Hay momentos en la política que merecen un monumento, no por su grandeza, sino por su capacidad de dejarnos a todos rascándonos la cabeza mientras intentamos descifrar si lo que estamos viendo es una gestión pública o un sketch rechazado de The Office. El reciente episodio del gobernador Leandro Zdero en El Impenetrable es, sin duda, uno de esos hitos.
Contextualicemos: el Impenetrable es una zona donde la naturaleza no pide permiso. Cuando llueve, el suelo se convierte en una sopa de barro que traga sueños, caminos y esperanzas. La gente pierde lo poco que tiene, el agua sube, y el aislamiento se vuelve la única certeza. Ante este panorama apocalíptico, uno esperaría un despliegue de logística digno de una película de rescate: lanchas, helicópteros cargados de víveres, bombas de extracción, quizás un plan maestro de infraestructura.
Pero no. Zdero llegó con la solución definitiva, el “Game Changer” de las catástrofes naturales: unas botas de goma.
Imaginen la escena. Una familia que lleva tres días durmiendo sobre el techo de su rancho, rodeada de mosquitos del tamaño de un dron y viendo cómo sus gallinas aprenden natación sincronizada a la fuerza, ve aparecer la comitiva oficial. Se ilusionan. “¿Será comida?”, preguntan. “¿Serán medicamentos? ¿Será un terraplén?”. No, señores. Es el Gobernador con un calzado que parece sacado de una oferta de “Vuelta al Cole” en una ferretería de Resistencia.

Llevar unas botas a una inundación de magnitud es como intentar apagar el incendio del Amazonas con una pistolita de agua de juguete. Es casi poético en su inutilidad. Es como decirle a alguien que se está hundiendo en arenas movedizas: “Che, tené cuidado que se te van a ensuciar las medias, te traje estas ojotas”.
Lo más fascinante de este despliegue de “solidaridad de hule” es el tono casi heroico que se le intenta dar a la entrega. Entregar un par de botas en el Impenetrable inundado no es ayuda humanitaria; es, en el mejor de los casos, un accesorio de moda para naufragar con dignidad. Es una burla que roza lo surrealista. Si la situación no fuera tan desesperante para los chaqueños que están con el agua al cuello, sería para alquilar balcones y reírse de la audacia.
La próxima vez, quizás el equipo de marketing de la gobernación podría innovar un poco más. Si van a ir a una zona sin agua potable, que lleven un vasito de plástico (sin agua, claro). Si van a un paraje sin luz, que entreguen una pila AA. Hay que mantener la coherencia en esto de ofrecer soluciones que no solucionan nada.
En fin, mientras el Impenetrable sigue esperando obras reales, asistencia alimentaria y un plan de contingencia serio, al menos podrán consolarse pensando que, si tienen que salir nadando de sus casas, podrán hacerlo con el calzado oficial. Porque en la política de hoy, no importa si te ahogás, lo importante es que no se te mojen los pies mientras lo hacés. ¡Gracias por las botas, Gober! Ahora, si no es mucha molestia, ¿tendrá un bote a mano para que podamos usarlas?
RADIO CLAN FM














































