La creciente del río Paraná continúa generando estragos en las áreas ribereñas de la capital de la provincia de Corrientes, alcanzando marcas hidrométricas superiores a los 7,30 metros de altura. En el barrio Anahí, ubicado en el sector norte de la ciudad, cerca de 50 familias se encuentran en una situación crítica debido al desborde del cauce que tapó las viviendas y obligó a evacuaciones de emergencia.
Durante la cobertura en vivo realizada desde el área anegada, el equipo de N9 navegó por las calles convertidas en brazos del río para constatar la magnitud de las pérdidas materiales. En conversación con este medio, Leandro, vecino afectado del sector, expresó su desazón tras sufrir el derrumbe del techo de su casa y afirmó: “Estamos con la moral por el piso y cansados porque estamos todos los días levantando y sacando cosas; esta vez vino más fuerte y vino más rápido”.
A las severas complicaciones estructurales provocadas por el agua se le suma la inseguridad generada por personas que intentan aprovechar el abandono de las fincas inundadas. Para resguardar sus pertenencias, los propios pobladores organizan rondas de vigilancia en las zonas costeras. Ante las cámaras de N9, los vecinos explicaron que “se tiene que hacer guardia entre los grupos vecinales para cuidar las poquitas cosas que tienen y que no se pierdan las heladeras o televisores”.
Para atenuar la crisis social y alimentaria en la franja ribereña, los mismos habitantes del barrio articulan ollas comunitarias y copas de leche para asistir a los niños y adultos autoevacuados. En diálogo con N9, los referentes de las redes solidarias señalaron que “juntamos entre todos los vecinos lo que podemos y a partir de las tres de la tarde arrancamos para poder dar una mano a la gente que atraviesa esta situación”.
El impacto económico es de gran magnitud en el sector, dado que la mayoría de los residentes vive de la fabricación de ladrillos y la pesca artesanal, tareas que permanecen paralizadas desde el inicio de la crecida. En ese marco, los damnificados solicitaron colaboraciones de la comunidad consistentes en agua mineral, alimentos no perecederos, lavandina, chapas, nylon y alimento balanceado para la atención de las mascotas de la zona.
Las autoridades locales y los comités de contención mantienen bajo seguimiento las variaciones del río Paraná mientras continúan habilitando centros asistenciales. Sin embargo, la persistencia del río elevado y la constante amenaza de inestabilidad climática mantienen en alerta máxima a las familias de los barrios costeros, quienes aguardan la estabilización del caudal para iniciar los trabajos de reconstrucción.





















































