Una profesional recomendó modificar un hábito que todos tenemos y del que pocos conocen sus riesgos a la hora de cocinar.
Una fuerte controversia se instaló en las redes sociales a raíz de una publicación que cuestiona de forma directa el consumo de ciertos ingredientes habituales en la mesa de los argentinos. La nutricionista Sofía Daniela Pérez encendió el debate al afirmar de modo categórico que el componente más nocivo a la hora de cocinar no se encuentra en las harinas ni en los azúcares procesados, a menudo apuntados como peligrosos.
Según la especialista, de hecho, el verdadero riesgo proviene de un insumo que originalmente poseía aplicaciones dentro del ámbito fabril, como un solvente industrial: su análisis apunta hacia los aceites vegetales refinados, a los que señala como agentes promotores de múltiples patologías severas. El posteo con video incluido fue realizado en la plataforma Facebook, donde rápidamente superó los 25.000 likes de los usuarios.
En su argumentación, la experta advirtió que el producto alimentario “está oculto en panes, snacks, galletitas y productos que dicen ser saludables”. Al mismo tiempo, la profesional de la salud remarcó que los remanentes de las sustancias químicas generan daños severos a nivel sistémico, que incluso no se perciben de manera inmediata por aquel que las ingiere.
Cuáles son los principales peligros al usar aceites vegetales refinados
“Provoca inflamación crónica, afecta tus hormonas y está detrás de muchas enfermedades modernas”, resaltó en la publicación. Durante la etapa de extracción del óleo, las grandes plantas de refinamiento suelen utilizar hexano, un hidrocarburo que actúa como solvente para maximizar el rendimiento de la materia prima.
Aunque posteriormente se somete a procesos de destilación y desodorización para eliminar los residuos, la sospecha sobre las trazas genera bastante desconfianza en el ámbito de la nutrición. La metodología de producción masiva, eso sí, difiere notablemente de la presión mecánica en frío. La crítica central contra los aceites refinados, desde la biología, radica en su desbalanceado perfil lipídico.
A su vez, cuentan con una alta concentración de ácidos grasos omega seis. El consumo excesivo de ácido linoleico, sumado a la baja ingesta de omega tres, rompe el equilibrio homeostático del cuerpo humano y propicia un terreno para que se puedan producir inflamaciones más que indeseables.
Ese proceso sostenido a lo largo del tiempo, aunque parezca inofensivo más allá del dolor, deteriora las membranas celulares y muchas veces es vinculado con la resistencia a la insulina, así como también a las enfermedades cardiovasculares. La especialista, además, puso el foco en la lenta depuración de estos compuestos en el cuerpo.
Qué se recomienda como alternativas a los aceites refinados
Con respecto al impacto metabólico, Pérez aseguró que podemos tardar hasta “dos años en eliminarlo” por completo del tejido adiposo. Para mitigar los efectos y resguardar el bienestar orgánico general, sugirió realizar una transición profunda hacia fuentes tradicionales de lípidos saturados y monoinsaturados. Su propuesta concreta consiste en reincorporar grasas reales que no hayan pasado por tratamientos térmicos.
Así, entre las opciones recomendadas para la cocción diaria destacó la manteca ghee, la grasa vacuna y también la de cerdo. Si bien las guías alimentarias mantuvieron durante décadas el aval hacia los aceites de semillas por su bajo contenido de grasas saturadas, todo parece indicar que la evidencia actual comenzó a revisar esos paradigmas y a resignificarlos.
El furor generado mediante las redes sociales demuestra una creciente demanda por comprender el origen real de los productos cotidianos y llevar a cabo un cambio hacia alimentos más naturales, que no afecten demasiado y permitan disfrutar sin culpa. La discusión sobre los límites en la preparación de los alimentos parece estar más vigente que nunca.




















































