El presidente de EEUU intenta disminuir la influencia regional de China, adonde Brasil ocupa un lugar clave por su economía. El senador es aliado estratégico de la Casa Blanca, y prometió una relación privilegiada con la administración republicana
(Desde Washington, Estados Unidos) Donald Trump logró alinear a los gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Paraguay, Perú y Venezuela con su agenda geopolítica para América Latina, y ahora apuesta a la victoria de Flávio Bolsonaro sobre Lula da Silva para consolidar la influencia regional de Estados Unidos.
En la Casa Blanca asumen que es poco probable que hoy Bolsonaro derrote en primera vuelta a Lula da Silva, pero las señales de Trump a favor del candidato del Partido Liberal llegaron nítidas al establishment brasileño.
El presidente de Estados Unidos lanzó una sucesión de iniciativas geopolíticas que son la base ideológica del denominado Corolario Trump a la Doctrina Monroe.
La Doctrina Monroe, diseñada por John Quincy Adams y presentada por James Monroe en 1823, se apoyó en una leit motive de transparencia brutal: “América para los Americanos”.
A principios del siglo XIX, ese concepto estaba dirigido a Europa que intentaba recuperar su influencia en las 13 colonias que pertenecían a Inglaterra.
Ahora, Trump añadió su Corolario para contener la ofensiva de China en América Latina.
China integra los BRICS junto a Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, y su agenda global implica una competencia sin fronteras contra los intereses estratégicos de Estados Unidos.
En América Latina es la agenda de los BRICS vs el Corolario Trump, que incluye una ambiciosa sucesión de iniciativas vinculadas a la energía, la cadena de suministros, la materia prima para proyectos tecnológicos, la inteligencia artificial y la defensa regional.
Esas iniciativas de Estados Unidos, aceptadas ya por Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay, son las siguientes:
- Minerales Críticos.
- Pax Silica.
- Escudo de las Américas.
- Inversiones millonarias con apoyo del EXIM Bank.
Trump aguarda la derrota de Lula para resetear las relaciones bilaterales con Brasil, que se ha mostrado reluctante a toda la agenda regional de la administración Trump.
Pero Trump conoce que Lula y Bolsonaro están muy parejos en los sondeos previos a la primera vuelta. Y apeló a la cautela política cuando le preguntaron sobre las elecciones en Brasil.
“Las estoy siguiendo muy de cerca. Es un país muy importante. La gente de Brasil es fantástica. Son unas elecciones muy importantes”, respondió Trump cuando fue consultado en la Casa Blanca.
Ni una palabra sobre Bolsonaro. Y menos sobre Lula.
La cautela del presidente de Estados Unidos ante un proceso electoral complejo no es un inusual hecho político.
Por ejemplo, Trump siempre respaldó a Keiko Fujimori, y sólo explicitó su apoyo cuando el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) anunció oficialmente que había vencido a Roberto Sánchez.
En la actual coyuntura electoral, el líder republicano repetirá con Brasil lo que ya hizo con Perú.
Trump hará declaraciones a favor de Bolsonaro si gana las elecciones, o si hay alguna situación irregular que perjudique a su eventual socio estratégico en América Latina.
En este contexto, Flávio Bolsonaro puede llegar sin escalas al Despacho Oval. Su hermano Eduardo vive en Estados Unidos y tiene acceso directo a la administración Trump.
Marco Rubio, que es secretario de Estado y conoce cómo funciona el poder en Brasil, detenta suficiente prestigio y poder interno para mediar entre Lula y Bolsonaro, si la situación electoral en Brasil se transforma en una Trampa 22.
En América Latina, Trump apostó públicamente por Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), José Kast (Chile), Abelardo de la Espriella (Colombia) y Tito Asfura (Honduras), cuando enfrentaban procesos electorales complejos.
Y en todos los casos, ganó.

Trump llegó al poder y había una troika muy influyente que integraban México, Colombia y Brasil. Eran funcionales a la ofensiva regional de China, y enfrentaban la agenda de Washington para América Latina.
Tres años más tarde, el líder republicano desplazó a la izquierda colombiana y va por el populismo brasileño: quiere a Flavio Bolsonaro en el Planalto y jubilar a Lula da Silva.



















































