El innovador proyecto utiliza microorganismos capaces de degradar uno de los materiales más difíciles de reciclar y convertirlo en un recurso con potencial para nuevas aplicaciones sostenibles.
La contaminación por poliestireno expandido, conocido popularmente como telgopor o espuma de poliestireno, es uno de los grandes desafíos ambientales del mundo. Este material está presente en envases, vasos descartables, bandejas de alimentos y embalajes de electrodomésticos, pero resulta muy difícil de reciclar.
Frente a este problema, una estudiante de apenas 13 años desarrolló junto a su equipo una innovadora máquina capaz de utilizar bacterias para degradar este residuo y convertirlo en bioplástico biodegradable y energía.
Según informó Fast Company, Emily Miner integró el equipo Nano Nerds de Folsom, California, que decidió buscar una solución para uno de los materiales que más terminan acumulándose en vertederos, ríos y océanos. El proyecto llamó la atención de especialistas y logró llegar a las semifinales del Premio Global de Innovación de la First Lego League, una de las competencias estudiantiles de ciencia e ingeniería más importantes del mundo.
El telgopor se convirtió en uno de los residuos más difíciles de reciclar
El poliestireno expandido está compuesto aproximadamente por un 95% de aire y apenas un 5% de plástico. Esa característica lo convierte en un excelente aislante térmico y protector contra golpes, motivo por el cual se utiliza masivamente en todo tipo de productos.
Sin embargo, esa misma composición también dificulta su reciclaje. El material requiere procesos costosos de compactación, transporte y tratamiento, por lo que en muchos casos resulta más barato descartarlo que recuperarlo.

Como consecuencia, menos del 1% del poliestireno expandido se recicla actualmente en Estados Unidos. El resto termina acumulándose en basurales o dispersándose en el ambiente, donde puede permanecer durante cientos de años.
Una bacteria capaz de alimentarse de poliestireno
La solución desarrollada por los estudiantes surgió después de revisar numerosos estudios científicos. Durante la investigación encontraron a Pseudomonas putida, una bacteria conocida por su capacidad para metabolizar estireno, el compuesto químico que constituye la base del poliestireno.
A partir de ese hallazgo, comenzaron a trabajar en un sistema que aprovechara el metabolismo natural de estos microorganismos para degradar el material de manera biológica.
Según los investigadores, la bacteria utiliza el carbono presente en el estireno como fuente de energía y, bajo determinadas condiciones, puede transformarlo en PHA, un bioplástico biodegradable utilizado en diversas aplicaciones industriales.
Cómo funciona el Polystyrenator
El equipo bautizó su invento como Polystyrenator. Se trata de un digestor cerrado diseñado para mantener las condiciones ideales para que las bacterias realicen su trabajo.
El sistema recibe fragmentos triturados de poliestireno expandido y permite que Pseudomonas putida los degrade de forma progresiva. Durante ese proceso se generan dos productos principales:
- Calor producido por la actividad metabólica de las bacterias.
- PHA, un bioplástico biodegradable que puede utilizarse en envases y otros productos.
La propuesta cambia por completo la lógica tradicional del reciclaje. En lugar de considerar al telgopor como un residuo sin valor, busca convertirlo en una materia prima útil para nuevas cadenas productivas.
El bioplástico que podría reemplazar materiales más contaminantes
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la producción de PHA, un material considerado mucho más amigable con el ambiente que muchos plásticos convencionales.
A diferencia del poliestireno expandido, que puede permanecer intacto durante siglos, este bioplástico puede degradarse en períodos mucho más cortos cuando se encuentra en condiciones adecuadas.
Por ese motivo, los especialistas consideran que materiales como el PHA podrían desempeñar un papel importante en el desarrollo de modelos de economía circular, donde los residuos se transforman nuevamente en recursos.
Un proyecto escolar que llegó a una competencia mundial
El Polystyrenator fue presentado en la First Lego League, una competencia internacional que desafía a estudiantes a resolver problemas reales mediante la ciencia y la ingeniería.
Entre miles de equipos participantes de distintos países, los Nano Nerds lograron ubicarse entre los 20 semifinalistas del Premio Global de Innovación, una instancia donde los proyectos son evaluados por expertos en tecnología, ingeniería y sostenibilidad.
Este reconocimiento permitió que la iniciativa trascendiera el ámbito escolar y despertara interés en investigadores y especialistas en gestión de residuos.
El desafío de llevar la idea a escala industrial
Aunque el proyecto demostró que la degradación biológica del poliestireno es posible, todavía existe un obstáculo importante: escalar la tecnología.
Actualmente se producen alrededor de 14 millones de toneladas de espuma de poliestireno por año en todo el mundo, mientras que las soluciones biológicas continúan desarrollándose principalmente en laboratorios y proyectos experimentales.
Los expertos consideran que el próximo paso será demostrar que este tipo de sistemas pueden procesar grandes volúmenes de residuos de manera económicamente viable.
Un ejemplo de cómo la ciencia puede surgir a cualquier edad
Más allá de los resultados técnicos, el proyecto de Emily Miner se convirtió en un ejemplo de cómo los jóvenes pueden participar activamente en la búsqueda de soluciones para problemas ambientales complejos.
La iniciativa logró unir investigación científica, microbiología, sostenibilidad e innovación tecnológica en una propuesta concreta que busca atacar uno de los residuos más problemáticos del planeta.
Aunque todavía queda camino por recorrer para implementar esta tecnología a gran escala, el trabajo de los Nano Nerds demuestra que incluso una idea nacida en un equipo escolar puede abrir nuevas posibilidades para el futuro del reciclaje.



















































