No sé cómo llamar a este muchacho. Su mayor mérito como ministro de Desarrollo Humano es armar gazebos y humillar a la gente por una caja Ñachec.
La hago corta: sólo en diciembre Zdero echó a mil trabajadores (en lo que va de la gestión suman fácilmente cinco mil), y para colmo vino el ministro Santilli y le ordenó seguir hasta que no quede ninguno. ¿Qué hizo el peronismo? Presentó un proyecto de ley para que pare la mano.
El proyecto es simple: todos esos despidos se hicieron arbitrariamente, sin causa justa, por Whatsapp o en los pasillos. Lo que propone es una emergencia laboral: dejar de echar gente por dos años, salvo que haya fundamentos legales para hacerlo (faltas administrativas, sumarios, etc). ¿Por qué? Porque los trabajadores brindan servicios esenciales; sin ellos, no hay Estado.
Y no me refiero a los ñoquis que los “austeros” metieron en todas las dependencias ni a los “planeros VIP” que se llevan cientos de millones por mes por decir que estamos en Disney. Hablo de sostener la seguridad (echó a cientos de trabajadores de la policía y del servicio penitenciario), la salud (echó a decenas de profesionales) y la educación (las escuelas se caen a pedazos por falta de mantenimiento).
Zdero, muy hábil para esconderse, mandó a un sicario a atacar a quienes lo llaman a la reflexión. Y el sicario, después de repetir la muletilla de la “pesada herencia”, no tuvo mejor idea que decir que el proyecto “no tiene sustento técnico”. O sea: que no hay plata para bancarlo. ¿Perdón?
Nadie le está pidiendo a Zdero que gaste más plata. Se le pide que cumpla con su propio Presupuesto, y con la ley.
Según este aprendiz de hechicero libertario, el Pibe de Oro va por el buen camino y el ‘modelo Milei’ apunta a la eficiencia. Tal vez tuvo una sobredosis de Julio Wajcman, no sé, pero qué se puede esperar de un tipo que en el medio de una inundación se pone a repartir paraguas.
Cristian Muriel











































