Un equipo de la Mayo Clinic logró activar células de defensa en el 98,9 % de los participantes, aunque aún debe probar que puede reducir las recaídas. Los detalles publicado en Nature Medicine
Una vacuna experimental contra el cáncer de páncreas logró activar una respuesta del sistema inmunitario en el 98,9 % de los pacientes evaluados, según un ensayo clínico de fase 2 publicado en Nature Medicine. El estudio todavía no demostró de forma concluyente que el tratamiento evite las recaídas en todos los casos, pero detectó señales favorables en grupos específicos de pacientes.
La vacuna se llama camupepimut y fue probada en 144 personas que habían recibido cirugía y quimioterapia por adenocarcinoma ductal de páncreas, la forma más frecuente de este cáncer. Al iniciar el ensayo, ninguno tenía signos visibles de enfermedad en los estudios por imágenes.
El cáncer de páncreas es uno de los tumores más difíciles de tratar. Incluso después de una operación y de la quimioterapia, puede reaparecer. Algunas estimaciones indican que la recaída ocurre en hasta ocho de cada diez pacientes.
Según se detalla en una nota reciente de Infobae, En 2024, el cáncer de páncreas causó más de 530.000 nuevos diagnósticos y cerca de 490.000 muertes en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque ocupa el puesto 12 entre los tumores más frecuentes, es la sexta causa de muerte por cáncer y uno de los de peor pronóstico.
La vacuna busca entrenar a las defensas contra una mutación frecuente
Camupepimut está diseñada para que el sistema inmunitario reconozca alteraciones del gen KRAS, presentes en alrededor del 90 % de los adenocarcinomas de páncreas.

Estas mutaciones ayudan a que las células tumorales sobrevivan y se multipliquen. La vacuna contiene fragmentos que representan siete de las alteraciones más habituales de KRAS y los lleva hasta los ganglios linfáticos, donde el organismo organiza parte de sus defensas.
“Históricamente, el cáncer de páncreas ha sido muy difícil de tratar con inmunoterapia”, señaló Ben George, oncólogo de la Clínica Mayo y primer autor del trabajo. “Logramos generar una fuerte respuesta inmunitaria contra las mutaciones de KRAS en casi todos los pacientes evaluados”.
De los 144 participantes, 96 recibieron la vacuna y 48 integraron el grupo de comparación, que permaneció bajo observación.
Los investigadores midieron el tiempo que pasaba hasta una recaída o la muerte de los pacientes. En el conjunto de los participantes, la diferencia entre los dos grupos no fue suficiente para establecer que la vacuna redujera el riesgo de reaparición del cáncer.

La mediana de tiempo sin enfermedad fue de 23,8 meses en el grupo tratado y de 21,2 meses en el grupo de observación.
Durante los primeros seis meses, cuando los pacientes recibían activamente las dosis, surgió una señal favorable. El 75,7 % de los vacunados seguía sin recaídas, frente al 61,7 % del grupo de observación. Sin embargo, ese dato deberá confirmarse en una investigación más amplia.
La respuesta de las células de defensa fue el dato más sólido
El hallazgo más claro fue la capacidad de la vacuna para activar los linfocitos T, células que pueden identificar y atacar células anormales.
De 90 personas evaluables, 89 desarrollaron una respuesta de linfocitos T contra las mutaciones de KRAS. En más del 80 % de los casos, esa reacción fue al menos nueve veces mayor que antes de la vacunación.
Los pacientes que desarrollaron una respuesta inmunitaria más intensa también tuvieron períodos más largos sin recaídas. Esa relación no prueba por sí sola que la vacuna sea responsable de la mejora, pero respalda la idea de que el sistema inmunitario podría influir en la evolución de la enfermedad.

“Demostramos que es posible enseñar al sistema inmunitario a reconocer estas mutaciones de KRAS”, afirmó George. “El próximo paso es determinar si eso puede cambiar el curso de la enfermedad”.
El ADN tumoral en sangre marcó una diferencia
El estudio identificó un factor asociado a un riesgo mucho mayor de recaída: la presencia de ADN tumoral detectable en sangre antes de comenzar el tratamiento.
Los pacientes con ese marcador tuvieron una mediana de apenas 4,2 meses sin enfermedad, frente a 24 meses entre quienes no lo presentaban. El ADN tumoral circulante funciona como una señal de que podrían quedar rastros microscópicos del cáncer, aunque no aparezcan en las imágenes.
Entre los pacientes sin ADN tumoral detectable, la vacuna mostró resultados más favorables. A los 18 meses, el 70 % de quienes la recibieron seguía sin recaídas o muerte, frente al 56 % de las personas que no fueron vacunadas.
También se observaron mejores resultados en quienes no habían recibido radioterapia antes de participar. Los investigadores creen que ese tratamiento previo puede reducir la cantidad de linfocitos disponibles y, con ello, limitar la respuesta a la vacuna.

Los efectos adversos graves fueron poco frecuentes y aparecieron en proporciones parecidas entre quienes recibieron la vacuna y quienes permanecieron bajo observación.
No hubo muertes atribuidas al tratamiento ni pacientes que tuvieran que abandonarlo por sus efectos. Entre las molestias relacionadas con la aplicación se informaron mareos y síntomas similares a los de una gripe, en general leves.
La investigación fue financiada y patrocinada por Elicio Therapeutics, la empresa que desarrolla camupepimut. Sus autores advierten que el ensayo tuvo un número limitado de participantes y que todavía no hay información suficiente sobre la supervivencia total de los pacientes.
El próximo paso será un ensayo de fase 3, que incorporará el análisis de ADN tumoral en sangre desde el inicio, excluirá a pacientes con radioterapia previa y evaluará dosis de refuerzo. También se estudiará la combinación de la vacuna con otras inmunoterapias.












































