Dos especialistas en salud mental juvenil comparten tácticas concretas para que las familias recuperen el control —sin prohibiciones contraproducentes.
Las redes sociales no son intrínsecamente dañinas. Para adolescentes aislados, ofrecen comunidad. Para otros, son herramientas útiles: comunicación con amigos, ayuda con tareas, un espacio para expresarse.
Pero el problema es la dosis. “Pasar horas navegando por las redes sociales puede desplazar actividades importantes como dormir y hacer la tarea, además de exponerlos a contenido más extremo o provocativo que puede generar ansiedad o baja autoestima”, señala Dr. Warren Ng, psiquiatra, New York Presbyterian (Estados Unidos).
La pregunta que muchos padres se hacen es: ¿cómo equilibrar esto? La respuesta no está en prohibir, sino en comunicar.

“Tener un lenguaje común y conversaciones frecuentes y abiertas sobre las redes sociales con los hijos puede ser útil para los padres”, sugiere la Dra. Shannon Bennett, psicóloga clínica, Weill Cornell Medicine (Estados Unidos).
Seis tácticas que funcionan
1. Entender cómo los hijos utilizan las redes
No asumir. Preguntar. Los chicos pueden estar allí por motivos completamente distintos a los que imaginan los padres. “Es importante tener conversaciones abiertas sobre las diferentes aplicaciones y saber cómo las usa cada uno. Ser abiertos, curiosos y comprensivos”, explica el Dr. Ng (Estados Unidos).
2. Usar una metáfora: el auto como ejemplo
El Dr. Ng propone esto: tener un smartphone no es peligroso, como tampoco lo es tener un auto. Pero antes de conducir, es necesario entender las normas de seguridad. Lo mismo con las redes sociales.
Así como existen cinturones, airbags y límites de velocidad, los padres pueden implementar medidas equivalentes: sitios seguros, supervisión parental, límites de tiempo, bloqueo de aplicaciones. “Tener ese marco y esa metáfora para la conversación puede ser de gran ayuda”, señala el Dr. Ng.
3. Crear un plan familiar, no solo reglas infantiles
Aquí viene lo incómodo: los padres constantemente con el teléfono, diciéndole a los hijos que no lo usen. “Los niños pueden recibir mensajes contradictorios”, advierte el Dr. Ng.
La solución es crear un horario común. Teléfonos guardados en la mesa. Horas específicas para redes. Que las reglas sean un diálogo, no un decreto. Animar a los niños a hacer preguntas sobre lo que ven; parte del contenido simplemente no es apropiado.
4. Comprender cómo funcionan los algoritmos
“Las redes sociales son un negocio, y ese negocio quiere mantener a la gente pegada a sus teléfonos el mayor tiempo posible para vender publicidad”, dice el Dr. Ng.
Cuanto más tiempo naveguen, más extremo el contenido. Si alguien ve tristeza y depresión, el algoritmo mostrará más de eso. “La pregunta entonces es: ¿jugar con las redes sociales o dejar que las redes sociales jueguen con uno?”, pregunta el Dr. Ng.
5. Hablar sobre la huella digital
“Creer que se es anónimo puede cambiar la forma de actuar”, advierte la Dra. Bennett. Las fotos que parecen privadas no siempre lo son. Una captura de pantalla dura para siempre.
“Siempre presentarse en línea de la misma manera que se lo haría en persona”, concluye la Dra. Bennett.
6. Reflexionar: ¿cómo se siente después?
Después de soltar el teléfono, es útil preguntarse: ¿me siento ansioso? ¿Más negativo? “Pensar en el teléfono como si fuera un amigo. ¿Esta relación mejora el bienestar o lo empeora?”, sugiere el Dr. Ng.
Existe el poder de elegir. Eso es empoderador.



















































