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Bienestar

“Tener un perro en casa favorece el sistema inmunológico de los bebés”, asegura el pediatra Jenni Mäki

Un estudio identificó ciertas bacterias y hongos propios de las mascotas que podrían explicar por qué los chicos que crecen con animales en casa se enferman menos durante el primer año de vida.

Que un perro en casa “hace bien” a los chicos es una de esas frases que circulan hace años, casi como sentido común familiar. Lo novedoso es que ahora hay una pista concreta de por qué: un estudio finlandés encontró que ciertas bacterias y hongos, que llegan con la mascota, y que quedan flotando en el polvo del living, podrían explicar buena parte de ese beneficio.

El equipo, liderado por la pediatra Jenni Mäki, del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, siguió a 368 chicos desde antes de nacer hasta cumplir un año. Los datos surgen de dos grupos de familias finlandesas, con partos entre 2002 y 2005, seguidos desde el Hospital Universitario de Kuopio.

Un tercio de las familias analizadas tenía al menos un perro conviviendo en el hogar. Freepick
Un tercio de las familias analizadas tenía al menos un perro conviviendo en el hogar. Freepick

Durante ese primer año, los padres completaron un reporte semanal de salud. En total, se juntaron más de 15.000 semanas de información sobre fiebre, infecciones de oído y uso de antibióticos. A los dos meses de vida de cada bebé, el equipo tomó una muestra de polvo del piso del living para analizar qué bacterias y hongos había ahí.

Los números, en resumen:

  • Un tercio de las familias tenía al menos un perro en casa.
  • Se analizaron 14 grupos de microorganismos (12 de bacterias y 2 de hongos) típicos de hogares con perros.
  • Ocho de esos grupos explicaron, cada uno por separado, entre el 10% y el 23% de la relación entre tener perro y estar más sano.
  • Tres bacterias en particular, combinadas, explicaron hasta el 25% de la reducción en el uso de antibióticos asociada a tener perro.

“Tener un perro en casa favorece el sistema inmunológico de los bebés”, explicó Mäki, quien también trabaja como investigadora en la Universidad de Finlandia Oriental. Según remarcó, el hallazgo importa porque no es la cantidad ni la variedad de microbios lo que parece proteger a los bebés, sino la presencia de ciertos tipos bien puntuales.

Las dos bacterias que más se destacaron

Entre los catorce grupos analizados, dos aparecieron una y otra vez asociados a mejor salud:

  • Pasteurella: es la que mostró la asociación más fuerte con menos semanas de fiebre y menor uso de antibióticos. Suele vivir en la boca de perros y gatos, así que su presencia en el polvo refleja el contacto directo entre la mascota y las superficies de la casa.
  • Collinsella: se vinculó con los cuatro indicadores de salud evaluados a la vez —más semanas sanos, menos antibióticos, menos otitis y menos fiebre—. Otros estudios ya la habían relacionado con menor riesgo de obesidad infantil.

Por qué importa el primer año (y qué falta confirmar)

El primer año de vida es clave para el desarrollo del sistema inmune, y las infecciones respiratorias repetidas en esa etapa son un factor de riesgo conocido para el asma. Ahí entra la otra voz del estudio: la investigadora finlandesa Anne Karvonen, coautora del trabajo, publicado en la revista científica Pediatric Allergy and Immunology.

“Cuando se pueden prevenir infecciones respiratorias con microbios asociados a los perros, esto también podría reducir el riesgo de que el chico desarrolle asma más adelante”, planteó Karvonen.

De todos modos, los propios autores marcan varios límites a tener en cuenta:

  • Es un estudio observacional: muestra asociación, no causalidad.
  • Se tomó una sola muestra de polvo por casa, y nunca se analizaron las vías respiratorias de los bebés.
  • Un 30% de las familias vivía en granjas, un ambiente microbiano particular que puede no representar a otras poblaciones.
  • Solo se identificó el ADN de los microbios, no si estaban realmente activos.

Con esas salvedades, el estudio suma una pista concreta a una idea que circulaba hace tiempo: convivir con un perro desde el embarazo o los primeros meses de vida podría tener, además de compañía, un aporte medible a la salud de los más chicos.

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