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CORRUPCION

¡Escándalo en Quitilipi! El intendente Lovey se compro una 4×4 mientras la ciudad no tiene agua potable

 

En un acto de total desconexión con las necesidades urgentes de la población, el intendente de Quitilipi, Ariel “Quitito” Lovey, ha generado un escándalo por la adquisición de una camioneta Toyota Hilux 0KM, cuyo valor de mercado ronda entre los 40 y 85 millones de pesos, mientras que los vecinos de su ciudad luchan a diario con la falta de acceso a agua potable. Mientras la comunidad pide soluciones a los problemas más básicos, el jefe comunal parece más preocupado por su nuevo vehículo de lujo que por garantizar los servicios esenciales para sus ciudadanos.

Una ciudad sedienta y un intendente con nuevas prioridades

La situación en Quitilipi es alarmante. Los reclamos por la falta de agua potable se multiplican, con familias que no tienen garantizada el acceso a este recurso vital. Mientras tanto, el intendente Lovey parece haber colocado sus propias prioridades por encima de las necesidades urgentes de la población. En lugar de atender a los problemas más graves que afectan a la comunidad, como la provisión de agua, decide derrochar recursos en una compra millonaria que deja en evidencia la desconexión entre el gobierno local y la realidad de los ciudadanos.

No es un secreto que el agua potable es un problema crónico en muchas localidades del país, pero en Quitilipi, la inacción de Lovey frente a esta crisis ha generado un clima de descontento generalizado. La falta de agua afecta tanto a las viviendas como a la salud de los vecinos, quienes deben recurrir a fuentes no confiables para cubrir una necesidad básica. A pesar de esta situación, el intendente parece haber encontrado tiempo y recursos para realizar una compra que claramente está fuera de lugar en medio de un contexto de emergencia social.

¿Gestión pública o caprichos personales?

El enojo de la ciudadanía es comprensible. Mientras la comunidad atraviesa una crisis de provisión de agua potable, el comportamiento de Lovey ha generado indignación y desconfianza. Es evidente que el dinero de los contribuyentes podría haberse destinado a resolver el problema de agua, pero el intendente, lejos de mostrar empatía por la situación, parece estar más enfocado en satisfacer sus caprichos personales.

Esta compra, que refleja un derroche ostentoso, no solo pone en evidencia una grave falta de prioridades, sino que también es un reflejo del desdén que muchos funcionarios tienen por las necesidades reales de la gente. ¿Cómo justificar la adquisición de una camioneta de lujo de entre 40 y 85 millones de pesos mientras los vecinos carecen de un servicio básico como el agua potable?

El colapso de la gestión de Lovey

Lo más alarmante de este escenario es que la falta de agua potable no es un problema reciente, sino que ha sido una preocupación de larga data. Sin embargo, la gestión de Lovey ha brillado por su falta de soluciones, mientras la ciudad sigue sumida en la desidia y el abandono. A este desinterés por las necesidades básicas de la población se le suma la falta de transparencia en la gestión de los recursos, lo que agrava aún más el malestar generalizado.

La ciudadanía de Quitilipi tiene derecho a preguntarse: ¿Dónde están los recursos destinados a mejorar la infraestructura de la ciudad? ¿Por qué no se destinan fondos a resolver la crisis del agua potable? La compra de una camioneta de lujo en este contexto no solo es un golpe a la moral de los vecinos, sino que también pone en duda la honestidad y la seriedad de la administración local.

Una clase política desconectada de la gente

Este tipo de actitudes refleja la desconexión que muchos políticos tienen con la realidad de sus comunidades. El gobierno municipal de Quitilipi parece haber perdido el rumbo, priorizando intereses personales y vanidades políticas por encima del bienestar de los habitantes que los eligieron. Los ciudadanos ya no pueden seguir tolerando esta falta de respeto y la indiferencia de los funcionarios públicos ante los problemas que realmente importan.

Los vecinos de Quitilipi no piden lujos ni ostentaciones. Solo exigen lo que les corresponde como ciudadanos: agua potable, servicios básicos y una gestión pública eficiente que responda a las verdaderas necesidades de la comunidad.

Conclusión: Una gestión que debe dar explicaciones

Ariel “Quitito” Lovey debe dar explicaciones inmediatas sobre su adquisición de la Toyota Hilux en medio de una crisis de agua potable que afecta a su comunidad. Este tipo de decisiones solo profundiza la crisis de confianza entre los ciudadanos y sus representantes. El intendente debe asumir sus responsabilidades y demostrar que está dispuesto a priorizar el bienestar de los habitantes de Quitilipi por encima de sus propios intereses. Los vecinos de la ciudad merecen respuestas y soluciones reales, no más ostentación y despilfarro mientras luchan por algo tan básico como el acceso al agua potable.

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