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Bienestar

Cenar en familia genera una menor probabilidad de que los adolescentes sufran depresión, ansiedad o estrés

Las vacaciones son una buena excusa para poder reforzar la idea de comer todos juntos dejando de lado la falta de tiempo o los diferentes horarios laborales o escolares.

 

Las cenas en familia a veces no son tan habituales en muchos hogares debido a los compromisos de trabajo o de la escuela. En medio de la reunión, a veces aparecen mensajes de WhatsApp para contestar o el programa televisivo del momento. Sin embargo, en contrapartida a las miles de excusas para no comer en familia, se destacan los múltiples beneficios que aporta este acto social.

Las comidas en familia se suelen relacionar con una alimentación más saludable, especialmente, cuando se preparan con productos saludables relacionados a la dieta mediterránea como aceite de oliva, frutas y verduras o pescado y se prescinde de los ultraprocesados, mientras que la nutrición es también un acto social, cuyos beneficios a largo plazo abarcan diversas etapas de la vida.

Las cenas en familia favorecen la comunicación. (Foto: Adobe Stock)
Las cenas en familia favorecen la comunicación. (Foto: Adobe Stock)

Numerosos estudios demuestran que comer o cenar en familia proporciona a los niños y adolescentes un apoyo fundamental para su salud mental y, si bien puede resultar más complicado un almuerzo familiar, está la cena para fortalecer los vínculos. Muchos padres y madres comentan que sus hijos se muestran especialmente comunicativos durante la comida de la noche al considerar que es un momento en el que se refuerzan los vínculos.

Dos efectos de las cenas en familia

Los efectos más inmediatos de las comidas en familia se resumen en dos, según una revisión sistemática publicada en la revista Journal of Nutrition Education and Behavior:

  • aumenta el consumo de frutas y verduras
  • mejora el funcionamiento familiar.

Casi todos los estudios incluidos en la revisión demostraron una relación positiva entre la frecuencia de las comidas familiares y los diversos factores que determinan un buen funcionamiento familiar: conexión, comunicación y resolución de problemas.

Para tener una buena cena, se debe evitar el uso de celulares en la mesa. (Foto: Adobe Stock)
Para tener una buena cena, se debe evitar el uso de celulares en la mesa. (Foto: Adobe Stock)

En tanto, la investigación sobre los beneficios para la salud mental de alimentarse en familia es abundante y un estudio español publicado en Clinical Nutrition en 2023 revela que una mayor frecuencia de comidas en familia y de alimentación social se relaciona con una menor probabilidad de que los adolescentes sufran depresión, ansiedad o estrés.

Los investigadores resaltan que es importante distinguir entre dos conceptos que son similares, pero difieren en matices clave: las comidas familiares y la conducta alimentaria social. Las primeras no siempre se realizan de forma voluntaria y pueden verse influenciadas por las normas sociales impuestas en el hogar. Así, los adolescentes pueden sentirse obligados a comer con sus padres y hermanos, lo que puede influir en su relación con ellos durante la cena o almuerzo. En cambio, la conducta alimentaria social hace referencia al disfrute o la sensación de comer en compañía y abarca tanto a los familiares como a los amigos.

Beneficios de una cena familiar

Uno de los beneficios que se destaca es el que constató el Centro Nacional sobre Adicciones y Abuso de Sustancias (CASA) de la Universidad de Columbia (Estados Unidos): la frecuencia con la que los niños y adolescentes cenan con sus padres y madres está estrechamente vinculada con la probabilidad de que fumen, beban alcohol o consumen drogas ilegales.

El estudio comparó a los adolescentes que cenaban con sus familias 5 o 7 veces por semana con aquellos que lo hacían 2 veces o menos. Quienes comían en familia con más frecuencia tenían cuatro veces menos probabilidades de fumar, 2,5 veces menos posibilidades de consumir cannabis y la mitad de probabilidades de beber alcohol.

También hay estudios que corroboran una tendencia a la baja en los trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia, principalmente) en aquellos niños y adolescentes que comen o cenan en familia. La razón hay que buscarla en la comunicación que se establece entre padres e hijos, mientras que puede influir la promoción de buenos hábitos alimenticios (cuánto, cómo y qué se come al mediodía o por la noche) cuando un menor come en presencia de sus progenitores, algo que es igualmente beneficioso frente a este tipo de patologías.

Además, los padres también pueden beneficiarse de las comidas familiares, ya que, aunque la mayoría de las investigaciones se centran en la prevención de la depresión, la ansiedad y la salud mental de los hijos, hay trabajos que estudiaron a los progenitores. Uno de ellos es un estudio publicado en 2018 en Preventive Medicine que constató que aquellos padres y madres que realizaban más comidas en familia tendían a consumir más frutas y verduras y mostraban un mayor bienestar social y emocional.

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