Distintos sectores vienen denunciando que el gobierno de Leandro Zdero mantiene una relación cada vez más tensa con periodistas, medios y voces críticas que cuestionan decisiones de gestión, políticas públicas o el manejo de distintas áreas del Estado.
Porque una democracia no se mide solamente por los discursos oficiales sobre libertad.
Se mide por cómo reacciona el poder frente a las críticas.
Y cuando periodistas son perseguidos, cuestionados públicamente, hostigados o señalados por pensar distinto, la discusión deja de ser política y empieza a transformarse en un problema institucional.
A eso se suma otro debate que vuelve una y otra vez:
el uso de la pauta oficial.
La pauta estatal debería ser una herramienta de comunicación pública transparente, destinada a informar a la sociedad sobre políticas, servicios y acciones de gobierno.
Pero históricamente en la Argentina —y el Chaco no es la excepción— muchas veces se cuestiona cuando esos recursos terminan utilizándose de manera discrecional para premiar medios alineados políticamente o castigar económicamente a quienes mantienen líneas editoriales críticas.
Y ahí aparece uno de los puntos más sensibles:
la transparencia.
Porque cuando no existen criterios claros, públicos y objetivos vinculados al alcance, audiencia o necesidad comunicacional real, inevitablemente crecen las sospechas de favoritismos políticos y utilización partidaria de recursos que pertenecen a toda la sociedad.
Muchos periodistas y trabajadores de prensa sostienen que el miedo a perder pauta oficial termina condicionando la libertad editorial de numerosos medios, especialmente en provincias donde la dependencia económica del Estado es muy fuerte.
Y eso genera un problema serio para cualquier democracia:
el riesgo de que el periodismo deje de controlar al poder por temor a represalias económicas o políticas.
La crítica, la investigación y las preguntas incómodas forman parte esencial de cualquier sistema democrático sano.
No deberían transformarse en motivo de persecución, censura indirecta ni disciplinamiento.
Porque un gobierno verdaderamente democrático no necesita silenciar voces críticas.
Necesita responderlas con gestión, transparencia y hechos concretos.
La libertad de expresión no consiste solamente en permitir que alguien hable.
Consiste también en garantizar que nadie sea castigado por opinar, investigar o cuestionar al poder de turno.
RADIO CLAN FM


















































