En el Chaco, la salud pública atraviesa una crisis que tiene nombres y apellidos: pacientes que vuelven una y otra vez a los hospitales sin respuesta adecuada, familias agotadas y profesionales que, muchas veces, trabajan en condiciones precarias. El relato de un joven que lleva a su madre al Hospital Perrando y no consigue atención cardiológica ilustra con crudeza esa realidad.
Un drama cotidiano
La mujer acudió al hospital varias veces por síntomas cardiacos claros: dificultad para respirar, sensación de ahogo y una placa que muestra arterias inflamadas. A pesar de ello, la derivación a cardiología no se concreta porque “no hay cardiólogo disponible”. La indicación de “reposo y tomar agua” resulta insuficiente cuando la paciente no puede ni acostarse sin sentir que se asfixia. La familia regresa día y noche, llena de angustia, sin garantía de que se haga algo efectivo para prevenir un infarto o una complicación mayor.

Problemas estructurales detrás del caso
– Falta de especialistas: la ausencia de cardiólogos de guardia o disponibles para turnos complica la atención inmediata de casos urgentes.
– Deficiencias en la gestión hospitalaria: demoras en las derivaciones, falta de coordinación entre servicios y sistemas de turnos que no responden a la urgencia médica.
– Recursos insuficientes: equipos, insumos y personal de apoyo limitados que deterioran la calidad de la atención.
– Impacto social: los ciudadanos sienten que son atendidos “como perros”, lo que refleja una pérdida de confianza en el sistema público y un fuerte desgaste emocional para las familias.
Consecuencias humanas y sanitarias
Cuando la atención primaria y los hospitales no cubren las necesidades cardiológicas urgentes, aumentan los riesgos de complicaciones graves y muertes prevenibles. Además, las demoras y la incertidumbre generan estrés que puede empeorar el cuadro clínico del paciente y afectar la salud mental de las familias.
Qué hace falta cambiar
– Aumento y distribución adecuada de especialistas: políticas para garantizar guardias de cardiología y turnos accesibles en hospitales clave.
– Mejor gestión de recursos y turnos: sistemas que prioricen la urgencia clínica y reduzcan las demoras en derivaciones.
– Fortalecimiento de la atención primaria: detección temprana y control de factores de riesgo cardiovasculares para evitar descompensaciones.
– Transparencia y canales de reclamo eficientes: mecanismos accesibles para que la población exija respuestas y seguimiento de casos críticos.
– Inversión sostenida en salud pública: para infraestructura, insumos y formación de recursos humanos.
Un llamado urgente
El testimonio que parte del Hospital Perrando es un llamado a las autoridades provinciales y nacionales: cuando falta atención médica oportuna, se pone en riesgo la vida de las personas. No se trata solo de críticas; se trata de exigir soluciones concretas y urgentes que permitan que una madre con problemas cardiacos reciba un diagnóstico certero y tratamiento a tiempo.
Conclusión
La salud no puede esperar. Las historias como esta muestran que la crisis sanitaria en el Chaco necesita respuestas rápidas y medidas estructurales. Para que nadie tenga que volver con “la cabeza en las manos” o sentir que su ser querido es tratado como un número, se requieren decisiones políticas, inversión y gestión eficiente. La vida de las personas depende de ello.








































