Una especialista revela por qué nos levantamos con el vientre plano y terminamos el día con gran volumen abdominal.
Muchas veces nos pasa que empezamos el día con el vientre plano y lo terminamos con una hinchazón considerable. Este fenómeno, que es considerado muy común, en la literatura científica se denomina distensión abdominal diurna o progresiva.
“La razón clave es que la hinchazón no siempre se debe solo a gases, sino a una serie de motivos o la sinergia de distintas situaciones”, explica la nutricionista española Maite Ibáñez.

Además, dijo que distintos factores intervienen a lo largo del día:
- El reposo nocturno: durante la noche, el estómago y el intestino delgado completaron la mayor parte de la digestión. “Pasamos entre 7 y 9 horas en posición horizontal (tumbados), sin ingerir alimentos ni líquidos, y con un tono muscular abdominal relajado y descansado”, indica Ibáñez. Así, el volumen intraabdominal es mínimo.
- El volumen acumulado: a lo largo del día introducimos constantemente sólidos, líquidos y aire. A medida que los alimentos avanzan por el tracto digestivo, la microbiota intestinal los fermenta produciendo gases (como hidrógeno, metano y dióxido de carbono), lo que aumenta el volumen interno.
- El papel de la postura y la gravedad: al estar de pie o sentados durante todo el día, la fuerza de la gravedad desplaza los órganos y líquidos hacia abajo. Además, la fatiga muscular acumulada en el abdomen y la espalda hace que “sostengamos” peor el vientre al final de la jornada. De acuerdo con la dietista-nutricionista, “cuanta menos musculatura tengamos a nivel de ‘faja abdominal’, mayor probabilidad de tener molestias”.
- Reflejo víscero-somático: la evidencia científica demuestra que muchas personas no sufren necesariamente un exceso de gas, sino una respuesta alterada de los músculos abdominales frente a volúmenes normales (el diafragma se desplaza hacia abajo y la pared abdominal se relaja en lugar de contraerse).
- Eubiosis vs. disbiosis: nuestra digestión y la producción de gases dependen en gran medida del tipo y la cantidad de microorganismos que habitan en el tubo digestivo. “Una situación de ‘eubiosis’ o equilibrio de los microorganismos que necesitamos en nuestro cuerpo, lleva a que, aunque se produzcan gases fisiológicos durante la fermentación, la microbiota genere un volumen controlado y fácilmente manejable por el tránsito intestinal, evitando la hinchazón excesiva”, explica la especialista. Sin embargo, aclara, una situación de disbiosis, donde el ecosistema está alterado, puede favorecer en cambio una mayor fermentación y gases, “dado el crecimiento de bacterias oportunistas, liberando volúmenes anormales de gas o provocando retención de líquidos”.
¿Qué alimentos empeoran la hinchazón de vientre?
Son varios los grupos de alimentos que están implicados en la hinchazón abdominal que muchas personas experimentan al terminar el día. Ibáñez, quien es miembro de la Comisión de Sanidad del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana, indica los siguientes:
- Alimentos ricos en FODMAPs: se trata de azúcares de cadena corta que el intestino delgado a veces absorbe mal. Llegan al colon, donde las bacterias los fermentan rápido produciendo gas. Se pueden encontrar en ajo, cebolla, legumbres, trigo, manzana, lactosa (en sensibles), etcétera. Al no absorberse completamente en el intestino delgado, llegan al colon donde la microbiota los fermenta rápidamente produciendo gas (hidrógeno, metano y dióxido de carbono). Si la microbiota está alterada, el procesamiento de esos alimentos genera problemas.
- Edulcorantes artificiales, presentes en productos light, chicles y ultraprocesados.
- Bebidas carbonatadas: introducen gas directamente en el estómago y tracto digestivo.
- Comidas muy copiosas o ricas en grasas saturadas: la grasa retrasa el vaciado gástrico, prolongando la sensación de plenitud y pesadez.
Además, la experta dijo que las dietas descompensadas, excesivamente ricas o muy bajas en fibra, restrictivas, hiperproteicas o ricas en grasas también pueden favorecer estas alteraciones.
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Más allá de la comida, hay ciertos hábitos que favorecen la distensión abdominal:
- Comer rápido o hablar mientras se come, lo que promueve la aerofagia (ingestión involuntaria de aire).
- Pasar muchas horas sentado comprime las vísceras digestivas y reduce el peristaltismo (movimiento intestinal).
- Estrés y ansiedad: el eje intestino-cerebro es una vía de doble sentido, regula la motilidad y la sensibilidad. El estrés altera la movilidad del intestino y aumenta la sensibilidad del dolor digestivo (hipersensibilidad visceral). Altera la microbiota y modifica la respuesta neuromuscular del abdomen.
- Uso de ropa muy ajustada, y comprime la zona abdominal e interfiere con el movimiento natural del tránsito digestivo.
- Masticar chicle o beber con pajita aumenta notablemente la entrada de aire en el tubo digestivo.















































