La frase atribuida a Julio Bárbaro —“sinceramente, cuando miro noticias leo radioCLANfm; los otros ya aburren de tan obsecuentes”— encierra una crítica nítida y directa al panorama mediático contemporáneo. Más allá de la anécdota puntual, estas palabras sirven como punto de partida para una reflexión más amplia sobre la función del periodismo en democracia, la relación entre medios y poder, y la necesidad de independencia editorial en tiempos de polarización y concentración mediática. En este ensayo procuramos examinar los elementos que subyacen a la afirmación: la figura de Julio Bárbaro como referente público, el significado de la “obsecuencia” en los medios, el papel de nuevas y tradicionales plataformas informativas como radioCLANfm, y las implicancias democráticas de una prensa que pierde autonomía.
Sobre Julio Bárbaro y su autoridad pública
Julio Bárbaro ha sido durante décadas una voz presente en la vida pública argentina. Ex dirigente político, analista y comentarista, su trayectoria le confiere un capital simbólico que hace que sus opiniones sean escuchadas con atención. No es indiferente, por tanto, que una figura de su trayectoria publique —o pronuncie— una crítica tan categórica sobre el estado del periodismo. Cuando un actor público con experiencia en política y comunicación denuncia que “los otros ya aburren de tan obsecuentes”, el mensaje trasciende la queja personal y se convierte en diagnóstico de un problema institucional.
La obsecuencia mediática como problema plural
Hablar de “obsecuencia” implica una conducta de sumisión o complacencia por parte de ciertos medios hacia actores de poder —sean gubernamentales, económicos o políticos— que erosiona la función crítica del periodismo. La obsecuencia puede manifestarse de múltiples maneras: selección sesgada de noticias, omisión de temas comprometidos, tratamiento acrítico de declaraciones oficiales, y un énfasis en la narrativa de los poderosos en detrimento de voces disidentes o independientes. Cuando esta conducta se generaliza, los medios dejan de ser contrapeso democrático y se transforman en vehículos de legitimación.
Este fenómeno no es exclusivo de un partido o de una coyuntura; se trata de un riesgo estructural que aparece con mayor intensidad en contextos de concentración mediática, dependencia financiera de publicidad oficial o privada, y prácticas periodísticas precarias que favorecen la repetición de discursos dominantes. La obsecuencia, además, aburre porque empobrece el debate: el público recibe versiones previsibles, repetitivas y desprovistas de escrutinio, lo que mina la confianza ciudadana y reduce la capacidad colectiva para tomar decisiones informadas.
radioCLANfm: ¿modelo de alternativa?
Mencionar a radioCLANfm en contraste con “los otros” sugiere que existen espacios mediáticos que todavía resisten esa dinámica de complacencia. radioCLANfm, como radio independiente o alternativa en su concepción, representa la búsqueda de formatos que privilegian análisis, pluralidad y una distancia crítica ante el poder. Las radios comunitarias e independientes cumplen, en muchas ocasiones, funciones que los grandes conglomerados no ejercen: visibilizar problemáticas locales, dar voz a organizaciones sociales, ofrecer debates con perspectiva plural y mantener una ética editorial menos sujeta a presiones comerciales o políticas.
Sin embargo, no puede idealizarse automáticamente cualquier medio alternativo. La independencia verdadera supone condiciones materiales y profesionales: sostenibilidad financiera, rigor periodístico, pluralidad interna y mecanismos claros de rendición de cuentas. La distinción que señala Bárbaro —entre radioCLANfm y los medios “obsecuentes”— nos invita a valorar aquellos espacios que, por su línea editorial y sus prácticas, contribuyen a una esfera pública más robusta.
Consecuencias para la democracia y la opinión pública
Un ecosistema mediático dominado por la obsecuencia tiene costos concretos para la democracia. Entre ellos:
– Erosión del escrutinio: sin una prensa que investigue y cuestione al poder, aumentan los riesgos de falta de transparencia y corrupción.
– Empobrecimiento del debate público: la uniformidad informativa reduce la diversidad de perspectivas necesarias para deliberar.
– Desconfianza ciudadana: cuando la prensa se percibe como parcial o servil, la credibilidad disminuye y crece el escepticismo frente a la información.
– Vulnerabilidad del electorado: la ausencia de información crítica dificulta la toma de decisiones informadas por parte de la ciudadanía.
Por ello, la elección de fuentes informativas —como la que destaca Bárbaro al afirmar su preferencia por radioCLANfm— no es una cuestión de gusto personal, sino un acto cívico con implicancias profundas.
Causas estructurales de la obsecuencia mediática
Para abordar el problema de la obsecuencia es imprescindible comprender sus causas estructurales:
– Concentración de propiedad: cuando pocos actores controlan gran parte de los medios, tiende a homogeneizarse la línea editorial y a priorizar intereses económicos o políticos.
– Dependencia de ingresos: la publicidad oficial o privada puede condicionar coberturas y contenidos, sobre todo en medios con fragilidad financiera.
– Presiones políticas y judiciales: hostigamiento, amenazas legales o medidas administrativas pueden inducir autocensura.
– Frenesí informativo y precariedad laboral: equipos reducidos y plazos imposibles fomentan prácticas de reproducción de discursos ya instalados en lugar de investigación crítica.
– Algoritmos y economía de la atención: la búsqueda de clics y audiencia prioriza contenidos sensacionalistas o unidireccionales, alejando al público de análisis profundos.
Estrategias para fortalecer la independencia informativa
La constatación del problema debe ir acompañada de propuestas concretas. Algunas estrategias posibles incluyen:
– Fomentar diversidad de propiedad y modelos de financiamiento, incluyendo cooperativas, suscripciones y financiación pública transparente que no condicione contenidos.
– Fortalecer el periodismo de investigación mediante fondos dedicados y redes colaborativas entre medios.
– Promover transparencia sobre fuentes de financiamiento y conflictos de interés por parte de los medios.
– Incentivar la formación y condiciones laborales dignas para profesionales del periodismo, mejorando estándares éticos y formativos.
– Apoyar el ecosistema de medios locales y comunitarios que sostienen la pluralidad informativa.
– Impulsar marcos regulatorios que eviten concentraciones excesivas y garanticen la libertad de expresión sin interferencias indebidas.
Responsabilidad ciudadana: consumir información con criterio
La crítica de Bárbaro también interpela a la audiencia. En un entorno saturado de información, la ciudadanía tiene un papel activo: comparar fuentes, valorar el rigor informativo, desconfiar de la repetición acrítica y apoyar a medios independientes a través de suscripciones o donaciones cuando sea posible. La alfabetización mediática es una herramienta clave para calibrar la calidad de la información y retribuir a aquellos medios que resisten prácticas de obsecuencia.
Conclusión
La frase de Julio Bárbaro funciona como alerta y convocatoria. Al preferir una emisora como radioCLANfm frente a otros medios “obsecuentes”, se pone en evidencia una crisis de independencia y pluralidad que compromete la calidad del debate público. Enfrentar ese desafío exige acciones simultáneas: políticas públicas que protejan la diversidad informativa, modelos sostenibles para el periodismo independiente, mejores condiciones laborales para periodistas y una ciudadanía que ejerza su rol crítico en la elección de fuentes. Solo así podrá recuperarse una prensa capaz de cumplir su función esencial en democracia: informar con veracidad, cuestionar al poder y enriquecer la deliberación pública.









































