La información surge de un relevamiento realizado por la consultora 1816. En el caso de las familias, la firma detectó una leve baja de los saldos impagos, pero hubo un crecimiento en la irregularidad de los créditos a las empresas.
La morosidad del crédito al sector privado se mantuvo estable en agosto, aunque algunos indicadores comienzan a mostrar señales que podrían anticipar una mejora en los próximos meses. Según un procesamiento de la base de datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU) realizado por la consultora 1816, la irregularidad total del sector privado no financiero se ubicó en 7,7%, el mismo nivel que en julio.
El dato marca que la morosidad se mantiene prácticamente sin cambios desde mayo. Sin embargo, el nivel actual continúa muy por encima del registrado antes del cambio de gobierno: en octubre de 2024, la irregularidad agregada era de apenas 1,5%.
El comportamiento fue diferente según el tipo de deudor. La mora de las familias bajó levemente, de 12,9% en julio a 12,8% en agosto, mientras que la de las empresas aumentó de 3,6% a 3,8%.
En el crédito otorgado por entidades no financieras, la morosidad de las familias volvió a aumentar y alcanzó el 33,9%. Se trata del vigésimo primer incremento consecutivo, de acuerdo con 1816. Aunque el porcentaje es considerablemente mayor al registrado entre las entidades financieras, este segmento representa una parte menor del financiamiento total: explica alrededor del 17% del crédito a los hogares si se consideran conjuntamente las entidades financieras y no financieras.

Las cifras surgen de la metodología que utiliza 1816 para anticipar los datos del Informe de Bancos del BCRA. Sin embargo, las cifras definitivas se conocerán a fines de octubre con el Informe de Bancos correspondiente a agosto publicado por el Banco Central.
Dos señales que podrían anticipar una baja de la morosidad
Más allá de los datos de agosto, 1816 identificó dos indicadores de la CENDEU que podrían anticipar una reducción de la mora en los próximos meses. El primero es el aumento de las refinanciaciones. En el octavo mes del año, el saldo refinanciado representó 3,8% del crédito total a las familias y 0,8% del financiamiento a empresas, ambos niveles récord.
En el caso de los hogares, las deudas refinanciadas ya superan los $2,7 billones. Según la consultora, esto podría contribuir a reducir los ratios de morosidad en los próximos meses.
El efecto, sin embargo, no es inmediato. La normativa de clasificación de deudores establece distintos plazos para que una deuda deje de computarse como irregular una vez refinanciada. Por ejemplo, un deudor que se encuentra en situación 3 —con un atraso de entre 90 y 180 días— tarda al menos dos meses en dejar de ser considerado moroso. Para quienes están en situación 4 —entre 180 días y un año de atraso— el plazo es de al menos cinco meses, mientras que para los de situación 5 —más de un año de atraso o “irrecuperable”— se requieren al menos ocho meses.
El segundo indicador es la evolución de la deuda en situación 2, es decir, aquella que registra atrasos de hasta 90 días y que todavía no se considera irregular.
En agosto, ese segmento representó 2,7% de la deuda con entidades financieras, el nivel más bajo desde agosto de 2025. Según 1816, en el pasado los picos de deuda en situación 2 anticiparon los máximos de morosidad, ya que el ratio de irregularidad incluye las situaciones 3, 4 y 5.
El crédito aún es un desafío
La velocidad con la que pueda bajar la morosidad dependerá, en buena medida, de la recuperación del crédito. El motivo es que el ratio de irregularidad se calcula sobre el total de financiamiento: si el denominador crece, la mora puede reducirse incluso sin una caída equivalente de los saldos en situación irregular.
Y allí aparece uno de los principales puntos de cautela del informe. El stock de crédito en pesos al sector privado se mantiene prácticamente en el mismo nivel real que tenía en julio de 2025, cuando el Gobierno eliminó las LEFI.
Para 1816, la debilidad de los préstamos durante los últimos 15 meses es un dato relevante para evaluar la evolución futura de la morosidad. Si el crédito no se recupera con mayor fuerza, la velocidad de descenso del ratio podría ser más lenta.














































