el final de la carrera política de Winnie. En 1993 asumió la presidencia de la Liga de Mujeres del ANC, cargo que ocupó hasta 2003. Después de las primeras elecciones democráticas de 1994 fue nombrada viceministra de Artes, Cultura, Ciencia y Tecnología, aunque permaneció poco tiempo en el gobierno.

Winnie permaneció como presidenta de la Liga de Mujeres del ANC hasta 2003. (Foto: AFP)
Winnie permaneció como presidenta de la Liga de Mujeres del ANC hasta 2003. (Foto: AFP)

En 1997, durante las audiencias de la Comisión de Verdad y Reconciliación, su nombre volvió a aparecer relacionado con los abusos cometidos por integrantes del Mandela United Football Club. La comisión sostuvo que Winnie había estado implicada en una serie de incidentes que incluyeron agresiones, secuestros y asesinatos. En el caso de Stompie Seipei, las conclusiones de la comisión señalaron su responsabilidad.

Años más tarde, Winnie continuó siendo una figura política con seguidores propios. Murió el 2 de abril de 2018, a los 81 años. Nelson Mandela había muerto cuatro años antes, el 5 de diciembre de 2013, a los 95.

La última imagen no fue la de una pareja

Durante años, la fotografía de Nelson y Winnie caminando juntos después de la liberación de él fue utilizada como símbolo de una historia de amor indestructible. Pero quizás sea más interesante mirar otra cosa. Ellos no fueron solo una pareja. Fueron un hombre y una mujer que se amaron dentro de una época que no les permitió tener una vida privada.

Leé también: María Antonieta y el conde Von Fersen: se conocieron en un baile de máscaras y terminaron separados por una revolución

A Nelson le tocó pasar 27 años en prisión; a Winnie vivir fuera de ella, pero bajo vigilancia, prohibiciones, detenciones y persecución. Él se convirtió en el rostro internacional de una lucha. Ella tuvo que sobrevivir a la ausencia y, al mismo tiempo, convertirse en una dirigente por derecho propio. Y cuando las puertas se abrieron, ninguno de los dos volvió a ser quien había quedado del otro lado.

Winnie Mandela junto a su hija Zindzi en el funeral de su ex esposo, Nelson. (Foto: AFP)
Winnie Mandela junto a su hija Zindzi en el funeral de su ex esposo, Nelson. (Foto: AFP)

Tal vez esa sea la parte menos romántica y, justo por eso, más humana de su historia. Hay personas que pasan una vida entera esperando que llegue el momento que imaginaban como el comienzo de la felicidad. Nelson y Winnie tuvieron ese momento. Llegó el 11 de febrero de 1990, frente a las cámaras de todo el mundo, con los puños en alto y una multitud celebrando.

Pero la vida no siempre empieza cuando termina la espera. A veces uno descubre que también cambió la persona que estaba esperando del otro lado.

Nelson y Winnie Mandela se amaron en una época en la que hasta el amor podía convertirse en territorio de batalla. Y quizá por eso su historia no necesita un final perfecto para permanecer extraordinaria.

Porque algunas historias no dejan como legado una pareja que permaneció unida hasta el último día. Dejan algo más incómodo y más verdadero: la certeza de que dos almas pueden compartir una parte decisiva de sus vidas, cambiarse para siempre, caminar juntas durante un tramo enorme y, aun así, terminar tomando caminos diferentes.

Ellos llegaron juntos hasta la libertad. Después tuvieron que aprender qué hacer con ella.

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@cynthia.serebrinsky

Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Amores históricos cuenta romances reales de personajes que marcaron el devenir de nuestra historia.

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