El diputado Nicolás Slimel puso en agenda una advertencia que empieza a tomar fuerza en la ciudad: el sistema de transporte público podría entrar en una crisis profunda en el corto plazo si no hay una respuesta concreta.
Según planteó, el deterioro no es reciente ni circunstancial: responde a un proceso que se viene profundizando en los últimos dos años dentro del sistema de transporte metropolitano y que ahora comienza a explotar, dejando en evidencia las falencias acumuladas.
La posible salida de una empresa del sistema en las próximas semanas no sería un hecho aislado: implicaría dejar sin servicio a varias de las principales líneas, generando un vacío inmediato en la cobertura del transporte urbano.

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Ese escenario abriría una crisis estructural del sistema público, con impacto directo en miles de vecinos que dependen del colectivo para trabajar, estudiar o realizar actividades cotidianas. Menos unidades, mayores demoras y recorridos interrumpidos serían parte de una postal que ya empieza a anticiparse.
Slimel plantea que no se trata de una posibilidad lejana, sino de una cuenta regresiva: los próximos 30 días serán determinantes para evitar el colapso.
El dato político es central. Hoy, ni el gobierno provincial ni el municipal encuentran soluciones concretas frente a este escenario. Sin una intervención urgente, la advertencia dejará de ser preventiva para convertirse en una crisis abierta que afectará de lleno a la ciudad.
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