En el complejo ecosistema político de la provincia del Chaco, las fronteras entre lo público, lo privado y lo estratégico suelen desdibujarse con una frecuencia que desafía el análisis convencional. Los recientes movimientos en el entorno del Dr. Carim Peche, una figura de peso innegable dentro de la estructura de la Unión Cívica Radical (UCR) y la coalición gobernante, han encendido las alarmas y las mesas de debate en los principales despachos de Resistencia y Sáenz Peña.
Lo que en apariencia podría leerse como una crónica de la vida privada —la oficialización de la relación sentimental entre Marcos Resico y Zaira Peche, sellada con un reciente viaje a las playas de México—, esconde, para los observadores más agudos, una profunda reconfiguración de lealtades que podría tener repercusiones directas en la gobernabilidad y el equilibrio de fuerzas que sostiene al actual mandatario, Leandro Zdero.
El Factor Marcos Resico: De Operador a Pieza Central
Marcos Resico no es un nombre más en el organigrama provincial. Identificado históricamente como un hombre de estrecha confianza y, en ciertos círculos, calificado como un ejecutor táctico de las directivas de Carim Peche, su ascenso y consolidación dentro del esquema de poder han sido seguidos de cerca.
La formalización de su vínculo con la hija del caudillo saenzpeñense no solo representa una unión familiar, sino que sella una alianza de “sangre y política”. En el lenguaje del poder, este tipo de movimientos consolida bloques monolíticos que suelen actuar con agenda propia. La pregunta que circula en los pasillos de la Casa de Gobierno es si esta “nueva pareja oficial” responde exclusivamente a una voluntad personal o si es la culminación de un diseño estratégico de Peche para blindar su influencia sobre las decisiones del Ejecutivo.

¿Un Desafío a la Autoridad de Leandro Zdero?
Leandro Zdero asumió la gobernación con el desafío de liderar una coalición diversa, donde la unidad es el activo más preciado pero también el más frágil. La percepción de un “microestado” o un “círculo de hierro” formado por la familia Peche y sus allegados directos —con Resico como figura operativa— plantea un interrogante ético y político: ¿Hasta qué punto esta consolidación beneficia la gestión provincial y en qué punto comienza a erosionar la autoridad del Gobernador?
El término “títere”, aunque cargado de una connotación peyorativa en la jerga política, refleja un temor real entre ciertos sectores del oficialismo: que las terminales de decisión de funcionarios clave no se encuentren en el despacho del Gobernador, sino en las oficinas particulares de sus aliados más poderosos. Si la lealtad de Resico está anclada primero en su vínculo familiar con Peche y luego en su responsabilidad institucional, Zdero podría encontrarse ante un escenario de lealtades divididas.
México: El Escenario de una Distensión Estratégica
La reciente “luna de miel” en México ha sido el detonante visual de esta situación. En política, los gestos y los tiempos son mensajes. La exhibición de una estabilidad personal y un alto perfil por parte de los protagonistas, mientras la provincia atraviesa desafíos estructurales, puede interpretarse como una muestra de seguridad y autonomía.
Para algunos analistas, este viaje es la confirmación de que el grupo liderado por Carim Peche se siente lo suficientemente sólido como para proyectar su propia imagen, independientemente de la narrativa oficial de austeridad o de la agenda que intente imponer el Ejecutivo.
El Dilema de la Coalición
La política chaqueña se encuentra en una encrucijada de interpretaciones. Por un lado, la consolidación de equipos de confianza es necesaria para cualquier gestión. Por otro, cuando esos equipos responden a intereses de clanes familiares con ambiciones propias, el riesgo de fragmentación es latente.
¿Está Leandro Zdero siendo “traicionado” o relegado por sus propios aliados? Es prematuro para una afirmación de tal magnitud, pero es evidente que la autonomía con la que se mueve el eje Peche-Resico obliga al Gobernador a recalibrar su esquema de mandos. En el ajedrez político, cada pieza que se mueve por fuera del tablero principal genera un vacío que alguien más intentará llenar.
La oficialización de esta relación no es solo un evento social; es un recordatorio de que en el Chaco, el poder se construye tanto en las urnas como en los lazos de familia, y que la verdadera batalla por la influencia apenas está comenzando. La gestión de Zdero dependerá, en gran medida, de su capacidad para evitar que los “hombres de confianza” de otros se conviertan en los dueños de su propia agenda de gobierno.
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